Fragmento de lo Infinito

Capítulo 92: Sombras del Pasado - Parte 4

La luz de Siel era vibrante, pero para Kael y Lorian, el brillo de la ciudad empezaba a sentirse artificial. Caminaban por las avenidas principales siguiendo las indicaciones que Aurora les había dejado. Lorian no podía evitar que el corazón le latiera con fuerza; Tras años de espera, sentí que su verdadera aventura finalmente desplegaba sus velas. Sin embargo, a medida que avanzaban, la armonía del lugar empezó a volverse asfixiante. La gente sonreía demasiado, con una alegría constante que no parecía natural, y sus miradas, cargadas de una curiosidad extraña, seguían cada uno de sus movimientos. Kael mantenía los ojos entrecerrados, detectando que algo en la frecuencia de la ciudad no cuadraba, pero decidió guardar silencio y seguir adelante.

Finalmente, llegaron a la ubicación marcada en el mapa. Ante ellos no había un palacio ni una posada elegante, sino una casa maltrecha, un esqueleto de madera y piedra que parecía sostenerse en pie por puro milagro. Al entrar, el aire rancio y el polvo en suspensión les dieron la bienvenida. Las paredes, agrietadas y desnudas, hablaban de un abandono absoluto.

—Oye Lorian, ¿estás seguro de que esta es la dirección que Aurora te dio? —preguntó Kael, observando una viga que amenazaba con ceder.

—Sí, según este mapa, este es el lugar donde nos encontraríamos —respondió Lorian, rotando el pergamino entre sus manos.

—Vaya lugar para reunirse, ¿no crees? —comentó Kael con sarcasmo.

—Tal vez no tenga dinero como para vivir en una casa más elegante... bueno, eso creo yo —aventuró Lorian, tratando de justificar la precariedad del sitio.

—Puede ser. Bueno, entonces esperemos a que llegue.

Apenas terminaron de hablar, el chirrido de la puerta trasera cortó el silencio. Ambos se tensaron al instante, poniéndose en guardia con los sentidos alerta. Por el umbral apareció una figura envuelta en una capa oscura que ocultaba sus rasgos.

—Bienvenido, héroe —dijo la figura con una voz femenina y melodiosa.

Al retirarse la capucha, el rostro de Aurora quedó al descubierto, iluminado por las escasas haces de luz que se colaban por las grietas. Lorian y Kael exhalaron, bajando la guardia.

—No nos hagas asustar de esa manera —dijo Lorian, llevándose una mano al pecho—. Pensé que nos iban a atacar; Después de todo, somos extranjeros en este lugar.

—Tranquilos, me disculpo por entrar de esa manera —respondió Aurora con una leve inclinación de cabeza.

—Para la próxima dinos que vive en un lugar deplorable —intervino Kael, sacudiéndose el polvo del hombro—. Pensé que habíamos llegado al lugar equivocado.

—Este lugar es mi guarida —explicó Aurora, y por un segundo su mirada se volvió esquiva—, un lugar donde escapo para librarme de mis obligaciones como prins...

—¿Prins...? —repitió Kael, captando el desliz.

—No, nada —cortó ella rápidamente, forzando una sonrisa—. En fin, qué bueno que llegaran. Por fin podemos salir de aventuras.

Kael la observó con sospecha, masticando la sílaba incompleta, pero decidió cambiar de tema para no tensar más el ambiente.

—Bueno, será mejor que vayamos al centro de la ciudad para comprar algunas cosas para nuestro viaje.

—Sí, tengo que comprar ropa nueva —añadió Lorian, mirando su atuendo desgastado por el camino.

—Entonces yo los llevaré a un lugar donde venden ropa de muy buena calidad y además barata —propuso Aurora con entusiasmo.

—Perfecto, entonces vamos —asintió Lorian.

El trío se sumergió de nuevo en el bullicio del centro. Mientras caminaban entre los puestos, una anciana sentada tras una pequeña mesa captó la atención de Lorian. Sobre un tapete de terciopelo gastado, una bola de cristal descansaba inerte. A Lorian lo asaltó una curiosidad repentina; en su mundo original, los videntes solían ser charlatanes de feria, pero aquí, donde la magia era una ley física, la idea de conocer el futuro cobraba un peso real.

—Me gustaría preguntar por mi suerte —le dijo Lorian a Kael, deteniéndose frente al puesto.

—Puedes hacerlo —respondió Kael con tono neutro—, pero si no te gusta lo que ves no me culpes. Después de todo, puede ser algo bueno o algo malo.

—No pasa nada —sonrió Lorian—. No es que sea creyente en brujerías o algo por el estilo, solo es curiosidad.

Aurora, a su lado, palideció ligeramente. Sus dedos se cerraron en puños y un sudor frío le recorrió la nuca. Sabía que en este mundo la adivinación no era un juego, y el temor a que la esfera revelara su pacto con las sombras la dejó paralizada.

—Es que... no creo que sea necesario mirar tu suerte —balbuceó Aurora, intentando disuadirlo.

—Pero no tiene nada de malo saber tu suerte —insistió él, extrañado por su nerviosismo.

—No es eso, es que...

Antes de que pudiera inventar una excusa, la anciana levantó la vista. Sus ojos, nublados por las cataratas pero extrañamente lúcidos, se clavaron en el joven.

—Joven, ¿usted quiere ver su suerte o qué le depara en el futuro? —preguntó con una voz que parecía venir de ultratumba.

—Sí, me gustaría —respondió Lorian con decisión—. ¿A ustedes no les interesa?

—No, yo paso —dijo Kael tajante.

—¿Y tú, Aurora?

—Yo también paso —dijo ella, impidiendo mirar a la anciana—. Mejor me adelantaré a ver si encuentro descuentos.

—Yo igual, allí te esperamos —añadió Kael, siguiendo a la chica.

—Bueno, está bien, ya los alcanzo más tarde —se despidió Lorian.

Se quedó solo frente a la mesa. La anciana comenzó a canalizar su energía; un zumbido sordo vibró en el aire y la esfera se estalló en un resplandor de azul intenso. Lorian sintió un escalofrío. Había olvidado por un momento que este mundo se regía por normas diferentes; La magia no era un truco, era una verdad absoluta. Lo que estaba a punto de escuchar no era una suposición, era una sentencia.

—Puedo verlo, muchacho... —susurró la anciana, mientras las luces de la esfera bailaban en sus pupilas—. Puedo ver lo que te depara de ahora en adelante. Alcanzarás un gran poder y te enfrentarás a los Reyes Demonios.



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En el texto hay: juvenil, magia, fantasia sobrenatural

Editado: 20.04.2026

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