Fragmentos del alma

Relevo

⚠️ Advertencia de contenido: Este capítulo contiene una escena sensible relacionada con intento de agresión sexual.
Se recomienda discreción y evitar la lectura si este tipo de contenido puede resultar perturbador.

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Las vacaciones de mitad de año estaban cerca, y Gabriel solo debía soportar una semana más.

Aura seguía enferma por lo que había dejado de asistir a las clases, por lo que Gabriel estaba solo, absolutamente solo.

Una semana más de acoso, de golpes, de humillaciones. Luego, tendría un descanso de Kevin y de todo lo que él significaba.

Pero algo estaba mal.

Kevin no lo había molestado en días. Y eso solo significaba una cosa: estaba tramando algo peor.

El viernes, cuando la jornada escolar terminó y los pasillos quedaron vacíos, lo sintió. Ese escalofrío en la espalda. Esa presencia detrás de él.

-Hola, Gaby -susurró una voz en su oído.

La sangre se le heló.

-¿Nos podrías acompañar a un lugar? -Kevin sonrió.

Gabriel intentó alejarse, pero unas manos lo sujetaron con fuerza. Una palma cubrió su boca antes de que pudiera gritar.

-Esa respuesta es incorrecta -susurró Kevin-. Solo será una pequeña despedida.

Esas palabras lo hicieron temblar.

Lo arrastraron fuera del colegio, hasta un viejo almacén donde se guardaban herramientas de jardinería. Dentro, varios chicos más lo esperaban. Todos eran mayores. Todos lo observaban con ojos oscuros.

Kevin se acercó lentamente, disfrutando de su miedo.

-Tal vez te preguntes: "¿Por qué me hacen esto?" -dijo con burla, imitando su voz-. Pues es simple: me das asco. Te odio. Y hoy aprenderás tu lugar.

Gabriel sintió que le faltaba el aire.

Kevin chasqueó los dedos.

Los demás rodearon a Gabriel, y el miedo lo paralizó cuando vio lo que estaban haciendo.

Se estaban bajando los pantalones.

El terror lo golpeó como un puñetazo.

-No... -susurró, su voz temblorosa.

-Tócalo -ordenó uno de los chicos, acercándose demasiado.

Gabriel retrocedió.

-¡No! -gritó, intentando escapar.

Una bofetada brutal lo mandó al suelo.

-No te lo pedí. Te lo ordené.

Las manos lo sujetaron. No importaba cuánto luchara, eran demasiados. Lo tumbaron boca abajo, inmovilizándolo. Sus dedos desesperados arañaban el suelo mientras forcejeaba con todo su cuerpo.

-No llores, enano. Te va a gustar.

No... no

Un grito desgarrador escapó de su garganta.

Alguien le tapó la boca. Un golpe en la cabeza lo dejó mareado.

Y entonces, algo dentro de él se rompió. Todo se volvió negro, y en la oscuridad, escuchó una voz.

- Te defendiste bien. Ahora descansa.

El cuerpo de Gabriel se estremeció. Sus músculos se tensaron, su piel se erizó. Sus huesos crujieron como si algo nuevo emergiera dentro de él. Los dedos que temblaban de miedo se cerraron en puños.

El pequeño niño desapareció.

En su lugar, un adolescente alto y fuerte se puso de pie.

Los abusadores se apartaron instintivamente.

-¿Qué... qué es eso? -susurró uno, aterrorizado.

Dylan alzó la mirada.

-¿Qué pasa? ¿Tienen miedo? - Su voz era grave, rasposa, firme.

Los atacantes intentaron abalanzarse sobre él. Dylan no se movió.

Uno lanzó un golpe. Dylan lo detuvo con una sola mano.

El chico gritó cuando Dylan le torció la muñeca hasta hacer que cayera de rodillas.

-Uno menos.

El siguiente se lanzó con un puñetazo. Dylan lo esquivó y lo derribó con un solo golpe en el estómago.

Otro trató de atacarlo desde atrás. Dylan giró con precisión y le conectó un puñetazo en la mandíbula, dejándolo inconsciente.

Uno a uno, todos cayeron. Excepto Kevin.

Kevin temblaba, su rostro sin rastro de la arrogancia de antes.

Dylan lo observó con frialdad.

-Lo que sientes ahora -dijo con voz serena- no es ni la mitad del terror que le hiciste pasar al pequeño.

Kevin tragó saliva.

-Eres un monstruo...

Dylan sonrió con ironía.

-No, Tú lo eres.

Lo agarró por las solapas de la camisa y lo levantó del suelo.

-Golpearte sería demasiado fácil. Pero eso no pagaría ni una fracción del daño que causaste.

Kevin intentó hablar, pero Dylan lo hizo callar con una mirada.

-No volverás a tocar a Gabriel. No volverás a tocar a Aura. -Su tono se endureció-. Y si le cuentas a alguien lo que pasó hoy... te haré desaparecer.

Kevin asintió frenéticamente.

-No volverá a pasar, lo juro...

Dylan lo soltó.

-Bien. Ahora irás con el rector y confesarás todo lo que has hecho.

Kevin palideció.

-No... si lo hago, me expulsarán... mi padre... me castigará como nunca...

Dylan lo estudió en silencio.

-¿Qué clase de castigo?

Kevin, con voz temblorosa, habló sobre su hogar. Sobre su padre. Sobre todo lo que le había enseñado.

Dylan cerró los ojos un momento.

-Harás lo que te dije. Y nada te pasará. Pero si no lo haces... ya sabes lo que ocurrirá.

Kevin salió corriendo.

Dylan exhaló.

Luego, posó una mano en su pecho y habló en voz baja.

- Todo está bien ahora. Descansa.

Su cuerpo comenzó a encogerse. Sus músculos desaparecieron. Su altura disminuyó.

Cuando abrió los ojos, Gabriel estaba de vuelta.

Sus manos temblaban, su respiración era errática y no sabía qué acababa de pasar. Pero una cosa era segura: nunca volvería a ser el mismo.

El cuerpo de Gabriel se sentía pesado. No entendía lo que acababa de pasar, pero una voz parecía guiarlo "Ve a la rectoría".

Gabriel sacudió un poco la cabeza tratando de aclararse pero obedeció a la voz.

Kevin se dirigió a la dirección, como Dylan le había ordenado. Dylan no había tomado venganza, no había devuelto el dolor con más dolor.

Lo había obligado a enfrentarse a la verdad, y eso era para el aún más doloroso que cualquier golpe.



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En el texto hay: traumas, drama, transformaciones

Editado: 30.01.2026

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