Fragmentos de Nosotros

La Roca y la Marea

Se quedó quieto un segundo de más, como si esperara que yo completara la escena.
Antes siempre lo hacía. Antes yo cerraba la distancia.

Esta vez no.

Lo miré. Directo. Sin bajar la vista. Sin sonreír primero.

—Estás distinta —me dijo.
No preguntó. Señaló.

Sentí el impulso de suavizarlo todo, de decirle que no, que era la misma, que podía relajarse. Pero me sostuve.

—No. Estoy más tranquila.

Mentí un poco. Porque tranquila no era la palabra. Controlada, tal vez. Contenida. Consciente.

Se acercó. Demasiado. Como antes. Su manera de invadir siempre fue sutil, casi elegante. No empuja. Avanza. Y espera que yo retroceda.
No retrocedí.

—No me mires así —murmuró.

—¿Así cómo?

—Nada… cosa mía.

No entendí, pero pude ver miedo en sus ojos.
Y yo… yo todavía sentía ese reflejo interno de decirle que sí. Que lo necesitaba. Que mi cuerpo lo reconoce antes que mi orgullo. Que cuando tarda en responder algo en mí se inquieta.
Pero ya no quería entregarle esa parte sin pensar.

—No juegues conmigo —continuó.

Lo miré. Primero su mano. Después sus ojos.
Podría haberme soltado. No lo hice.
Ahí está mi contradicción.
Más ausente, sí.
Pero todavía permitiendo.

No supe qué decir. No era un juego.
Pero sí era un ganar o perder.
Simplemente me reí, intentando no revelar mis intenciones, aunque sabía que él las percibía igual.
Y estaba claro que no estaba ahí por amor.
Yo tampoco.

Pero ahí estábamos. Intentándolo.
Intentando revivir algo que murió un día.
Recuperar algo que, si soy honesta, nunca terminó de existir.

Fingiendo una versión de nosotros que solo funcionaba en el recuerdo.
Y aun así… había algo.

Algo que hacía inevitable acercarnos.
Algo que hacía inevitable alejarnos.
Como si necesitáramos esa tensión para sostenernos.
Como si la calma sin caos nos resultara ajena.

Éramos eso.
Movimiento y pausa.
Luz que no se entiende sin sombra.
Algo que nos atraía.
Algo que nos empujaba.

Como si solo supiéramos existir en ese equilibrio inestable.
Ni juntos del todo.
Ni separados por completo.

Aun así, siempre me reconocería en esos ojos.
Me encendería con un simple roce.
Y me ataría por completo, aunque me quemara mil veces en esa indiferencia disfrazada de amor.

Lo miro y sé exactamente lo que estoy haciendo.
No hay sorpresa. No hay promesas que me haya hecho él que yo esté creyendo.

Sé que cuando me toca, algo en mí se enciende antes de que pueda pensarlo.
Sé que cuando me mira fijo, con esa mezcla de deseo y control, me siento elegida.
Él sonríe apenas. No porque haya ganado. Porque sabe que no me estoy yendo.

Su mano roza mi cintura. Apenas. Lo suficiente.
Y mi cuerpo responde como si no hubiera aprendido nada.
Esa es mi contradicción.

Él me acerca más a su cuerpo. No pregunta. Toma.
Podría apartarlo.
No lo hago.
No porque no pueda.
Sino porque quiero comprobar algo.
Quiero saber si esta vez me ato por elección o por costumbre.

—No soy tuya —le digo en voz baja.
Pero no me suelto.

Él baja la cabeza hasta mi cuello. Su respiración me desarma la lógica.

—Entonces andate —susurra.

Y ahí está la verdad.
Podría hacerlo.
Podría dar media vuelta y demostrarme que ya no dependo.

En cambio, me quedo.

—Decime algo —dice de pronto, mirándome fijo—. ¿Por qué me mirás como si ya supieras cómo termina esto?

Sonrío apenas.

—Porque lo sé.

Frunce el ceño.

—Siempre hacés eso. Te adelantás. Como si estuvieras esperando que arruinemos todo.

—¿Y no lo hacemos?

Suspira, incómodo.
—Yo no vine a arruinar nada.

—¿A qué viniste? —pregunto, queriendo escuchar su versión.

Se queda callado unos segundos. No tiene una respuesta preparada. Eso es nuevo.

—Vine porque no puedo dejarte en paz —dice al final—. Porque cuando intento alejarme, siento que estoy perdiendo algo que es mío.

Ahí está.

—No soy tuya —le digo tranquila.

—No hablo de posesión —responde rápido, demasiado rápido—. Hablo de… no sé. De lo que tenemos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.