Fragmentos de Nosotros

Pendientes

La besé.

Solo quería poder hablar con ella y remediar las cosas, pero la situación se fue de mis manos. Quería sentir lo que un día fue y terminó en un compás.
Lo que acababa de hacer estaba mal, pero no me arrepentía.

Me soltó y se fue casi corriendo. Quise arreglar nuestros problemas, pero generé aún más. Ya nada importaba: la había tenido de nuevo en mis brazos, había sentido sus labios y todo el deseo que sentía no se había apagado. Pero se sentía satisfactorio.

Al otro día tenía que verla y solo esperaba que no estuviera enojada conmigo. Y si así fuera, explicarle que fue algo que pasó por las cosas que sentí y que no era más que eso. Quería que ella sintiera lo mismo, ganas de apagar el deseo.

Me levanté y me fui a bañar; mi hermana me estaba esperando. Sabía que iba a ir a verla y que iba a intentar que todo estuviera bien con ella, pero cuando le conté lo que había pasado, la expresión de mi hermana cambió por completo.

—Tranquila, solo fue un beso. No voy a volver con ella.

Subió al auto sin decir nada. No entendí su reacción. Ya le había contado todo lo que habíamos pasado en el pasado, y estaba claro que besarla no le hacía ninguna gracia. Aun así, yo lo tenía claro. Aunque hubiera pasado tiempo, aunque ella se notara distinta, no quería que todo se volviera a complicar como antes.
Y sin embargo, no podía dejar de pensar en ella. En querer volver a tenerla cerca. Algo en mí estaba más vivo que antes, y estaba seguro de haberlo visto también en sus ojos, aunque se hubiera escapado.

Habían pasado días con esta incertidumbre, de no saber cómo ella se iba a comportar desde ahora. Entré y la vi, enfocada en su rutina. Quería al menos una mirada, pero no la tuve. Ya había terminado y tenía que irme. Ella estaba hablando con nuestro entrenador, así que salí con mi hermana.

Me quedé unos segundos esperando para encender el auto, pero mi hermana no paraba de apurarme.

—Quiero hablar con ella, esperame.

Bajé del auto. Ella ya estaba saliendo y me miró; enseguida la noté nerviosa.

—Perdón por el beso, pero no pude contenerme. Espero que eso no complique todo. ¿Podemos volver a vernos y hablar?

—Hoy salimos varios a un bar. Tu hermana va a ir, podés ir también. Podemos encontrar un momento para aclarar lo que pasó.

Quería estar a solas con ella, pero me iba a tener que conformar.

Entré al auto y tenía de nuevo la mirada asesina de mi hermana. Me reí y dije:

—Me invitó al bar, así que voy contigo.

No respondió.

Ya estaba listo para irnos, pero mi hermana no paraba de cambiarse de ropa y nada le gustaba, así que simplemente la esperé en el auto hasta que se decidiera. Y por fin, bajó.

Llegamos al bar y ya estaban todos ahí. Y ella. Con una remera corta y una pollera que me cortaba el aire. Evitó todo el tiempo mirarme a los ojos. Sabía que iba a tener que esperar por nuestra charla.

Nos sentamos todos los del gimnasio en una mesa, pero no me sentía muy cómodo. Yo no tenía confianza más que con mi hermana, y con ella hacía tiempo se había perdido. Con mi entrenador, desde el primer día no habíamos tenido muy buena relación y sentía algo de tensión entre nosotros. Mi teoría era que por ser su amigo, pero tampoco descartaba que sintiera algo por ella.

Para mi suerte, todos se unieron a la idea de ir a bailar, así que aproveché para tomarla de la mano y que se quedara conmigo. No iba a poder escucharla bien del todo por la música, pero el hablarnos al oído no iba a estar nada mal.

—Espero que no estés enojada, de verdad quiero que nos llevemos bien. Aunque no me arrepiento de besarte.

—No estoy enojada contigo, y también quiero que nos llevemos bien. En cuanto al beso…

No pude seguir escuchándola porque apareció nuestro entrenador invitándola a bailar. Efectivamente, él también la quería.

Tenía que encontrar otro momento para que por fin me dijera lo que sintió con el beso, un momento que, por lo visto, nuestro querido entrenador no iba a darnos. No se despegaba de ella y, cuando lo hacía para ir por tragos, estaban también sus amigas.

Me senté en la barra. Si no iba a poder hablar con ella, iba a tomar unos tragos y me iba a ir a casa. Aunque mi hermana iba a odiarme por llevarla temprano. Pero yo ya no quería verlos juntos. Pedí otro trago y ese era mi último.

Al ir a decirle a mi hermana para irnos, como predije, frunció el ceño y renegó. Saludamos y, al saludarla a ella, le dije al oído:

—Nos quedó algo pendiente.

Nos miramos y me di la vuelta para ya irme.
Ese pendiente ahora tenía que ser a solas.

Al otro día también iba a verla; sí o sí tenía que decirme lo que no pudo terminar de decir. Terminé de bañarme y, al escuchar una notificación, agarré mi celular y no podía creer que me había escrito, después de los mensajes que me ignoró.

—Sé que hoy no pudimos hablar y mañana no puedo ir al gimnasio, pero tengo libre un ratito para la tarde.

Aunque sea un rato, me alcanzaba. Al menos por ahora.

—Perfecto, mandame la ubicación y el horario.




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