Fragmentos de Nosotros

El Orden que Inventé

No me fui esa noche porque no me importara.
Me fui por lo contrario.
Fue demasiado familiar. Y ahí estuvo el problema: no fue solo deseo. Hubo algo más. Algo viejo. Algo que no quería volver a sentir.

En ese instante, el cuerpo reaccionó antes que la cabeza, y eso me asustó. Sentí esa cercanía que no es solo piel. Esa que te desarma un poco las defensas. Esa que te hace quedarte un segundo más de lo que deberías. Y entendí que, si seguía ahí, si me quedaba un minuto más, iba a cruzar un límite que después no sabría explicar.
No porque fuera amor.
No voy a mentirme con eso.
Pero tampoco era nada.

Había algo en su forma de mirarme, en cómo me sostuvo la cara, que me devolvió una versión de mí que no quiero habitar. Una donde empiezo a prometer sin decirlo. Una donde confundo intensidad con verdad.

Por eso me fui.

Aunque haya cambiado, ella seguía siendo la misma de antes, y no podía permitir que volviera a pasar. Y aunque ella seguía siendo mi más profundo deseo, yo debía alejarme.

Dejé de ir al gimnasio y esperaba a mi hermana en la esquina para ni siquiera mirarla. Sabía que, si lo hacía, podría terminar en lo mismo otra vez.

Sé cómo termina, sé que volvería a perder y no quiero permitirlo.

Y así fue, pasaron años sin tener algún tipo de comunicación con ella. Empecé a trabajar también como seguridad en la noche, y en el día, en mi trabajo de siempre. También me anoté en una liga de fútbol.

Había una chica que, aunque sabía que siente atracción por mí y aunque yo quería intentar y olvidar, ni siquiera podía no pensar en ella cuando la veía. Pero estaba dispuesto a seguir conociéndola.

Odiaba cómo se había metido en mi cabeza. Se había convertido en alguien que amé tanto y que solo supo destruir todo. Aun así, iba a intentar sacármela por completo, dejarla atrás.

En el trabajo todo estaba bajo control. Los horarios, los recorridos, los silencios. Cada cosa en su lugar, cada movimiento previsto. Me gustaba saber qué venía después, no llevarme sorpresas. La noche era siempre igual y eso me tranquilizaba. Mientras yo estuviera atento, nada podía salirse del margen. Ahí no había emociones, solo tareas.

Dormí tres horas y luego fui a mi segundo trabajo. Trabajar en la noche me mataba, pero estaba construyendo mi propia casa, así que era necesario. También ayudaba a que me dejaran los pensamientos, solo quería no pensar en nada.

Llegué a casa y me esperaban con la comida. Iba a extrañar eso cuando me vaya. Mis padres renegando, mis hermanos peleando, pero tenía que tener mi espacio, quería estar solo.

Mañana por fin iba a ser fin de semana. Podía seguir con la casa, no le faltaba mucho. Faltaba lo interior; ya la otra semana podría empezar a mudarme.

Elegí una zona bastante tranquila, una casa no muy grande, pero perfecta para mí. No veía la hora de instalarme.
Casi quedó lista, pero ya tenía que irme. Los últimos arreglos iba a hacerlos ya cuando me mudara.

La semana no pasó tan rápido como hubiera querido. He dormido muy poco y hubo imprevistos, pero ya era viernes.
Salí de mi segundo trabajo hacia casa.

Hoy era mi último día ahí y en la mañana ya me iba. Mamá iba a cocinar, papá me ofreció un vino, mi hermano dijo que iba a dibujar algo para que me lleve a mi casa, y mi hermana dijo que pasaba por el shopping a traerme un regalo.

Llegué, y mi hermano me dio su regalo. Nos dibujó jugando PlayStation. Mis padres ya habían terminado de cocinar. Solo faltaba mi hermana, que no contestaba su celular, que seguramente había olvidado cargarlo, como siempre.

Pero los minutos se hacían sospechosos y no pudimos evitar preocuparnos. Mi mamá llamó a sus amigas cercanas y solo una de ellas dijo que, después de ir al shopping, ella le había dicho que se iba a su casa, pero desde que había dicho eso habían pasado tres horas.

Enseguida fuimos a la estación de policía, mientras mi hermano se quedó en casa a esperarla.
Una hora más esperando en la estación para escuchar que mi hermana había tenido un accidente automovilístico.

Sin asimilar del todo, fuimos al hospital que nos mandaron. Pregunté por mi hermana, buscaron su nombre y, al mirarme, solo dijo:

—Fue traída hace unas horas con signos vitales, pero falleció a los minutos.




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