Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 4 — La fortaleza negra

Los otros cuatro ya estaban dentro del carruaje cuando Alyssa subió.

Zyran ocupaba uno de los asientos junto a la ventana y Neera estaba frente a él. Raden sostenía una carpeta que probablemente ya había leído más de una vez, mientras que Eiran parecía haber encontrado la única posición posible para dormir sentado sin partirse el cuello.

Alyssa dejó el baúl junto a sus pies.

Nadie habló durante varios minutos.

El aire dentro del carruaje parecía distinto de lo que debería. No más frío exactamente, sino más cargado.

Alyssa decidió que la falta de ventilación bastaba para explicar aquella sensación y se negó a atribuirla a la cercanía de Portadores tan poderosos.

Zyran fue el primero en rendirse al silencio.

—Supongo que, si vamos a vivir juntos durante semanas, deberíamos aprender al menos cómo insultarnos correctamente.

Eiran abrió un ojo.

—Creí que ya estabas practicando.

—No es lo mismo sin contexto —respondió Zyran antes de enderezarse en el asiento—. Zyran Lux. Primer Fragmento. Mi comandante dice que hablo demasiado cuando estoy nervioso y demasiado poco cuando debería estarlo.

Raden levantó la vista de la carpeta.

—Eso explica por qué fuiste el primero en romper el silencio.

Zyran sonrió y señaló hacia él.

—Raden Ophir. Segundo Fragmento. Analizo incluso las presentaciones.

Eiran soltó un suspiro y abandonó cualquier intento de continuar durmiendo.

—Eiran Kyress. Tercero. Antes de que preguntes: no, no puedo prender fuego a alguien sin enfrentar consecuencias administrativas.

—Todavía —añadió Zyran.

Neera ni siquiera cambió de postura.

—Neera Delyth. Cuarto.

Y volvió a mirar por la ventana.

Zyran la observó durante un instante.

—Aprecio tu compromiso con la síntesis.

La atención de los cuatro terminó sobre Alyssa.

—Alyssa Zephyr. Quinto.

Zyran esperó unos segundos, como si creyera que ella añadiría algo más.

—¿Eso es todo?

—No preguntaste nada más.

—Perfecto. Ya sé cómo va a funcionar esto.

Alyssa arqueó apenas una ceja.

—¿Cómo?

—Voy a hablar por los dos.

—Preferiría que no.

Zyran se recostó nuevamente en el asiento.

—Eso no sonó como una prohibición absoluta.

Neera desvió la mirada hacia la ventana para ocultar una sonrisa.

Con el paso de las horas, la conversación fue desapareciendo. Eiran se durmió primero. Neera lo hizo poco después. Raden resistió más tiempo, hasta que la carpeta terminó cerrada sobre su pecho.

Incluso Zyran guardó silencio.

Alyssa permaneció despierta.

El hábito era demasiado antiguo para ignorarlo. En los viajes largos, Kieran dormía primero mientras ella vigilaba. Después cambiaban. Nunca quedaban ambos inconscientes al mismo tiempo.

Esa noche no había nadie con quien cambiar.

El crujido de las ruedas, los cascos de los caballos y el roce de las cortinas se repitieron hasta formar un ritmo. Alyssa contó las curvas sin proponérselo. Registró cada vez que el carruaje reducía la velocidad y, cuando la oscuridad se hizo más profunda, comenzó a sentir el sueño como un peso detrás de los ojos.

No los cerró.

—Si sigues mirando la cortina de esa manera, quizá termine confesando algo.

La voz de Zyran llegó desde el otro extremo.

Alyssa volvió la cabeza y descubrió que estaba despierto.

—Pensé que dormías.

—Lo intenté. Eiran ronca como si estuviera negociando con una bestia.

Desde el otro asiento, Eiran continuó respirando perfectamente en silencio.

Alyssa miró a Zyran.

—No ronca.

—No me arruines la excusa.

Ella volvió la atención hacia la ventana. Zyran la observó durante unos instantes antes de hablar otra vez.

—¿Siempre haces esto?

—¿Qué cosa?

—Vigilar cuando nadie te lo ha pedido.

—No estoy vigilando.

—Has contado tres veces cuántos caballos tiran del carruaje.

Alyssa giró lentamente hacia él.

—¿Cómo sabes eso?

—La segunda vez pensé que habías visto algo. La tercera entendí que era una costumbre.

Ella guardó silencio.

Zyran apoyó un hombro contra la madera del carruaje.




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