Fragil

idiota con suerte

  • Alex, estoy embarazada.

Con la prueba en la mano, solté la llave que sostenía.
estaba reparando mi motocicleta cuando me llego el baldazo de agua fría.

  • supongo que el nene tendrá una vida feliz.

Dije sin mucha emoción, hasta que me vio correr hacia ella y abrazarla. No llevaba el tiempo el tiempo, ni lo habíamos planeado, de hecho, ella no lo quería.

Me di cuenta de todo lo que se me paso por la cabeza, recordé que ella quizá no lo quedra, no lo pensé hasta que le vi con el rostro decaído y sin mucha emoción como la mía. En ese momento me arme de valor y le pregunte sosteniendo sus manos.

  • ¿lo quieres tener?
  • No lo sé, tú sabes bien mi postura, pero, quiero ser mamá. – mirándome a los ojos me pregunta- ¿quieres ser el papá?

Recuerdo que ese día solo asentí y le volví abrazar, en esta ocasión llorando porque al parecer pude tener un hijo.

El departamento comenzó a llenarse de gente, odio la gente, sin embargo, por apariencias he preferido saludar y sonreír. Ustedes harían lo mismo, estoy seguro de eso. No he parado de tener esa sonrisa estúpida en todo momento, un hijo, no lo puedo creer, llegaron de visita mi familia, mi madre me abrazo con demasiada fuerza, mi padre solo asintió y estaba igual de feliz. La familia de Jazmín, fue igual de pegajosos con ella.

Comencé a esforzarme mas en el trabajo, he conseguido el aumento que tanto deseaba, aunque seguiré viajando por las provincias de mi país por ello. No ha tenido problema en que yo me vaya, hasta el tercer mes cuando empecé a extrañarla demasiado y me perdí el primer ultrasonido de mi bebe. Entonces tome la decisión de llevármela en mis viajes, no vendí la moto, compre un carro y aprendí a manejarlo.

Aun se preguntan la mayoría de personas de porque no aprendí a manejar un auto si tuve todo el tiempo del mundo. De hecho, jamás lo vi necesario, hasta sentir que estaba muy lejos del primer hospital para mi mujer. Aunque en realidad estaba a tan solo 5 minutos. Prepare todo, todo esta en mi cabeza, el cuarto, la ropa, la fiesta, los pañales, todo. Incluso ella.

En el 5 mes me hizo la pregunta que jamás quise tener que responder en algún momento.

  • ¿El bebe o yo?

Ella estaba cosiendo mis pantalones rotos del trabajo, mientras me hizo esa pregunta, sentada en el sillón que está a lado de la cuna que yo estaba armando.

Sin muncho que pensar. Le dije.

  • Tú, obviamente tu cariño.

Me acerque lentamente, mientras la veía como comenzó a sollozar, le tome de las manos y con ellas comencé a sobarle su linda pancita. Con mi sonrisa mas tranquila del mundo, empecé a pensar en la posibilidad de perder a alguien, era pequeña, pero sigue siendo posibilidad.
No obstante, en el sexto mes cuando vimos que todo estaba en orden, la doctora nos lo dijo, ambos respiramos con un alivio que jamás pensé que pesaría tanto.

Una vez mas he logrado tener una suerte maldita, saliendo de la clínica la lleve a comer, como celebración, como siempre lo he hecho desde que estoy en el colegio, pero en esta ocasión estoy acompañado por dos personas a cuáles amo con todo mi ser.

Caminando se me salieron las lágrimas, ella tan paciente me dijo.

  • Alex, todo esta bien, deja de ser llorón.
  • No sabes lo feo que se siente pensar que puedo perderte, otra vez.

Ella tomada de la mano mía me secaba las lágrimas, mientras entre risas y envidia me dice.

  • Lo sé, ricitos. Espero que el niño saque tus risos.
  • Probablemente este niño las tendrá, largas y risadas. Solo para que te mueras de la envidia.

Riéndome a todo lo que doy, me suelta un golpe, amago como si me doliera y seguimos al lugar a donde la llevare a comer.

  • Sabias que yo nací de pie.
  • ¿enserio?
  • Si, pude haber muerto desde mi primer día de nacimiento. También soy un año mayor que tú, en el registro me pusieron un año menos para no pagar multas por no inscribirme. O creo que fue porque tenia otro apellido y otro nombre.
  • ¿y cómo te enteraste?
  • Era obvio, también me entere cuando era niño, nadie lo sabe a excepción de ti. Ya que mi madre ha optado por ocultarlo, incluso de mí.

Seguimos platicando y comiendo. Al terminar salimos a caminar un poco ya que la doctora le dijo gorda a mi esposa y al parecer a ella le ofendió eso. Mientras le seguía contando de las pocas cosas que no sabe de mí.
Antes de tomar el taxi para ir a casa ya que no confía aun en mi forma de conducir le dije.

  • Soy un idiota con suerte.

Ella extrañada me pregunta.

  • ¿Por qué?
  • Porque todo me ha salido y ni siquiera lo he planeado así.
  • Entonces ¿Me protegerá tu suerte?
  • Claro que si cosita.

Le beso y nos subimos al taxi para poder ir a casa a dormir.

Llevaba 3 días sin hacerlo, al llegar a casa sentí los estragos de eso. Mi esposa no me pudo despertar hasta el siguiente día.




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