Amo mi compañía.
Amo caminar por lugares desconocidos,
sin rumbo,
sin un punto fijo.
Mientras el frío de la tarde toca mi rostro,
voy conociendo el lugar,
mirando las risas en la plaza,
los niños,
las personas perdidas en sus propios mundos.
Amo caminar,
descubrir,
y recordar que existe más.
Mucho más mundo
del que conozco.
Amo la lluvia sobre mis mejillas,
el frío de la noche,
esa extraña sensación
de no ser nadie para nadie.
Soy una desconocida,
y me gusta.
Amo descubrir,
mirar,
perderme un poco
para encontrar algo nuevo.
Pero, sobre todo,
amo saber que puedo irme,
quedarme,
cambiar de camino
o no tener ninguno.
Amo mi libertad.