Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 3 — La orden del Rey

Alyssa llegó al edificio del mando cuando el cuartel apenas comenzaba el entrenamiento de la mañana.

Desde el patio principal llegaban los golpes secos de las espadas de madera, las órdenes de los instructores y el sonido de cientos de botas golpeando la tierra al mismo ritmo. Durante un instante sintió el impulso de girar y caminar hacia allí. Su lugar siempre había estado junto a Kieran, en la tercera fila, donde entrenaban desde que los habían convertido en compañeros doce años atrás.

Aquella mañana, sin embargo, nadie la esperaba en el patio.

Dos guardias permanecían inmóviles frente a la oficina del comandante.

No pertenecían al Quinto Fragmento.

Sus armaduras plateadas brillaban bajo la luz del amanecer y el emblema del Reino de Arthenya descansaba sobre sus pecheras.

Guardia Real.

Alyssa redujo apenas el paso.

Jamás había visto soldados de la Guardia Real dentro del cuartel.

Uno de ellos abrió la puerta sin decir una palabra.

—Zephyr.

Entró.

La oficina era sobria. Un escritorio de madera oscura, varios mapas extendidos sobre una mesa lateral y una enorme ventana desde donde podía verse casi todo el campo de entrenamiento.

El comandante permanecía de espaldas, observando el patio.

—Llegaste puntual.

Alyssa apoyó una mano sobre el cinturón donde normalmente llevaba la espada. Aquella mañana le habían ordenado presentarse sin armas.

—Nunca llego tarde.

Una sonrisa casi imperceptible apareció en el rostro del comandante.

—Eso dicen.

El silencio volvió a instalarse entre ambos.

Ella esperó una explicación.

No llegó.

—¿Para qué me llamó?

El comandante giró finalmente hacia ella. Era un hombre que rondaba los cincuenta años. El cabello comenzaba a teñirse de gris y una cicatriz cruzaba desde la sien hasta la mandíbula. Había entrenado generaciones enteras de soldados y jamás desperdiciaba una palabra.

—Síguelos.

Alyssa miró de reojo a los guardias.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—¿Cuál es la misión?

El comandante sostuvo su mirada durante unos segundos.

—Todavía no puedes saberlo.

Ella frunció apenas el ceño.

—¿Y Kieran?

—No irá contigo.

Aquellas cuatro palabras tardaron un instante en encontrar sentido.

—¿Por qué?

El comandante respiró despacio antes de responder.

—Porque esta vez no formas parte de una pareja.

Hizo una breve pausa.

—Formas parte de algo más grande.

No añadió nada más.

Los guardias comenzaron a caminar.

Alyssa comprendió que la conversación había terminado.

El trayecto transcurrió en completo silencio.

Abandonaron el cuartel por la puerta principal y descendieron por un camino de piedra que serpenteaba entre las montañas del Quinto Fragmento. A los pocos minutos los esperaba un carruaje negro sin escudos ni insignias visibles.

Las cortinas permanecían cerradas y Alyssa intentó orientarse por el movimiento del vehículo, pero pronto perdió toda referencia. El camino dejó de ser de piedra y comenzó a descender durante varios minutos antes de detenerse finalmente.

Cuando la puerta se abrió, comprendió dónde estaban incluso antes de salir.

Bajo el Palacio Real.

Lo supo por la calidad de la piedra, por el tamaño imposible de los muros y por la cantidad de soldados custodiando cada corredor.

Nunca había estado allí.

Los condujeron por una sucesión interminable de pasillos hasta llegar a una enorme puerta de hierro.

Uno de los guardias golpeó tres veces.

Los cerrojos comenzaron a moverse.

La puerta se abrió lentamente.

Al otro lado esperaba una sala circular iluminada únicamente por lámparas de aceite.

En el centro descansaba una mesa de piedra.

Y cuatro personas ya estaban allí.

Alyssa fue la última en entrar.

La puerta se cerró detrás de ella con un sonido metálico que retumbó por toda la sala.

Entonces comenzó a observarlos.

El primero era un hombre de cabello negro que caía apenas sobre su frente, demasiado corto para resultar incómodo durante el combate y demasiado desordenado para pertenecer a alguien especialmente preocupado por el protocolo. Tendría unos veintitantos años y permanecía de pie con los brazos cruzados, como si llevara esperando demasiado tiempo. Sus ojos negros se posaron sobre ella apenas un instante antes de apartarse nuevamente.

Primer Fragmento.

La segunda era una mujer de aproximadamente la misma edad que Alyssa. Su cabello rubio caía recogido en una larga trenza sobre uno de sus hombros y sus ojos grises recorrían la sala con una atención casi incómoda, deteniéndose unos segundos más de la cuenta sobre cada persona.

No parecía nerviosa.

Parecía estar evaluándolos.

Cuarto Fragmento.

El tercero permanecía sentado sobre el borde de la mesa con una comodidad que resultaba casi irritante. Tenía el cabello negro, algo más corto que el del primero, y observaba la habitación con curiosidad, como si intentara memorizar cada detalle.

Sus ojos verdes terminaron de completar la respuesta.

Tercer Fragmento.

El último tenía el cabello castaño y una expresión tranquila, casi demasiado tranquila para alguien encerrado en una sala subterránea sin saber por qué estaba allí. Sus ojos azules fueron suficientes para identificarlo.

Segundo Fragmento.

Cinco personas.

Cinco fragmentos.

Por primera vez desde que había entrado en aquella sala, Alyssa comprendió realmente lo que significaba estar allí.

Aquello no era una misión del Quinto Fragmento.

Ni siquiera era una misión de Arthenya.

Era algo construido alrededor de ellos.

Alrededor de los cinco.

Las puertas volvieron a abrirse.

Esta vez fue el propio rey quien entró en la sala.

El rey de Arthenya no se parecía en nada a la imagen que Alyssa había construido en su cabeza durante años. No llevaba corona ni capas adornadas con oro, solo un uniforme oscuro y el emblema del reino bordado sobre el pecho.




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