Tenía claro que nada de eso iba a curar lo que mi alma grita, pero sí iba a dar calma. Tenerlo, aunque sea un poco, iba a aliviar esto que ya no puedo sostener.
Estaba segura.
Pero eso significaba que él se iba a volver a ir, incluso antes de sentirlo cerca.
Mis lágrimas no salían; quedaban atrapadas en mis ojos. Mi cuerpo, en conflicto, volvía a instalarse, y me llegó un mensaje de él.
Quería que fuera hoy, y aunque necesitaba tiempo para asimilar esto, acepté.
Tenía que esconder y no decir todo lo que sentía. Tenía que guardarme todo eso y solo expresarlo con mi cuerpo. Lo extrañaba, quería sentirlo cerca de mí y, después, aunque me matara, tenía que saber dejarlo ir.
Él iba a venir en la madrugada. Los nervios de la espera hacían que mi estómago se revolviera, mis manos sudaban y mi corazón palpitaba como en cada encuentro con él.
Llegó.
Abrí la puerta y estaba él, pasando como si, además de adueñarse de mí, se adueñara de todo. Agarrando a mis gatos y llenándolos de besos, y yo ahí, queriendo ser ellos.
Pero a mí, solo me tocaba satisfacer sus necesidades.
Lo agarré para irnos a la habitación y subimos. No dijimos ni una palabra, pero en mí algo ya se había activado.
Quería también satisfacer mis deseos. Mi deseo era él, y ahora lo tenía ahí.
Empezó a besarme entera, desde los pies hasta llegar a mi cuello. Y cuando llegó a mi boca, solo me dejó con ganas de probar sus labios. Se sentó. No entendía el porqué. Él quería y ahora parecía arrepentido.
Pero yo no podía parar. Me subí arriba, lo apreté contra mí mientras, con movimientos torpes, intenté sacarle la remera. Pero él me apartó y se paró.
—¿Qué pasa? —pregunté, con un nudo en la garganta.
Y sin decir ni una palabra, se acercó, me besó… y se fue.
El silencio volvió a instalarse, dejándome en el mismo lugar al que siempre terminaba regresando.
No lloré, no sentí, no me moví, como si hacerlo pudiera romperme.
Solo estaba ahí, como si mi cuerpo y mi alma se hubieran ausentado.
No era el rechazo.
Era haber quedado esperando que él me mostrara lo poco que estaba dispuesto a querer de mí.
La casa volvió a ser mía. Pero yo no.
Algo más se rompió en ese momento y, aunque no sabía qué era, entendía que ya no había arreglo.
No pude dormir. No quise. Quise entender.
Había aceptado poco solo para no perderlo del todo. Pero yo hacía tiempo que ya lo había perdido.
Sabía que se iba a ir antes de sentirlo cerca,
lo que no esperaba era que ni siquiera me dejara llegar a sentirlo.
Él ya no era el mismo. Ya no sabía qué pensaba ni qué quería. Lo único que conocía de él ahora eran sus palabras vacías y sus silencios que pesaban.
El problema no fue el que yo temía. Sabía que se iba a ir.
Lo que quise fue que, antes de hacerlo, al menos sanara algo en mí. Pero nada de eso pasó. Algo más se destruyó.
Repetirme que esto iba a ser lo último sonaba a falacia.
Porque aunque me mienta, yo siempre termino esperando un mínimo de su atención.
También me sentí culpable.
Le había hecho lo mismo a alguien que me quería. Alguien que aceptó tener encuentros sexuales solo para tener algo de mí. Y fui egoísta.
Merecía sentirme así.
Como seguramente se sintió mi entrenador.
Pero más que sus palabras, yo quería una explicación.
Una sin silencios. Sin frases a medias. Sin palabras vacías.
Quería que me hablara claro, aunque me doliera.
Después iba a seguir como antes, actuando como si todo estuviera completamente bien.
Aunque, en el fondo, el bien no existiera.
Ya lo había dejado ir una vez. Podía hacerlo de nuevo si él me lo pedía.
Pero él solo me daba alas, y yo ya no quería eso.
Quería la verdad.
Siempre supo que podía hacerme a su manera.
Pero ahora parecía disfrutar de verme romper.
Me quedé ahí, entendiendo que no siempre se trata de amor o de ausencia, sino de la necesidad de que el otro sea claro, de que diga la verdad aunque duela, de no tener que adivinar silencios ni sostener palabras vacías, y de aceptar que a veces irse no es perder, sino la única forma de no seguir rompiéndose.
Porque el fin de amar no siempre es dejar de sentir, a veces es entender que seguir queriendo a alguien que no te elige también es una forma lenta y consciente de destruirte.
Y yo ya estaba cansada de destruirme.
La madrugada se estiró como si no quisiera terminar nunca. Miré el techo, el celular apagado, los minutos pasando sin orden. Cada pensamiento volvía siempre al mismo punto, como si mi cabeza se negara a avanzar.
#297 en Detective
#260 en Novela negra
#darkromance, #obsesionesquedestruyen, #dependenciavulenrabilidad
Editado: 19.01.2026