Lo amaba. Lo sigo amando. Cada fibra de mí lo gritaba, pero algo me detenía. La promesa que me hice de no dejar que me controlara… la distancia que necesitaba para no perderme otra vez… todo se mezclaba con ese miedo a perderlo.
Estaba atrapada en un momento que parecía no tener fin. Su imagen me seguía, sus manos que no podía tocar, sus ojos que no vi… cada recuerdo se volvía más cruel.
Era un castigo personal y, al mismo tiempo, mi acto de amor propio más puro. Ya no quería sufrir. Estaba cansada de volver a perder una y otra vez. Tenía que tomar fuerzas donde nunca las hubo. Aun así, las inventaría…
Pero ya no.
Me senté en esa piedra frente al mar, esa que se había vuelto un hábito mental. Escuchar las olas violentas, el olor a maresía, el aire fresco… hacía que cada parte de mí encontrara calma por un momento.
Siempre odié ser tan sensible al mundo. Tan susceptible. Que cada cosa me afecte y me atraviese. Siempre me hizo sentir débil. Creía que estaba destinada a sufrir. Y así fue.
Pero ya no puedo seguir así. Quiero vivir en paz conmigo. Dejar de lastimarme. No me voy a rendir. Nunca lo hice. Siempre intenté salir de esto y, aunque nunca pude del todo… nunca dejé de intentarlo.
Esta vez no será diferente. Aunque tenga que arrancarme el corazón con mis propias manos. Ya no quiero sentir.
Él vuelve a querer acercarse, como si nada. Como si no nos hubiéramos partido en mil pedazos. Como si todavía quedara algo intacto entre nosotros.
Sé que no es amor. Siempre lo supe. Incluso cuando creía que sí.
Pero nunca me importó. Solo quería tenerlo. Que fuera mío. Y nunca terminó de serlo. Solo pensaba en estar con él y no soltarlo jamás. Pero nunca pude. Ni siquiera podía sostenerme sola y lo perdí, mucho antes de tenerlo.
Nunca hubo otra persona. Siempre fue él. El único hombre por el cual me sentí así. Nunca pude explicarlo en palabras. No era atracción, era algo más fuerte.
Como si lo necesitara para respirar. Como si perderlo me costara la vida. Como si todo girara en torno a él. Estaba dispuesta a dejarlo todo. Incluso a mí… por él.
Era peligroso. Hubo un momento en que ese dolor, la humillación y su desprecio… también se sentían bien. Como si cada cosa que hacía me satisfaciera. Y aunque lo sabía… me estaba matando lentamente.
Incluso cuando sentía lástima por mí, su culpa me lastimaba… y aun así alimentaba todo lo que sentía. Cada vez lo amaba más. Cada vez me costaba más resistirlo.
Sé que no está bien. Sé que tengo que alejarme. Sé que ya no puedo seguir hundiéndome con él. Debo dejarlo ir.
Se acercaba. Lo vi antes de escuchar su voz: su presencia, el aire alrededor cargado de algo que me hacía temblar. Quise decirme que lo podía controlar, que lo había dejado atrás. Pero cada paso suyo me desarmaba sin tocarme. No entendía por qué estaba en este lugar, justo hoy.
No dije nada. Quedé paralizada. Quería huir, quería quedarme. Él de nuevo me desestabilizaba. Todas las palabras que intentaba repetir en mi mente se desvanecían en cuestión de segundos.
Tampoco dijo nada. Se sentó a mi lado, mirando hacia el mar, en silencio, por un largo momento… hasta que ese silencio se rompió.
—¿Por qué te fuiste? —dirigió la mirada hacia mí y continuó—. Cuando desperté quería verte… y te fuiste.
Me quedé perdida en su mirada. La anhelaba, la deseaba… lo deseaba entero, y de nuevo me obligaba a apartarme.
—Yo solo quería que estés bien… y así fue.
Podía sentir su mirada clavada en mí. Ya no podía aguantar mis ganas de él. Tenía que salir de ahí. Me levanté para irme… hasta que me frenó y me abrazó.
Me sentí atrapada entre mi propia cabeza y mi cuerpo. Su abrazo era demasiado. No quería sentirlo… y al mismo tiempo no quería soltarme.
Olía a él, su calor me quemaba y cada latido parecía derrumbar todo lo que me había prometido: no caer, no ceder, no depender.
Quise respirar. Poner distancia. Recordarme que debía irme, que esto no estaba bien… pero cada músculo mío se relajaba contra él.
Como si todo lo que había perdido, todo el vacío que cargaba, se llenara con su cuerpo pegado al mío. Sentí miedo. Miedo de mí misma, de mis ganas, de lo que pasaría.
Lo aparté. Quería mil cosas… pero solo lo solté. Lo miré a los ojos. Quería decirle que ya no, que no podía, que me estaba muriendo… pero nada salió. Me fui, pero esta vez… sabiendo que iba a volver.
Mi respiración se mezclaba con el aire salado, con el rugido del mar, con todo lo que sabía que no debía sentir… y aun así lo sentía.
No dije nada. No lo miré. Solo seguí caminando, mientras dentro mío algo sabía que volvería a caer. Que no importaba cuánto me prometiera, cuánto me jurara alejarme de él… siempre terminaría así, atrapada entre miedo, deseo y la necesidad de tenerlo, aunque me destruyera.
Mi pecho se desbordaba, mis manos sudaban, un nudo me apretaba el estómago. Todo era él: su aroma, su calor, su vacío que me arrastraba.
#228 en Detective
#214 en Novela negra
#darkromance, #obsesionesquedestruyen, #dependenciavulenrabilidad
Editado: 10.02.2026