No puedes huir de todo rincón
que hiera un poco tu corazón.
Hay que ser fuertes, firmes de pie,
aunque el alma tiemble y no sepa qué hacer.
"Para pensar, sentir y crecer,
primero hay que vivir, y no temer" —
me dijo un sabio, con voz de paz.
No lo escuché… y eché a andar.
Corrí tan lejos, sin mirar atrás,
que el sendero a casa se disolvió en la sal.
No lo lamento, no siento pesar,
pues algo nuevo me va a abrazar.
A otra tierra voy, con paso fiel,
donde el alma descanse y florezca en miel.
No exagero si digo que allí,
el cariño vendrá por fin a por mí.
Una ciudad bella me espera ya,
con brazos abiertos, sin juzgar más.
Ahí formaré un hogar de verdad,
y en su ternura… mi felicidad.
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