Frágil e infinito

Capítulo 19

Arrojó las lentillas de contacto descartables al cesto. Precavida, Lucy siempre llevaba sus gafas en la cartera, así que se las colocó, sintiéndose aliviada de inmediato. Las lentillas resultaban cómodas, hacían que su maquillaje se luciera, pero con los anteojos se sentía más como <<ella misma>>. Viéndose ante el espejo largo y rectangular, sobre el lavabo del baño, intentó quitarse el vestido de tirantes. Le gustaba la forma en que la prenda realzaba su pecho, también como se ceñía a su cintura y le daba un aspecto <<fuera de lo común>>, como si estuviera siendo la clase de mujer capaz de despertar la atención de cualquier mirada. Sin embargo, no resistía demasiado tiempo dentro de ese papel. Prefería la tranquilidad de un ambiente conocido, los aromas familiares, las prendas holgadas que le permitían moverse con seguridad. Tiró de la cremallera en su espalda durante varios segundos, hasta deducir que se había atascado. Suspiró pesadamente. Luego, llamó a Theo, que se encontraba preparando té caliente en la cocina.

—¿Me ayudas con la cremallera? —preguntó, tras verlo aparecer—. Creo que se atascó.

—Sí. Déjame ver —respondió con paciencia. Lucy volteó, dándole la espalda. Sus piernas se balanceaban nerviosas. Theo a escasos centímetros, respirando sobre su nuca, la intimidaba—. Si quieres que lo arregle, tienes que quedarte quieta, Lucy —pronunció en un tono que sacudió el interior de la chica. No estaba segura de por qué. Quizá Theo le gustaba muchísimo más de lo que suponía.

—Lo siento. —Se mordió el labio inferior conteniendo una sonrisa.

Llevó la mirada hacia el espejo, ahora vislumbrando el reflejo de ambos. Él estaba detrás, mientras colocaba una mano alrededor de su cintura para mantenerla firme y con la otra, delineaba la cremallera en su espalda. Los dedos tan cerca de su piel. La impresión de su mano encajaba a la perfección sobre sus curvas. Estaba segura de que si cualquier otra persona en el mundo estuviera haciendo lo mismo, no le produciría nada. Theo era el único capaz de hacerla sentir así. Flotando.

—Solo un poco más... —murmuró, todavía manipulando la cremallera. La piel de Lucy se estremeció. Esperaba que él no pudiera notarlo o si lo hacía, le echaría la culpa al frío, aunque en realidad la casa de Theo era acogedora—. Ya está. Listo —sonrió victorioso—. La próxima deberías buscar un vestido más sencillo de quitar —bromeó.

—Tienes razón —Ella lo miró desde abajo, sonrojada. No pudo evitarlo—. Gracias, Theo.

Él se retiró, caminando hacia atrás. También estaba nervioso. Mientras tiraba de la cremallera, pensó en lo <<acariciable>> que lucía la piel de Lucy. Imaginó la forma en que pasearía sus manos sobre la suave superficie. Se sorprendió preguntándose qué más había bajo ese vestido.

Percibió como esa especie de tensión agradable se calmaba, aunque su corazón seguía latiendo a un ritmo descomunal. Respiró hondo, tratando de calmarse y terminó de quitarse la prenda. Luego, se metió a la ducha. Mientras el agua tibia recorría su cuerpo, Lucy sonrió para sí misma. Le encantaba estar rodeada de Theo. De sus cosas. De sus lugares. De sus formas. De él.

 

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Aún tenía el cabello húmedo. Estaba metida en la cama de Theo con las rodillas flexionadas contra el pecho, vistiendo una de sus camisetas y bebiendo un té que él le había preparado. A su lado, podía ver a Theo recostado sobre sus codos, vistiendo ropa de dormir. <<Esto es como estar en el paraíso>> pensó, incapaz de hallar un lugar mejor. Se encontraban conversando sobre los viejos tiempos en la universidad, recordando la fiesta en que se conocieron, riendo de ellos mismos.

—Recuerdo que había un chico... Se llamaba ¿Franck?

—¡Felix! —corrigió Lucy—. Me acuerdo de él.

—Nunca voy a olvidar la cara de miedo que ponía cuando estaban hablando y de pronto llegaba yo —comentó, haciendo reír a la chica—. No sé por qué me tenía tanto miedo —se encogió de hombros.

—Lo sé. Creo que pensaba que tú ibas a golpearlo o algo así porque él, bueno, tenía interés en mí y pensaba que tu y yo... Ya sabes —insinuó. Theo lo captó enseguida—. De hecho, me invitó a salir cuando te fuiste de la universidad —dijo, recobrando el tono divertido.

—Lo imaginé —afirmó—. Bueno, la gente en general suponía que tú y yo... Éramos pareja —mencionó finalmente. Lucy bebió el último trago de té. Dejó la taza sobre la mesita de noche y se recostó, inclinándose hacia él.

—Una locura ¿no?

Durante algunos segundos, Theo estudió la situación en silencio. Luego, se incorporó todavía sobre sus codos y se colocó de costado, para mirarla desde arriba.

—En realidad, para mí no —discrepó—. Los últimos meses de ese año que pasamos juntos, los pasé preguntándome si debía invitarte a salir. Quería hacerlo. No sabes cuánto lo quería —confesó. Lucy lo contempló con los ojos brillando como cristal.

—¿Y por qué no lo hiciste? —carraspeó, tratando de aclarar la voz. Las emociones le bloqueaban las cuerdas vocales. La respiración. Todo—. ¿Por qué?

—Acababas de cumplir diecinueve, Lucy. Tú apenas empezabas la universidad, yo estaba terminando. Tuve que dejar mis sentimientos de lado, adaptarme a la realidad... Traté de considerar lo mejor para ti. Merecías vivir tu etapa universitaria como cualquier chica de esa edad —explicó—. ¿Entiendes? Hubiera sido realmente egoísta de mi parte haberte arrastrado a mi mundo que, de hecho, era bastante caótico en ese entonces.

—Sí, lo entiendo —contuvo el aliento—. Pero hay algo que no termina de encajar. Querías invitarme a salir, pero acabaste saliendo con otra chica —recordó. Era una espina que le había quedado clavada aquella vez. Aún dolía.

—Lo sé. Fue estúpido —admitió. Sus ojos se deslizaron por las facciones femeninas, como una caricia y apartó algunos mechones de cabello, despejando su rostro. Estaban tan cerca—. Lo hice para olvidarme de ti.




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