Frágil e infinito

Capítulo 14

Mía preguntaba a menudo <<¿La policía lo atrapó?>>, pero por mucho que Theo deseara darle una respuesta afirmativa, lo cierto era que Andrew Wilson se encontraba prófugo de la justicia. Así que en su lugar respondía <<Lo están buscando por todas partes. Lo encontrarán>> y recibía una mirada compungida de Mía, que era incapaz de tener tranquilidad. Soñaba con él cada vez que dormía. Eran sueños lúcidos, tan vividos que los confundía con la realidad. Despertaba y, si estaba a solas, permanecía aterrorizada observando el umbral de la puerta, temiendo que él volviera como lo hizo aquella vez, de manera inesperada. Sorpresivo. Tenía miedo de que, la próxima vez que apareciera, lo hiciera con un plan inteligente para sacarla de ahí y entonces se convertiría otra vez en <<la niña invisible>>, encerrada en un lugar lejano y oscuro, donde nadie podía encontrarla. Los únicos momentos donde conseguía calma y olvidaba a su padre por completo, era cuando se quedaba con Theo. Él la había rescatado no una, sino dos veces, haciéndole sentir que importaba. Y aunque sonara extrañamente triste, Mía tenía claro que Theo era su única esperanza. Estaba segura que cualquier otro profesional no se preocuparía tanto por ella, ni de cerca. Nadie gastaría parte de su tiempo libre para visitarla y hacerle compañía. Nadie habría pensando en obsequiarle una manta o un oso de felpa. Nadie habría corrido tras ella esa noche, buscándola con desesperación.

A veces tenía la sensación de estar en una especie de lapso, en un refugio construido en medio del caos, que tarde o temprano debería abandonar. ¿Cómo lo haría? ¿Cómo lo haría sin él?

Theo, por su parte, se encontraba repleto de impotencia. Tan sobrepasado, que necesitaba tomar pequeños descansos para esclarecer la mente y seguir la dirección correcta. Normalmente, no hacía promesas a sus pacientes, pero con Mía no pudo evitarlo. Le había prometido en reiteradas ocasiones que allí estaba a salvo y se dijo a sí mismo que tomaría todos los recaudos necesarios para que el exabrupto no se repitiera. La visitaba cada vez que podía, maniobrando para encontrar un minuto o un hueco libre. Aún así, en los momentos que no estaba presente, la situación salía de su control. Era humanamente imposible estar pendiente todo el tiempo.

Esa mañana, en la sala de reunión, Lucy lo observó beber agua. Theo bebía a diario café para ayudar a mantenerse despierto, pero también lo compensaba al hidratarse de forma constante. Su estómago rugió, pero él lo ignoró, dado que se encontraba concentrado en el papelerío del caso de Mía.

—¿Comiste algo? —preguntó Lucy, ligeramente preocupada.

—Sí, hace un par de horas.

—¿Cuántas?

—No lo sé. Como cinco —se encogió de hombros, restándole importancia.

Cuidadosa, Lucy sacó el pequeño contenedor térmico donde llevaba trozos de fruta. Lo abrió y se lo extendió, repleto de pedacitos de manzana.

—No quiero que te desmayes de hambre en medio del pasillo —bromeó, a pesar de que su relación se había vuelto un tanto tensa desde que Lucy aceptó la cita con Jefferson. Aunque, en realidad, no era el único motivo.

Theo no podía dejar de pensar en si Jessica tenía razón sobre que a él le gustaba Lucy.

Lucy no podía dejar de pensar en si Carol tenía razón sobre que Theo estaba enamorada de ella.

Él aceptó unos cuantos bocados y rió por lo bajo, dándose cuenta lo bien que se sentía que ella tuviera que recordarle algo tan básico como comer. Se sintió cuidado. Es que a veces el trabajo lo absorbía tanto, que olvidaba cuidarse a sí mismo.

—¿Estás lista?

—Sí —aseguró—. Hagamos esto de una vez.

El caso de Mía estaba regido por la palabra <<paciencia>> sin embargo, había ciertos recaudos que no podían seguir posponiendo. Ella corría peligro. Necesitaban ayuda para protegerla. Por lo tanto, tras el altercado con Andrew Wilson, a Theo no le tembló el pulso para oficializar la denuncia correspondiente. Presentó todas las pruebas que había reunido, pero le faltaba esclarecer el informe con respuestas que solo Mía podía darle. Así que decidieron hacerlo en equipo: Theo iba a preguntar, Lucy tomaría nota.

 

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En la habitación, Mía se encontraba coloreando. Llevaba casi un mes en el hospital y la había vuelto <<un poco suya>>. Su cama estaba cubierta por la manta de arcoiris, había colgado dibujos en las paredes y en la mesita que se hallaba a un costado de la cama, tenía una pila de libros para colorear, mezclados con historias de aventura, como Peter PanMatilda y el primer libro de Harry Potter, que todavía no había alcanzado a tocar. De hecho, lo había ojeado, pero se abrumó, sintiéndose incapaz de leer tanto. Por suerte tenía a Theo, que de vez en cuando le repetía <<tienes que hacerlo en pequeños pasos>>, mientras que Mía deseaba en su interior que así como leían Peter Pan, en un futuro pudieran leer Harry Potter, juntos.

Apenas lo vio ingresar, elevó la vista y una sonrisa amplia iluminó el rostro. Su día mejoraba cuando él llegaba. Segundos después, la mujer que caminaba detrás robó su atención. Frunció un poco el ceño y dirigió una mirada a Theo, esperando una explicación.

—Ella es Lucy —murmuró Theo—. ¿Recuerdas que vino a verte la primera semana? —Mía asintió—. Está aquí para ayudar.

—No podía esperar a volver a verte, Mía —sonrió la chica con dulzura—. Por cierto, me encanta tu cabello. Me recuerda a La Sirenita.

La niña extendió una sonrisa.

—También me gusta pensar que es como el de Mérida. Es mi princesa favorita —expresó—. ¿Cuál es la tuya?

—Creo que... Bella. Sí, probablemente sea Bella. Aunque también me gusta mucho Mulan.

—Es verdad. ¡Me recuerdas a Bella! —se entusiasmó. Había visto casi todas las películas de Disney. Mejor dicho, todas las que habían pasado en televisión durante sus últimos dos años de vida. En ese entonces, ver televisión era lo único que podía hacer. Su ventana al mundo—. ¿Tienen que irse rápido? ¿No les gustaría jugar cartas?




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