Fragmentos de Identidad

Capítulo 6

Victoria no se molestó en disimular su desagrado. Con cada minuto que pasaba, el aire de la habitación se tornaba irrespirable, y todo por causa de Alexander.

—Ya que no escatimas en venir a molestarme, habla —exigió, demandante.

—¿A quién le pediste permiso para tutearme?

—Una escoria como tú no merece respeto. Ofendes, humillas. ¿Por qué debería tener consideración contigo?

—Así... muestra tus garras. ¡Qué bien! —susurró con un acento provocador—. La función durará poco y yo estaré ahí cuando caiga el telón. —Suspiró, haciendo una breve pausa—. Eres la misma. Por un instante...

—Qué... Termina la frase —atacó, desafiante.

—Olvídalo.

Alexander esperó unos segundos, saboreando el silencio. Luego caminó hacia el lecho con pasos lentos, calculados, casi felinos. Tomó una silla y se sentó frente a ella con una elegancia indolente. Cruzó las piernas. Hundió las manos en los bolsillos. La estudió como quien examina un insecto bajo un microscopio. Según su análisis, Victoria era sinónimo de basura. El odio que le tenía era insuperable. Unas ganas tremendas de hacerla sentir menos lo asaltaron.

—Ahora que te detallo con calma, estás horrenda —lo dijo con la misma naturalidad con que se comenta el clima—. Si te vieras al espejo, saldrías corriendo. Estás demacrada... casi pareces un fantasma. Eres ahora mismo todo lo que desprecias y no sabes cómo me agrada verte así, débil, vulnerable, resumida en nada. Siempre te creíste la mujer más sensual del mundo. Mírate ahora.

—¡Cállate! Deja de insultarme. ¿Estás demente? ¿No puedes tener una conversación normal? Lo único que haces es atacarme. Eres un enfermo resentido, lleno de odio. ¿Qué tipo de persona crees que soy?

Hizo una pausa, recuperando el aliento.

—Perdóname, pero si soy esa Victoria que todos dicen, gracias a Dios por perder la memoria para no recordarte.

Alexander sintió su ego herido, mas su arrogancia no le permitió ni siquiera parpadear, esquivando el insulto como quien aparta una mosca.

—Ojalá pudiera tener la capacidad de hacerlo contigo... Sería un inmenso placer —dijo, tensando la mandíbula, tragando en seco.

Victoria no respondió, optando por permanecer callada.

«¿Qué fue lo que hice para que terminara así de amargado?»

—Retírate ya, por favor. He tenido suficiente contigo.

—Deberás esperar un poco más. Aún no he terminado contigo.

—¿Qué quieres decir?

—Octavio Miller. Ha estado muy preocupado por ti... ¿Lo recuerdas?

—No. Pero el doctor Smith mencionó que eras su hijo.

—Y tu futuro hijastro —Hizo una pausa, dejando que el veneno se derramara—.

—¿A qué te refieres, estúpido? —le espetó ella, sintiendo que el suelo se abría.

—Eres su prometida, querida... ¿También lo olvidaste?... ¡Ah!... claro que sí.

Alexander descruzó las piernas. Sacó las manos de los bolsillos. Cada gesto era una provocación ensayada.

—En dos minutos me has llamado demente y estúpido, futura madrastra. Es hora de que empieces a tener cuidado en cómo me hablas o la pasarás mal —apoyó el dedo sobre su boca. Presionó lo justo para helarle la sangre—. Shhh. No te alteres. No es una amenaza, solo una advertencia... así que ya sabes.

—Si quieres... te enseño cómo quiero ser tratado en el futuro. Para mí no representa un problema —Se inclinó hacia ella, tan cerca que su aliento le rozó la mejilla.

Victoria abrió tanto los ojos que pareció que se le salían de las órbitas. Él lo notó de inmediato, devolviéndole el control que creyó haber perdido minutos antes.

—¿Qué clase de hombre eres que no respetas ni a una mujer que supuestamente será la esposa de tu padre?

Alexander sonrió, disfrutando el golpe.

—En dos minutos me has llamado demente, estúpido y ahora pones en duda mi hombría, futura madrastra. Es hora de que empieces a tener cuidado en cómo me hablas o la pasarás mal —apoyó el dedo sobre su boca. Presionó lo justo para helarle la sangre—. Shhh. No te alteres. No es una amenaza, solo una advertencia... así que ya sabes.

Luego se apartó de golpe y soltó una carcajada que rebotó en las paredes.

—¡Esto es una pesadilla! ¡Todos ustedes me están volviendo loca! —gritó Victoria, al límite.

—¿Loca? Debes de estar bromeando —Se puso en pie y empezó a deambular por la habitación—. Todo esto es resultado de tu maldito juego. ¡Ahora te aguantas!

—Gracias a Dios que no eres tú. No soportaría estar comprometida con una persona tan insoportable.

—No más que tú, niñata. Ni en tus sueños pudiera quererte —Se detuvo, clavándole la mirada—. Octavio y tú se casarán. El próximo mes, después de tu cumpleaños, él lo anunciará.

—¡No es cierto! ¡Estás mintiendo! ¡No voy a convertirme en la esposa de un desconocido! —Abrió los ojos, molesta y totalmente contrariada.

—Tranquila, no grites, pensarán que quiero provocarte un infarto... y no es justo... acabas de despertar —Alexander sonrió, pero en sus ojos brilló algo parecido a la venganza—. Me voy ahora... ya he cumplido mi misión aquí.

Se inclinó de nuevo sobre ella. Su voz se transformó en un susurro helado.

—Eres una mentirosa, Victoria. Una excelente actriz. Pero a mí no me engañas. Te aseguro que vas a desear haberte muerto en ese accidente. Porque no voy a permitir que te salgas con la tuya. No lo olvides.

******

Hola, mis queridos lectores:

Gracias por acompañarme en este viaje.
En el próximo capítulo 7 ( Lunes 3 de agosto) nuestra protagonista conocerá a Octavio Miller.

¿Cómo creen que sea? ¿Aliado o enemigo?
Los leo en comentarios. 👇

LHF Renacer.




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