Fragmentos de Nosotros

Contradicción

Me levanté temprano y esta vez fui yo quien levantó a mi hermana.
Teníamos que ir a entrenar.
Aunque había sido una noche dura, en la cual muchas cosas me habían quedado claras.
Y otras no tanto.
Me preguntaba por qué seguía insistiendo.
Por qué aún pretendía algo de ella.
Ese día no había ido, quizás porque ayer fue la competencia o también porque no se fue muy bien del bar.
Sabía que no quería saber nada de mí.
Era egoísta querer que vuelva después de todo lo que pasó.
No la merecía.

Me puse música y me dediqué solo a entrenar.
Mi hermana ya había hecho compañeras y se escuchaban sus risas a lo lejos.
Cambié de máquina y le pedí ayuda a mi entrenador, ya que quería sobrelimitarme un poco ese día.

Él era algo frío, por así decirlo.
Pero recordé que con ella no era así.
Se preocupaba y antes hasta me pidió explicaciones sobre si la conocía.
Se ve que eran buenos amigos.

Para alimentar mi curiosidad y dejarme sin palabras, en ese momento preguntó:
-
Ayer te vi intentando hablar con ella, ¿tenés intención de volver?

Siguió:

-Por lo que noté, ella no quiere ni siquiera verte o hablarte.

Esas palabras no las sentí amigables.
Sentí que quiso marcar límites.
Esos límites que ella ya me había marcado.

-Solo quiero que ella no sienta rechazo hacia mí.
Quiero que estemos bien, ya que nos vamos a ver seguido.

No sé si esas palabras tenían verdad.
Pero si él era su amigo, ella iba a saber mi respuesta.
Y quizás así, ella ya no me evitaría.

Se giró y me ignoró completamente.
Seguro tampoco creyó en mi respuesta...

Lo de nosotros ya no podía ser.
Nos destruimos mutuamente y sufrimos más de lo que nos amamos.
Pero en mí vivía una contradicción que me hacía llegar al punto de querer volver a tenerla, sentirla, besarla,
como alguna vez pude.

Ya me iba a ir.
Iban a pasar días en volver al gimnasio, en volver a verla.
Pero quería calmar todos esos pensamientos, calmar mi cuerpo y mi alma.

Fui a pasar unos días a lo de mis primos.
Nada mejor que distraerme con ellos, que más que primos, eran mis amigos.

Salimos, fuimos a la playa, jugamos videojuegos y pasamos noches hablando de todo.
Era lo que necesitaba.
Respirar un poco antes de hacer cosas que no debía.

Ellos sabían lo de nosotros.
Fueron testigos de muchos de nuestros encuentros malos.
En su momento me insistieron en dejarla porque no me hacía bien,
y también sabían que yo seguía enamorado.

-Amigo, tenés que dejar eso en el pasado.
Ella ya no es la misma, pudo superarte y no creo que quiera volver a eso.

Sabía eso.
Y tenía que dejar de ser impulsivo y querer acercarme.
Debía dejarla atrás,
no alejándome ni cambiando de gimnasio,
sino aprendiendo a soltarla desde cerca.

Volví a casa.

Mañana sería el día de volver a encontrarnos.
Tenía que dejarla en paz.
No merecía ni siquiera una palabra ni una mirada de mí.
Merecía poder estar bien, y se notaba que lo estaba.
Ya no era ni un destello de lo que fue.
Parecía una mujer completamente diferente
y yo no iba a cambiar eso por mis sentimientos.

Hoy era el día.

Al llegar, no la busqué y me enfoqué en entrenar.
Y así fue hasta que terminé.
Al buscar con la mirada a mi hermana para ya irnos,
me di cuenta de que estaba hablando con sus compañeras
y ahora, con ella.

Aunque diera todo de mí,
esa mirada, esa sonrisa
iban a hacer que mis intenciones de no acercarme a ella
se volvieran una tortura.
No iba a llamarla,
así que esperé afuera a que terminara de charlar
y unos minutos después salió.

Muy animada, en camino a casa, dijo:

-Es tan graciosa tu ex, no sé por qué antes no la conocí.
Nos hubiéramos llevado muy bien.

Suspiré y me dije a mí mismo que no lo creía.

Sí, era graciosa, tierna, buena y muchas cosas más,
pero también se hacía daño a ella misma
y con eso me hacía daño a mí.

Aun así, me alegraba que se llevaran bien.
Se notaba que después de que superó todo
ya podía hasta tener amigos,
cosa que antes no podía.
Ella había avanzado.
Y lo había hecho sin mí.
Y tenía que aceptar eso.

Es difícil cuando la mente y el corazón están en desacuerdo.
Los pensamientos se cruzan desde distintos puntos de vista
y el cuerpo no acepta las decisiones.
Pero yo estaba listo para sufrir yo, con tal de que ella no lo hiciera.
Sentía amor, y el amor no hace daño.




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