Muchas veces el miedo nos gana. Nos llamamos cobardes una y otra vez; nos damos ánimos y, al mismo tiempo, nos cuestionamos.
Lo que realmente da miedo no es un nuevo comienzo. Lo que asusta son las miles de ideas negativas que carcomen tu mente, haciéndote creer que no podrás lograrlo.
A veces, un pequeño empujón lo cambia todo. Es suficiente para dejar de dudar y empezar a creer.
No somos cobardes; simplemente intentamos protegernos de un dolor que ni siquiera sabemos si llegará. Pero oye, el mundo está hecho de posibilidades. No es momento de detenernos.
¡Tú puedes!
No te límites.
Muchas veces miro al cielo y me pregunto:
¿A qué realmente le temo?
No obtengo respuesta.
Esta vez mi mente está en calma. No juega en mi contra. Qué irónico… Después de tantas batallas con ella, hoy guarda silencio.
Y creo que ese silencio me permitió entender algo
Esta vez no voy a dudar.
Daré el primer paso para deshacerme de esas cadenas que, muy probablemente, nunca existieron. Quizás siempre fueron ataduras creadas por mi propia inseguridad, límites que yo misma aprendí a creer.
Yo puedo.
Tú puedes.
Nunca te rindas.
Esa inseguridad que hoy te detiene puede convertirse, algún día, en una de tus mayores fortalezas.