Fractumbra: Convergencias - Vol. I V

Capítulo 5

Kahel Centinela

En un rincón sin nombre del multiverso, donde las leyes del tiempo eran apenas un susurro olvidado, Kahel observaba. No el Kahel que Ava conocería más adelante. Este era otro. Una derivación consciente, nacida en un universo donde el Patrón jamás había logrado consolidarse del todo. Allí, el caos era natural. El Flujo, primigenio.

Kahel no pertenecía a ninguna línea. Era un centinela. Había despertado siglos antes de que Marcus activara la Fractumbra, guiado por visiones que no podía explicar y memorias que no eran suyas. Algo —alguien— lo había preparado para esto. Luna, quizás. O una versión de ella que había llegado demasiado lejos para regresar.

Desde su torre de vigilancia interdimensional, Kahel observaba los ecos. No como datos, sino como posibilidades. El experimento de Chen, el sacrificio de Marcus, el despertar de Ava... piezas de una sinfonía que apenas comenzaba.

Cuando la primera convergencia ocurrió, lo sintió. Fue una vibración que atravesó la red cuántica de su refugio, una nota sostenida que distorsionaba todas las demás. Marcus se había fundido con el Patrón. Y aunque no era el final, era un punto sin retorno.

—Ahora sí —dijo, sin emoción, sólo certeza—. Se abre la grieta.

Frente a él, una esfera luminosa giró sobre sí misma. No era tecnología. Era intención comprimida. Recuerdos destilados. Un fragmento de sí mismo. Un Kahel en potencia.

Lo programó sin instrucciones. Lo dotó de intuiciones, no de datos. Le dio una sola misión: llegar hasta Ava, cuando el tiempo fracturado lo permita. No para explicarle. No para salvarla. Para mostrarle lo que no debía ignorar.

—No soy el guía. Soy el empujón.

El fragmento tomó forma humanoide, pero no del todo. Un rostro indistinto, una voz apenas estable. Lo llamó simplemente "el desconocido". Sabía que Ava no lo reconocería. Pero también sabía que, cuando lo viera, algo en ella se activaría.

Abrió la grieta. El espacio tembló. Y el centinela fue enviado.

Kahel quedó solo, otra vez. Pero esta vez, no como vigía. Como testigo.

—Te toca a vos, Ava. Que el Patrón no te confunda. Que el Flujo no te consuma.

Y con eso, volvió al silencio. Porque los centinelas no cambian la historia. Sólo la abren.




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