Fractumbra: Convergencias - Vol. I V

Epílogo

El reflejo que permanece

En una dimensión sin nombre, Luna observa desde un observatorio fuera del espacio-tiempo. Lleva siglos preparándose. Ahora, por fin, puede intervenir. La Llave de Convergencia está dispersa, pero activa. Kahel, en silencio, recoge piezas. Una esfera fractal gira frente a ellos: registra rutas, cruces, variables.

​—Está listo —dice Luna—. Ahora sí.

​Y Kahel, que ha sido muchos y ninguno, asiente. Sus ojos no brillan como antes. Ahora contienen algo más profundo. Recuerdo. Derrota. Esperanza.

​El multiverso no se quebró. Se abrió. Las líneas no se fusionaron. Se enredaron. Hay consecuencias. Hay cicatrices doradas. Pero también hay huellas.

​Luna se inclina sobre el mapa del Flujo, y su rostro se tensa.

​—Observa esa densidad, Kahel. Ese fragmento se niega a unirse al oro. No es caos: es una voluntad pura que resiste ser parte del arreglo.

​—Un recordatorio de que lo reparado nunca es perfecto —responde Kahel, señalando una zona oscura que pulsa con una lógica perversa—. Hay algo ahí diferente a lo demás, tenemos que actuar.

—Pero aún no es posible, no tenemos la capacidad de hacer algo.

—Lo que sabemos hacer es guiar, y para guiar hay que entender.

—Te entiendo, Luna. Vamos a desenterrar el pasado y plantar sobre este nuevo futuro, el fruto será el material para la unión.

​En una aldea perdida, una niña sueña con luces imposibles.

​En un mar que no pertenece a este mundo, un submarino destruido canta en silencio una melodía nueva.

​Y en una dimensión dormida, una figura infantil camina entre las grietas de la realidad. No habla. No recuerda del todo quién fue. Pero donde pisa, los fragmentos del Patrón se disuelven con un flujo armonioso. Y en otro plano de dicha dimensión, Ava y Alex despiertan confundidos tras el último rastro de luz.

​Lo imposible ya ocurrió, el ciclo fue interrumpido, los ecos se escucharon y la convergencia fue solo el principio.

​Y por más imposible que parezca, Marcus... aún existe. Es el oro fundido, el ancla viva y fragmentada del nuevo sistema en formación, condenado a observar, atestiguando la Convergencia que él mismo pagó.




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