Fragmento de lo Infinito

Capítulo 93: Sombras del Pasado - Parte 5

En la vasta nación de Teotia, la gran ciudad de los caballeros mágicos, el orgullo es una religión y el perfeccionismo una cadena. Sus guerreros no son simples soldados; son la personificación de la guerra misma, hombres y mujeres que no temen a la muerte con tal de librar una batalla más. Para ellos, derramar la sangre de sus enemigos es una forma de entretenimiento, un espectáculo donde el sufrimiento ajeno se convierte en el alimento perfecto para saciar una sed de sangre incontrolable. Bajo el yugo invisible de Tahiel, esa hambre oscura ha crecido de manera desconsiderada. Sin embargo, hubo uno entre ellos que se atrevió a plantar cara, aunque su voluntad nada pudo hacer contra el inmenso poder de uno de los reyes demonios.

Hace siete meses atrás.

El sol golpeaba el centro de la ciudad mientras los ciudadanos observaban el regreso de sus caballeros. Venían victoriosos, con las armaduras aún manchadas por el polvo del reino occidental. El líder de los caballeros, erguido sobre su montura, alzó la voz para felicitarlos a todos por haber aniquilado aquel reino, asegurando que el rey estaría complacido con la noticia.

De pronto, una pequeña voz quebró el triunfalismo del desfile.

—¿Cuál es la necesidad de quitar la vida de inocentes? —preguntó una niña, interrumpiendo el paso de los guerreros.

El líder detuvo su caballo y bajó la mirada con desprecio.

—¿Quién es esta niña? ¿Por qué osa hablarnos? No tiene derecho —sentenció el hombre, desenvainando su espada para apuntar directamente al pecho de la pequeña.

Antes de que el acero hiciera contacto, otro soldado se interpuso con rapidez.

—Perdónela, mi señor. Yo me haré cargo de ella —dijo el caballero, cubriendo a la niña con su propio cuerpo.

—Que no se vuelva a repetir, ¿me oíste? —gruñó el líder, guardando su arma y continuando la marcha.

El caballero asintió en silencio. Mientras el resto del ejército avanzaba, él y la niña se quedaron atrás. Ella no tardó en reprenderlo con los ojos llenos de una sabiduría dolorosa.

—¿Por qué, hermanito? ¿Por qué? Dime por qué estás con ellos... ellos son malas personas.

En ese momento, un ataque de tos violento sacudió el cuerpo de la niña. El caballero la abrazó con fuerza, sintiendo la fragilidad de sus huesos.

—Trabajo con ellos para poder comprar tu medicamento —confesó él, con la voz rota—. Eres lo único que me queda en esta vida y no quiero perderte, hermanita.

Las lágrimas empezaron a surcar el rostro del caballero. Ella lo notó, pero su convicción no flaqueó.

—Pero aun así, no puedo perdonarte por acabar con la vida de gente inocente.

—No pasa nada. Si me odias, está bien; yo no te odiaría —respondió él, bajando la cabeza con pesadumbre—. Después de todo, eres mi hermanita. Perdón por tener un hermano tan débil... lo siento.

En medio de aquel momento de vulnerabilidad, una oscuridad antinatural comenzó a envolverlos, devorando la luz del callejón. El caballero reaccionó de inmediato, tomando a su hermana en brazos y poniéndose en guardia.

—¿Quién anda ahí? —exclamó, escudriñando las sombras.

Unos pasos rítmicos resonaron contra el suelo. De la negrura emergió una figura que desbordaba un aura siniestra, una presencia tan densa que parecía absorber toda la claridad del ambiente. Tahiel, el Rey Demonio de la Oscuridad Eterna, se hizo presente.

—Vaya, veo que aunque eres un humano no me tienes miedo. Eres perfecto —dijo Tahiel, observándolo con interés.

—¿Quién eres tú? —interrogó el caballero, apretando el agarre sobre su hermana.

—Soy tu humilde servidor —respondió el demonio con una elegancia venenosa—. Un rey demonio que quiere hacer un trato con un humano digno, y tú eres el candidato. Mi nombre es Tahiel.

El caballero se quedó petrificado. Un rey demonio, una leyenda de destrucción, estaba frente a él en el corazón de un reino de caballeros.

—¿Qué quieres de mí?

—Nada en particular —dijo Tahiel, suavizando su tono—. Solo quiero ayudarte a sanar a tu hermanita. Sé que trabajas para esas escorias de caballeros a los que solo les gusta matar gente. Los humanos son patéticos por desear esas cosas; se matan entre ellos. Es por eso que quiero impartir justicia por esa gente inocente que muere.

"¿Qué carajos?", pensó el caballero, confundido. * "¿Desde cuándo un rey demonio se preocupa por los humanos? Ellos son nuestros enemigos. ¿Por qué lo haría? ¿Acaso es una trampa?"*

Tahiel soltó una pequeña risa, como si hubiera leído cada pensamiento.

—¿Qué por qué carajos un rey demonio se preocupa por los humanos si somos enemigos? Eso fue lo que estabas pensando, ¿no? Bueno, eres libre de pensar lo que sea de nosotros. La verdad es que no somos como nos pintan; somos distintos y protegemos lo nuestro. He visto la verdadera naturaleza de los humanos que dicen ser nobles y ayudar a los demás... esos son los que más detesto. Se creen buenas personas y en la oscuridad matan a inocentes por diversión. ¿Qué clase de justicia es esa? En ese caso, los verdaderos demonios serían ustedes, los humanos, y no nosotros. Pero en fin, no vine a contarte eso. Vine porque quiero ayudarte a ti y a tu hermana con su enfermedad.

El caballero lo miró con una chispa de esperanza desesperada.

—¿Eres capaz de sanar a mi hermana?

—Claro que sí. Eso es fácil para nosotros los reyes demonios.

—Es buena tu propuesta —admitió el guerrero—, pero aun así no podría confiar en ti.

Sin mediar palabra, Tahiel elevó su mano hacia el cielo. Partículas de una oscuridad pura empezaron a arremolinarse, emergiendo directamente del cuerpo de la niña, quien cayó inconsciente en el acto.

—¡¿Qué le hiciste a mi hermana?! —gritó el caballero, enfurecido—. ¡No te perdonaré por lo que le hiciste!

—Tranquilo, ella está bien —respondió Tahiel con calma—. Solo saqué el miasma del inframundo que tenía en su cuerpo. Solo tiene que reposar y se recuperará.



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En el texto hay: juvenil, magia, fantasia sobrenatural

Editado: 20.04.2026

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