Fragmentos de Nosotros

Distancia Mal Aprendida

Solo quería verla. Que entendiera lo que yo necesitaba, lo que necesitábamos los dos para que esto no volviera a romperse como antes. No vine con intención de lastimarla. Vine pensando que podía manejarlo.

Pero se me fue de las manos.

Ella volvió a nublarse por lo que siente. Lo vi apenas me miró. Esa forma de mirarme que no pide, exige sin decir nada. Supe en ese instante que estaba ocupando un lugar para el que yo no estoy listo. Lo confirmé cuando sus ojos se llenaron de lágrimas.

Ahí entendí que no importa cuánto intente explicarme: para ella nunca va a ser suficiente.

No es que no la quiera. Es que lo que ella llama amor yo lo siento como una presión constante. Una expectativa que no puedo cumplir sin perderme. Y no estoy dispuesto a hacerlo.

Tendría que haber escuchado a mi hermana cuando me dijo que no fuera. Ella siempre ve las cosas antes que yo. Me dijo que verla solo iba a confundirla más. Que si no podía quedarme, no tenía derecho a aparecer.
Y aun así fui.

Porque la deseo. Porque estar con ella me hace sentir vivo. Porque hay algo en su forma de querer que me atrae y me asusta en partes iguales.

Pero cuando empezó a llorar supe que ya no había vuelta atrás. No podía quedarme. No podía sostenerla. Y tampoco podía seguir prometiendo algo que no sé dar.

Me fui con la sensación incómoda de haber hecho lo correcto por razones egoístas. Alivio mezclado con culpa. Deseo mezclado con distancia.

La quiero cerca.
Pero no tanto.

Y eso, aunque no lo diga en voz alta, es la verdad que siempre termina empujándome a irme.

Iba a respetar la distancia que me pidió. Al menos eso me repetía.
Pero no sabía cuánta distancia era esa.

No dejé de pensarla ni un solo día. Y también sabía algo más: cuando la volviera a ver, ninguna distancia iba a impedir que quisiera tenerla otra vez.

Me vestí y salí con mi hermana. A ella le molestaba que yo siguiera intentando cosas con ella, aunque nunca terminaba de decirme por qué. Siempre se quedaba a mitad de camino, como si supiera algo que yo prefería no escuchar.

Llegamos al club. Fui al sector de siempre. Ella se fue al sector donde estaba mi ex. Se llevaban bien. Demasiado bien. Salían seguido con otras personas del lugar.
Por un momento pensé que tal vez esa era la razón por la que ella me quería lejos. Capaz mi ex ya le había contado demasiadas cosas de nosotros. Igual no le di importancia. O fingí no hacerlo.

Mi entrenador, como de costumbre, mirándome con esas ganas silenciosas de borrarme del mapa por el simple hecho de existir.

Y ella… riendo con sus amigas, ayudándolas, moviéndose como si no cargara nada. Como si no me hubiera pedido distancia días atrás.

Ahí volvió la pregunta que nunca logro responderme:

¿cómo se supone que deje de quererla, de desearla, de imaginarla, si es la única persona capaz de desarmarme así?

No iba a volver con ella. Eso lo tenía claro.
Pero volver a ella… eso era otra cosa.

La quise durante años. De verdad.
Ahora no sé si es amor o costumbre o puro deseo mal gestionado. Lo único seguro es el miedo. Miedo a lo que podría pasar si me quedo. Miedo a lo que pasa cada vez que me acerco.

No quería una relación.
Solo quería volver a sentirla.

Y aun sabiendo que eso nunca termina bien, mi cuerpo seguía pidiéndola como si no hubiera aprendido nada.

Olvidé todas las justificaciones que me repetía para mantenerme lejos. No pude resistir más.

Fui hacia ella. Estaba sola en la barra.

—Me pedís una distancia que es difícil no romper si te veo —dije, sin rodeos.

Me miró apenas un segundo. Después volvió a la computadora, como si yo fuera una interrupción menor.

—Perdón por todo lo del otro día —respondió—. Parece que no puedo dejar de ser lo que siempre fui.

Sonrió, pero no había nada real en esa sonrisa. Se levantó, dispuesta a irse.

—Creo que hace falta arreglar todo esto de otra forma —alcancé a decir.

No llegué a ver su reacción.

El entrenador apareció justo en ese momento. Me miró. Esta vez con un odio más evidente, como si hubiera escuchado cada palabra. Como si supiera exactamente qué estaba intentando.

Y, sinceramente, que él se pusiera así ya empezaba a divertirme.

Salí hacia el auto a esperar a mi hermana. Alguien tocó mi ventanilla; creo que era alguien del club.

—Hola, soy del club. Te he visto desde que estás… y quería preguntar si… ¿tenés pareja?

Y aunque esa mujer era muy linda, ojos de un verde oscuro y cabello rubio, con un cuerpo verdaderamente de gym, no era ella.

Y aunque ya lo haya intentado antes, ninguna iba a hacer que me la sacara de la cabeza.




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