No sé en qué momento empecé a sentir que con ella todo se acomodaba.
No era felicidad exactamente. Era silencio. Un silencio distinto al de estar solo. Más liviano.
Cuando estoy con ella, las cosas no pesan tanto. No pienso demasiado. No me pregunto si estoy haciendo las cosas bien o mal. Simplemente estoy.
Me gusta cómo me mira. No porque me haga sentir importante, sino porque me hace sentir suficiente. Como si, por un rato, no tuviera que demostrar nada.
A veces la noto frágil. Más de lo que dice. Pero no la pienso como alguien que necesita ayuda. La pienso como alguien que encaja con mis partes cansadas.
Con ella el mundo baja el volumen.
Sin ella, todo suena un poco más fuerte.
No planeo nada cuando estoy con ella. No imagino futuros. No me veo en escenas largas. Me alcanza con el presente. Con la calma que trae en su caos.
Cuando me voy de su casa, siento ese tirón leve en el pecho. No es amor desesperado. Es costumbre anticipada. Sé que en unas horas voy a pensar en escribirle. No para decir algo importante. Solo para que vuelva esa sensación.
No la elijo a ella cada vez.
Elijo cómo me siento cuando estoy con ella.
Y eso, aunque no lo diga en voz alta, sé que no es lo mismo.
Es un vicio del que no quiero salir. No porque no sepa que puede hacerme mal, sino porque ahora mismo me sirve.
No tengo certezas de nada.
Solo sé que ella es una salida.
Y hoy, eso me hace bien.
En el resto de mi vida no hay espacio para que algo me atraviese. Trabajo. Respondo. Cumplo. Camino por los días como si fueran habitaciones iguales.
Nadie me pregunta demasiado y yo tampoco ofrezco nada. Es más fácil así.
Me acostumbré a no sentir mucho. A resolver antes de que algo me toque. A veces me sorprendo hablando y escucho mi propia voz plana, como si siempre estuviera a una distancia prudente de todo.
No me molesta.
Es funcional.
Pero cuando estoy con ella, algo se afloja. No porque quiera impresionarla ni porque esté intentando ser distinto. Simplemente pasa. Me escucha como si lo que digo importara y entonces empiezo a decir cosas que no suelo decir.
Le hablo del miedo que no nombro en ningún otro lado. De esa sensación constante de estar quedándome atrás, de no saber bien hacia dónde voy.
Con ella no tengo que sostener la postura.
Es extraño. En mi vida cotidiana soy frío. Con ella me permito temblar un poco.
Será porque nos vimos de mil formas desnudos, en cuerpo y en alma. Vemos nuestros defectos y, aun así, nos elegimos, sabiendo que somos nuestro propio daño.
Lo que más me inquieta no es que pueda irse.
Es darme cuenta de que, si se va, algo en mí va a quedar expuesto.
Siempre fui bueno detectando salidas.
Entro a cualquier lugar y lo primero que ubico es la puerta por donde podría irme si algo se complica. Restaurantes, reuniones, relaciones. No es ansiedad. Es estrategia. Me gusta saber que no estoy atrapado.
Con ella pensé que era distinto. Me dije que no estaba escapando de nada, que simplemente me hacía bien. Que era liviano. Que era presente.
No porque quiera huir de ella.
Porque con ella puedo huir de mí.
Cuando estoy a su lado no escucho ese ruido constante que me persigue. Esa voz que me recuerda todo lo que no estoy haciendo, todo lo que debería ser, todo lo que todavía no soy. Con ella ese ruido baja. Se vuelve soportable.
Y es peligroso.
Porque no la estoy eligiendo solo por lo que es.
La estoy eligiendo por lo que me evita sentir.
A veces la miro mientras duerme y me pregunto si entiende el lugar que ocupa. No en mi corazón. En mi estructura. Es la puerta luminosa al fondo del pasillo cuando todo empieza a incendiarse.
Si el trabajo me asfixia, voy a ella.
Si me siento insuficiente, voy a ella.
Si el silencio se vuelve demasiado pesado, voy a ella.
Tengo miedo de perderla.
Pero también tengo miedo de que un día deje de servirme como salida y entonces no sepa por qué quedarme.
Eso es lo que no le digo.
Eso es lo que no quiero admitir.
No quiero quedarme atrapado.
Pero tampoco quiero apagar la luz roja que me indica por dónde huir.
Y también que, si sigo usándola como salida, un día no sé si va a estar del otro lado.
#199 en Detective
#189 en Novela negra
#darkromance, #obsesionesquedestruyen, #dependenciavulenrabilidad
Editado: 10.03.2026