Fragmentos de Identidad

Capítulo 2

Luego de un par de días, Victoria yacía entre las sábanas blancas de una cama de hospital. La habitación, de ambientación lujosa, no era para cualquier enfermo. El silencio, casi absoluto, solo era interrumpido por el monitor cardíaco.

De pronto comenzó a despertar. Instintivamente llevó las manos a su cráneo y rozó las vendas que lo envolvían. La sangre ya no manaba.

—Buenos días. Qué bueno que al fin despertó.

Una mujer de mediana edad se aproximó y comenzó a revisar las constantes vitales.

—No se asuste... soy la enfermera a cargo de su cuidado. —Revisó que todo estuviera en orden y desconectó el aparato—. Ha evolucionado bien. —Guardó los cables y se giró—. ¿Cómo se siente?

—Estoy... viva. Creo que eso ya es un milagro —dijo, con una ironía cansada.

La enfermera, al notar su dificultad para articular, le acercó un vaso con agua. Bebió despacio.

—¿Cómo llegué aquí? —preguntó—. Recuerdo estar tirada en la carretera.

—Los paramédicos la trajeron hace dos días. Sufrió un accidente en una moto.

—¿Dos días?

—Traumatismo craneal. Pero ya está fuera de peligro.

Ella la miró aturdida.

—Un tal detective Perdomo vino a preguntar por usted —dijo la enfermera.

—¿Qué quería?

—No lo sé. El doctor Smith le explicó su estado de salud. También le pidió que no molestara a su familia.

—¿Mi familia? —Victoria frunció el ceño—. ¿De qué está hablando?

—Discúlpeme. Hablé de más —respondió la mujer, con tono firme—. En breve vendrá el doctor. Debo retirarme.

Salió sin dar pie a más preguntas.

Victoria se quedó sola. El silencio pesaba. El nombre "Victoria" resonaba en sus oídos como una nota desafinada. Buscó en los rincones de su mente, pero solo encontró vacío.

Absorta en sus pensamientos, no escuchó los pasos que se aproximaban. Cuando alzó la vista, un hombre estaba allí.

Traje oscuro. Mirada fría. Observándola con la paciencia de quien espera.

—Veo que la enfermera no mintió —dijo, y su voz era baja, íntima—. Estás despierta, Victoria Cavallier.

—¿Quién es usted?

La pregunta se quedó en el aire. Flotando en espera de que aquel hombre misterioso se dignara a responder.




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