Fragmentos de diciembre

CAPÍTULO 12 — ENTRE PENSAMIENTOS Y LATIDOS

Camino a su lado por el campus, intentando parecer tranquila, pero el peso en el pecho me dice lo contrario. Respiro hondo, pero la ansiedad se cuela igual, pequeña y constante, como un hilo que tira de mí hacia el miedo.

No sé si es amor o costumbre. No sé si quiero estar así, dependiente de alguien que a veces me rompe con su silencio. Y sin embargo… no puedo apartar la mirada de él.

—Oye, ¿estás bien? —pregunta, suavemente, y mi corazón da un salto.

Asiento, aunque no es del todo cierto. “Sí, estoy bien”, digo por fuera, pero por dentro siento un torbellino que no puedo detener.

Recuerdo todas las veces que confié en alguien y me traicionaron. Recuerdo la soledad que me dejó mi mamá. Recuerdo que a veces hasta yo misma dudo de mí. Y aun así, aquí estoy, caminando con él, dejando que mis pensamientos se mezclen con la realidad, con su voz, con su calor.

Pero la ansiedad no se va.

Es como una vocecita constante que susurra:

¿Y si se cansa?

¿Y si mañana ya no te escribe?

¿Y si todo esto solo está en tu cabeza?

Lo miro de reojo. Él va tranquilo, hablando de algo que apenas escucho. Me pregunto si sabe lo que pasa dentro de mí. Si nota que cada vez que tarda en responder un mensaje, mi mente inventa historias. Que cuando se queda callado, siento que estoy a punto de perderlo.

A veces quiero decirle que me asusta quererlo tanto.

Que me asusta necesitar sus mensajes para sentir que el día está completo.

Que me asusta esa parte de mí que lo pone en el centro de todo.

Pero no lo digo.

Porque tengo miedo de que, si lo digo en voz alta, se vuelva real.

De que confirme que soy demasiado. Demasiado intensa. Demasiado sensible. Demasiado ansiosa.

Él se detiene frente a mí.

—Te quedaste callada —dice, mirándome fijo.

Y por un segundo quiero romperme. Quiero decirle que a veces mi pecho se siente apretado sin razón, que mi mente no descansa, que tengo miedo constante de que me abandonen.

Pero solo sonrío.

—Solo pensaba.

Él me acerca un poco más a su cuerpo, casi como si quisiera protegerme. Y ese gesto, tan simple, hace que mi ansiedad se calme… por un momento.

Y ahí es cuando lo entiendo.

No es solo que lo quiera.

Es que cuando me abraza, el ruido en mi cabeza baja.

Cuando me mira con ternura, el miedo se esconde.

Y eso es peligroso.

Porque si él es la única forma en la que sé calmar mi ansiedad…

¿qué va a pasar el día que no esté?



#10152 en Novela romántica
#1910 en Joven Adulto

En el texto hay: drama, ficcion, amor toxico

Editado: 19.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.