El Testimonio
El instante del experimento. Fractura total. Silencio antes del grito.
Cuando Chen activó la fusión de líneas temporales, no sólo soltó energía: abrió la puerta. El espacio-tiempo se quebró como cristal bajo presión, y durante un segundo que se alargó como eternidad, los bordes de todas las realidades colapsaron una sobre otra. Fue imperceptible para la mayoría. Pero no para ellos.
Ava.
Marcus.
Alex.
No los que vivieron en Nova Aether. No sólo. También los otros. Los que murieron antes. Los que nunca llegaron a nacer. Los que eligieron distinto. Todos los ellos se miraron a los ojos.
Ava vio a una versión de sí misma cubierta de sangre, liderando una rebelión en las ruinas de la torre central, con fuego en los ojos y el cadáver de Chen a sus pies. Vio a otra vestida con ropas monásticas, sosteniendo una esfera fractal mientras una multitud la veneraba. Vio una que se entregó al Patrón voluntariamente, transformada en un nodo de vigilancia, eternamente despierta y completamente vacía.
Todas la miraron. Ninguna habló. No hizo falta.
Alex vio su reflejo morir quemado por radiación en una ciudad que nunca existió. Se vio como padre de una hija que nunca tuvo. Como traidor de una causa que no comprendía. En una línea, fue el primero en descubrir el núcleo del Patrón y huir. En otra, el que detonó Nova Aether para impedir la fusión. Ninguno fue feliz. Todos sabían demasiado.
Y Marcus. Marcus no vio reflejos. Él fue los reflejos. En ese instante, su conciencia se desdobló en mil formas. Fue el que se fusionó con el Patrón. El que lo destruyó. El que nunca despertó. El que se volvió niño y también el que se disolvió por completo. Sintió el peso de cada decisión, el eco de cada error. Y comprendió, por primera vez, que no había una sola salida. Sólo un entramado de consecuencias.
Dentro de la grieta, se cruzaron miradas, gestos, lágrimas. No palabras. Ninguna de esas versiones explicó nada. Pero cada una dejó una chispa. Un recuerdo encapsulado. Una sensación que atravesaría la mente de su contraparte en momentos clave. Fragmentos del Testimonio.
Ava, la real, tembló al ver sus otras vidas. No las entendió del todo, pero cuando luego tomara decisiones —cuando eligiera a quién confiarle la verdad, a quién salvar, cuándo callar— sabría que no estaba sola. Porque otras Ava ya lo habían hecho. Y habían fallado. Y habían resistido.
En Nova Aether, las luces parpadearon. Un supervisor de Arytza se desmayó sin causa aparente. Una máquina de calibración comenzó a emitir símbolos que nadie pudo traducir. El experimento, según los registros, fue “un éxito parcial con efectos colaterales”. Nadie supo qué significaba eso. Nadie, excepto tres personas.
Cuando la convergencia colapsó y el multiverso volvió a su cauce —desviado, herido, pero no muerto— el Patrón guardó silencio. Y en ese silencio, el Flujo, aún sin nombre, comenzó a respirar.
Porque ya no estaban solos. Porque el Testimonio estaba sembrado.
Y nada, jamás, vuelve a ser como antes.
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viajeeneltiempo, viajes interdimensionales y en el tiempo, convergencia
Editado: 20.12.2025