Fragmentos de Identidad

Capítulo 17

En la mañana, durante el desayuno, Victoria jugaba distraída con la cucharita del café. Su mente seguía atrapada en la noche anterior. Un miedo repentino a descubrir la verdad la había asaltado impidiéndole cumplir su propósito.

—¿Piensas desayunar o solo vas a torturar a esa cucharita? —comentó Octavio.

Ella no contestó, solo lo miró de reojo.

—Hoy iremos a los viñedos. Ponte ropa adecuada.

Victoria apretó el mantel con los dedos hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

—No cuentes conmigo. No iré —dejó el pequeño cubierto sobre la servilleta con un golpe seco—. Además... ¿dónde está la silla de ruedas? Cuando desperté no estaba. ¿Pretendes que me arrastre o tienes planeado cargarme en tus brazos?

—La silla la mandé a retirar. No estás inválida. Usarás muletas. Si te cansas, yo te sostengo. Pero si prefieres que te cargue en brazos, te puedo complacer. ¿Es lo que quieres?

—Claro que no. No soporto que me toques. ¡Estoy harta de eso!

—¿Es en serio? Lo dices como si me estuviera aprovechando de ti. ¿Cuál es tu problema?

—¡Ninguno! —ella ladeó la cabeza tratando de ocultar su enfado.

—¡Mírame! —exigió el hombre dando un puñetazo en la mesa que hizo vibrar la vajilla—. Deja de actuar raro. Ni siquiera sé qué esperar de ti —respiró intentando calmarse—. Ayer vi a María subir a tu cuarto. ¿Qué te dijo?

—Nada que te importe.

—Te equivocas. Si me importa. Y mucho.

—¿Por qué? —Victoria lo encaró—. Ayer solo era una transacción para ti. ¿Qué cambió?

Octavio no respondió de inmediato. La miró fijamente, como si buscara una respuesta que ni él mismo tenía.

—Nada —dijo al fin, en voz baja—. Pero tal vez logres hacerme cambiar de opinión. Aunque no te ilusiones.

Victoria sintió un nudo en la garganta, pero no iba a dejarse llevar por esa confesión.

—Cálmate. Solo quiero que dejes un poco el drama. Estás muy alterada.

—Es cierto. Pero tengo mis razones. Y ya que te preocupo tanto, quiero pedirte algo.

—Dime.

—El día del accidente, el detective Perdomo me estuvo interrogando. Luego perdí el conocimiento... aunque recuerdo verlo recoger algo metálico del suelo antes de desmayarme.

—No sé de quién me hablas. Es la primera vez que lo oigo mencionar. Explícate.

—Dijo... —tragó en seco— que no estaba sola ese día. Había mucha sangre cerca de la moto volcada en la carretera.

—Espera, espera. ¿Sangre? ¿Me estás diciendo que había alguien más contigo?

—No lo sé. Es lo que quiero investigar. Necesito saber si descubrió algo relacionado conmigo o con ese maldito día. Cuando estuve en el hospital, el Dr. Smith habló con él. ¿Lo sabías?

Octavio negó. Su asombro no le permitía articular palabras.

—Sospecho que él...

—¿Que él qué? Habla. No te quedes callada.

—Que el Dr. Smith sabe más de lo que dice. Y quiero que contactes al detective para que me ayude a descubrirlo.

—¿Y a cambio?

—Iré contigo a los viñedos.

—¿Esa es tu propuesta? —se ríe—. ¿Ahora me chantajeas?

Victoria, por alguna razón, comenzaba a sentirse extraña frente a aquel hombre. Sin deseos de atacar, respondió con total sinceridad:

—No. Te estoy proponiendo un trato. ¿Aceptas?

Él mostró una sonrisa fugaz, casi divertida, al ver su determinación.

—Tienes una hora para estar lista.

—Suficiente para mí.

—De acuerdo.

Octavio se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de salir, se detuvo y habló sin mirarla:

—Y Victoria... no creas que no me doy cuenta de que estás escondiendo algo. Solo espero que sepas lo que haces.

Y salió.




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