En el campo de batalla, el fuego se expandía por todo el lugar, rugiendo con un calor abrasador que devoraba la tierra y hacía vibrar el aire. Las llamas crepitaban como bestias indomables, reflejándose en los ojos de Kael, quien permanecía de pie, observando la destrucción que había causado. Su silueta se recortaba contra el resplandor anaranjado del horizonte; el viento le agitaba el cabello blanco y largo mientras su mirada se perdía entre el humo y los escombros.
En ese instante se percató de algo extraño: pequeños dispositivos metálicos flotaban a su alrededor, girando lentamente en el aire y emitiendo destellos azules. Zumbaban suavemente, siguiendo cada uno de sus movimientos. Kael frunció el ceño.
—¿Qué son esas cosas? —murmuró con voz grave, desconcertado.
Nunca había visto algo así. No tenía ni idea de que aquellos objetos eran en realidad cámaras digitales autónomas que registraban y transmitían cada detalle de la batalla.
La pelea entre Kael y Tahiel era vista por miles de personas alrededor del mundo. La transmisión se difundía a nivel global, llegando a más de cincuenta países. Las imágenes se proyectaban en pantallas gigantes, hologramas y monitores portátiles; en las calles, los bares y las estaciones, la gente contenía la respiración al presenciar cómo un solo humano desafiaba a un Rey Demonio.
Incluso las potencias más grandes, como Sants Smire, el país de los Archadeamon, presenciaban el combate con asombro.
En la ciudad de Nymoria, el Consejo Supremo se había reunido. Los líderes Archadeamon de los ciento diez países del mundo estaban presentes, excepto los cinco representantes de Claiflor, Renacelia, Etheria, Marciler y Lunarys, además del jefe de Líderes, quien había partido hacia Renacelia por motivos de interés internacional.
Entre los presentes, la señorita Lumika, representante del país de Valtoria, tomó la palabra con una sonrisa tranquila.
—Vaya que interesante… el jefe se dirigió hacia ese lugar. Al parecer, ese asunto del que van a hablar es muy importante.
A su lado, el señorito Squila, representante del país de Iberoclavic, respondió:
—El rey de Iberoclavic también envió un representante de la Caja Gubernamental. Desconozco los motivos, pero aun así... ¿no es peligroso enviar representantes a ese país que actualmente vive en una guerra?
Entonces, una voz grave interrumpió. Era Clemet, representante del país de Poldran, quien apoyó los codos sobre la mesa antes de hablar.
—Si te percatas bien, mi estimado Squila, no es una guerra, pues no hay ejército. Solo es un combate uno contra uno. Además, según lo que dicen en la transmisión, ese tipo de cabello rojizo se trata de uno de nuestros antepasados y traidor: el exrey demonio Tahiel. No habrá problema, pues nosotros en la actualidad somos más fuertes que él, y eso lo demuestra ese humano. Aunque anciano, le planta pelea, lo que significa que Tahiel es débil.
En ese momento intervino una voz elegante, serena, pero con tono crítico. Era Danica, representante del país de Vampirion.
—Al parecer, ese humano no es tan humano que digamos.
Clemet la miró con curiosidad.
—¿A qué te refieres con eso, Danica?
Danica cruzó los brazos, su mirada fija en la proyección de la batalla.
—A diferencia de otros humanos, este llamado Kael es distinto. Domina un elemento en su totalidad. Es cierto que los humanos pueden manejar elementos, pero casi nunca logran llegar a ese nivel. En cambio, este humano lo domina al cien por ciento. Pero hay algo en él que no me cuadra...
Squila frunció el ceño.
—¿Qué es lo que no cuadra, señorita Danica?
Danica suspiró y prosiguió, con una mezcla de fascinación y sospecha en la voz.
—Este encuentro parece predestinado. Tahiel dijo que no creía que un humano, aparte del héroe, pudiera plantarle frente. Según los registros, hace doscientos años, Tahiel y otros cuatro reyes se fusionaron para crear a Khios. En ese entonces, el héroe era un humano llamado Biel. Pero nunca se mencionó que primero lucharon por separado y luego se fusionaron.
Lumika entrecerró los ojos, pensativa.
—Con esa inducción estás diciendo que el héroe del que menciona Tahiel no es Biel, sino su antecesor.
Danica asintió con firmeza.
—Sí.
La sala quedó en silencio. Los representantes se miraron entre sí, sorprendidos. Entonces, el delegado del país de Calg se levantó de su asiento con incredulidad.
—Eso es imposible. Si habláramos del héroe antecesor, estaríamos hablando del héroe que selló a los cinco reyes demonios hace cuatro siglos. ¿Quieres decir que ese humano luchó junto a ese héroe para vencer a los cinco reyes demonios? Es imposible, ¡ningún humano puede vivir tanto!
Lumika habló con serenidad.
—Es cierto, ningún humano puede vivir tanto. Lo mínimo que vive uno es hasta los cien años.
Danica lo interrumpió con tono firme.
—Es solo una especulación, pero creo que ese humano cuenta con alguna habilidad que le permite viajar a través del tiempo. ¿No les parece extraño que Tahiel lo recuerde? Y, además, que no tengamos registros de quién en realidad es Kael. Sobre todo… lo que dijo.
—¿Qué parte? —preguntó Squila.
Danica respondió:
—“No dejaré que manches el honor de mis camaradas con tu sucia boca. Ellos se sacrificaron para que yo y Lorian tuviéramos una oportunidad de sellarlos.”
Habló de sellos y mencionó el nombre de Lorian. Esto conecta con mi teoría.
Squila asintió lentamente.
—Ahora que lo dices… sí tiene sentido. ¿Por qué Kael hablaría de sellos y de Lorian, a menos que fueran camaradas? Pero la pregunta es… ¿cómo vivió tanto? Se sabe que el héroe Lorian murió hace cuatro siglos, después de sellar a los reyes demonios. Tu teoría tiene sentido: Kael debe tener alguna habilidad que le permite viajar a través del tiempo. Pero eso no explica por qué es tan fuerte.
Danica sonrió apenas.
—Eso lo averiguaremos al paso que esta pelea avance. Ese golpe en realidad no derrotó a Tahiel.
Editado: 29.03.2026