Fragmentos de oscuridad

Capítulo 11

El sudor me resbala por la nuca y la respiración aún es irregular, pero no es agotamiento físico lo que siento; es algo más profundo, como si cada día con Erdon me dejara la piel un poco más fina y los sentidos más despiertos.

Erdon me detuvo antes de dejar la sala.

—El Consejo ha vuelto a reunirse con su padre —dijo, como si no quisiera admitir lo que ello implica—. Discuten si continuar con su preparación o cancelarla. Muchos piensan que no servirá para nada.

No dijo más, pero lo supe igual: muchos prefieren que yo siga siendo la versión dócil y ciega que mi padre moldeó.

Salgo al corredor principal, sintiendo aún la energía del entrenamiento zumbando bajo mi piel, inquieta. Solo necesito aire. Un respiro.

Mientras camino sin rumbo fijo, cada palabra de Erdon me golpea otra vez, mezclándose con el cansancio, la presión y la incertidumbre que rodea mis días. Me llevo una mano a la sien; el dolor amenaza con regresar, punzante, y por un instante deseo desaparecer, detenerlo todo…, aunque sea un segundo.

Entonces una figura aparece al final del corredor y me arranca de mis pensamientos. Le reconozco antes incluso de que abra la boca.

Therniel.

Trago saliva, y mi pulso se acelera sin permiso. Camina hacia mí con paso medido, demasiado formal, como si también supiera que algo entre nosotros se ha roto y ninguno quiere tocar esa grieta.

—Nyxenya —me saluda con una inclinación mínima de la cabeza. Su voz suena contenida, tensa. Nada queda de quienes éramos.

Se detiene a una distancia prudente, la misma que le pedí respetar desde que dejé claro que no quería su cercanía. Ha insistido en mantener la amistad, en intentar que lo que éramos no se viera perjudicado por lo que ahora somos, pero yo no puedo. No después de saber que él también tomó partido del destino que otros han decidido para mí.

Y lo peor es que creo que ni siquiera lo entiende. Pero ese día, no solo le perdí a él sino que perdí una amistad que creí indestructible, una lealtad que jamás pensé que se quebraría, y perdí una parte de mí. Lo que más me duele es que no fue una pelea lo que nos separó, ni un error, ni siquiera una traición evidente. Fue una decisión que otros tomaron por nosotros, y que él aceptó.

Él sigue intentando reconstruir un puente que ya está quemado. Y yo sigo siendo la que lo incendió, aunque la llama no la prendiera yo.

No es que no quiera hablarle. No es que no quiera tenerle cerca. No es que no le eche de menos, y mucho menos que no le necesite. Es que no sé cómo mirar a alguien que ha elegido formar parte de la jaula en la que vivo. No sé cómo sostener su mirada sin sentir que algo dentro de mí se rompe un poco más cada vez.

Therniel respira hondo, como si buscara valor para decir algo más. Me mira, esperando una palabra.

No la habrá.

—Solo quería avisarte, por si nadie lo ha hecho —empieza—. Esta noche habrá una cena con… Nuestras familias.

Aprieto la mandíbula, sintiendo como algo dentro de mí se tensa.

Él me observa, esperando una reacción, una mínima señal de aceptación, pero no se la doy. ¿Cómo podría?

Espero en silencio, respirando ese peso que vuelve a hundirme el pecho, sabiendo que esta noche algo volverá a romperme.

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El resto del día no fue más que un caos de pensamientos y conversaciones mentales sin fin. Ni siquiera me despedí de Therniel, y eso ahora me pesa. Me duele ser así con él, pero me duele mucho más todo lo que ha ocurrido.

Ceryn también me anunció que esta noche se celebraría una cena con mi familia y la de él. Resulta irónico —y doloroso— que mi propia doncella sepa más de mi propia vida que yo misma, que incluso a ella la avisaran antes que a mí.

La rabia me bulle bajo la piel, y no solo por este hecho, sino también por las palabras de Erdon, que aunque lejanas frente a lo que me espera esta noche, no consiguen abandonar mi mente. Trazan mi vida, disponen de ella, la rehacen y la vuelven a moldear…, mientras yo apenas soy una espectadora de este teatro que han montado a mi alrededor.

¿Y qué me queda?

Un golpe suave en la puerta me arranca de mis pensamientos.

—Es la hora —dice una voz del otro lado.

No necesito preguntar a qué se refiere, Ceryn me comunicó que un Custodio me vendría a recoger pero nunca pensé que sería tan tarde. Me pongo en pie y camino hacia el umbral.

Asiento brevemente al situarme junto al Custodio que me acompañará. Y así avanzo, perdiendo la noción del tiempo mientras me dirijo hacia el salón principal; solo sé que cada paso parece más pesado que el anterior, pero no es el camino lo que me pesa, sino lo que me espera allí dentro.

Al doblar el último pasillo, se me eriza la piel al escuchar el murmullo proveniente del salón. Voces bajas. Cubertería. Todos están ya dentro, por supuesto. Me detengo frente a las puertas con la respiración contenida; el temblor leve de mis manos me traiciona… Pero justo entonces, el aire se vuelve cálido a mi lado.

—Hace un par de horas tuve conocimiento de esta cena —susurra Erdon, sin mirarme—. Consideré que sería buena idea que no entrara sola.




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