Fragmentos de oscuridad

Capítulo 26

El Pórtico de los Susurros se alza ante mí. Una imponente y profunda galería enmarcada por una sucesión de arcos sinuosos, esculpidos en un cristal de pleamar que desprende destellos capaces de obligarme a entrecerrar los ojos. Toda la estructura se encuentra salpicada por una vegetación que solo había visto antes en los libros que Erdon me mostró; creo recordar que algunos de los que observo se llamaban coralis, y sus tonos lilas son idénticos al cielo de este Dominio cuando el sol comienza a desvanecerse. Al mismo tiempo, percibo otras especies que no logro reconocer, poseen un azul verdoso que se camufla a la perfección con las enredaderas que brotan de los resquicios de la piedra. La silica opalina de las columnas atrapa estos matices verdosos, azulados y lilas, reflejándolos sutilmente en su superficie translúcida, tal y como si la bruma hubiera quedado atrapada en el hielo.
Tras atravesar la profunda bóveda del Pórtico, una escalinata, que parece haber sido tallada por la erosión de las propias corrientes marinas, desciende hasta sumergir sus últimos peldaños en un estanque natural de un agua azulada que jamás había contemplado. El lugar está rodeado de cascadas cuyo rugido resuena contra las paredes y llega hasta mis oídos como si las superficies contaran una historia que aún no soy capaz de descifrar.

Me apoyo en la barandilla y el tacto gélido de la silica opalina me muerde las palmas; un frío resbaladizo que me sirve como recordatorio de que aquí todo es mineral y agua, elementos que me resultan demasiado ajenos. Aspiro la bruma que flota en el aire, saboreando el salitre en mis labios al mismo tiempo que cierro los ojos, y, por un segundo, el estruendo de las cascadas me hace pensar que quizás hoy sea menos difícil de lo que esperaba.

—Hola —susurra una voz a mi espalda.

Siento una mano en mi hombro que me da un apretón cariñoso. Me giro sobre mis talones, apoyando la espalda en la barandilla, y le devuelvo la sonrisa a Gaedric. Él mantiene sus manos tras la espalda en una postura rígida, pero su expresión es relajada, casi reconfortante.

—¿Recuperada ya de lo ocurrido con las Auralias? —pregunta con una suavidad que no me incomoda.

—Sopesando aún lo ocurrido —contesto con sinceridad.

Pensaba que el transcurso de las horas y el silencio de la noche me darían claridad, pero la realidad es que mi mente se ha convertido en un sin fin de preguntas sin respuesta. Las sospechas sobre Aelis y sus intenciones se me enredan en la garganta, haciéndome sentir asfixiada. Necesito hablar con Erdon, exigirle que me explique su actitud, pero me aterra escuchar algo para lo que probablemente aún no estoy preparada o enfrentar una realidad que ha llegado demasiado deprisa.

—Creo que nadie estaba listo para lo que hicieron las Auralias, pero me alegro de que haya sido así —comenta Gaedric, recorriendo el paisaje con la mirada—. Ahora Vesperia no podrá negar que eres una Legado que ha venido a reclamar su lugar.

—Aún tengo que pasar las pruebas para serlo de verdad —murmuro, encogiéndome de hombros mientras me concentro en la caída de la cascada más próxima.

—No veo razón alguna para que no las pases —dice él, volviéndose hacia mí—. Tu poder demostró no solo que te pertenece, sino que te protege. Nunca había visto algo así, y creo que los demás tampoco.

No respondo. No sé hasta qué punto sería buena idea desnudarme emocionalmente y confesar que, hasta ese mismo instante, yo tampoco sabía que mi oscuridad podía protegerme.

La entrada de Vesperia en el Pórtico me ahorra la respuesta. La Guardiana del Mar se detiene en el centro de la estructura mientras los demás Legados comienzan a agruparse a su alrededor. Gaedric y yo nos separamos de la barandilla y nos acercamos al resto, sintiendo cómo el ambiente se vuelve denso y cargado de una expectativa eléctrica.

—Legados —comienza Vesperia con una voz serena que resuena en las bóvedas cristalinas del Pórtico—. Dispondréis de cinco días para conocer nuestras aguas, para adentraros en ellas y amoldaros a unas profundidades para las que, os aseguro, no estáis preparados. Practicaréis con el fin de sentiros parte de este mundo. Después de ello, se realizará la prueba.

Es en ese momento, al mencionar la realización de la prueba, cuando su mirada me alcanza como un látigo. Es un vistazo rápido, cargado de una intención que no descifro, pero en cuanto mis ojos se topan con los suyos, desvía la vista hacia los demás con una indiferencia que parece ensayada.

—Todos debéis realizar las prácticas. Sin excepciones, Hadal.

Hadal hace un mohín de desaprobación, pero no replica. Vesperia inclina la cabeza antes de abandonar el Pórtico de los Susurros con una elegancia gélida. Casi al instante, uno de sus Custodios aparece escoltando a Erdon.

—Buenos días. Mi nombre es Varian —se presenta el custodio con una sonrisa afable que relaja ligeramente el ambiente—. Estaré con ustedes durante el periodo de prácticas. Les guiaré, les ayudaré y les aconsejaré en lo que necesiten.

Varian recorre el grupo con la mirada, deteniéndose un segundo más en mí antes de continuar:

—A excepción de la Legado Nyxenya, todos han pasado ya por este proceso. Sin embargo, les recuerdo que el agua siempre esconde más secretos de los que revela. Tomen esto como un complemento a lo aprendido; quizás les sorprenda descubrir algo que ignoraban.

Los demás asienten y noto en ellos una mezcla de incertidumbre e ilusión. Y eso…, el saber que para ellos esto puede guardar sorpresas me permite soltar un poco de aire; me tranquiliza saber que, por una vez, no seré el centro de atención.




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