La cena de la noche siguiente llegó acompañada de un cansancio que ninguno intentó disimular.
Alyssa ocupó un asiento en el extremo de la mesa, de espaldas a la pared y con visión directa de las puertas. No pensó en ello hasta que Zyran dejó la bandeja frente a ella.
—Eso también es del Quinto.
Alyssa levantó la vista.
—¿Qué cosa?
—Elegir siempre el sitio desde el que puedes ver todas las entradas.
Ella recorrió el comedor con la mirada antes de volver al plato.
—Es un buen sitio.
—Cambiaste tres veces de asiento ayer hasta encontrar uno parecido.
—Los otros eran peores.
Neera tomó el lugar junto a Alyssa y acomodó la espalda contra la pared.
—También cuenta cuántas personas entran y salen.
Alyssa giró hacia ella.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo también.
Eso bastó para cerrar el tema.
Eiran apareció poco después, cargando una bandeja con más comida de la que cualquiera de ellos necesitaba. Zyran observó la cantidad y arqueó una ceja.
—¿Esperas una invasión?
—Espero tener hambre.
—Hay comida para seis personas.
Eiran dejó la bandeja en el centro.
—Entonces nadie pasará hambre.
Raden se sentó con un libro bajo el brazo y examinó la comida como si también formara parte de un problema que debía resolver.
—Eso no responde la cuestión logística.
Eiran lo miró.
—La cuestión logística es que comes demasiado poco, no crecerás
—Mido más que tú.
—Detalles sin importancia.
Alyssa bajó la cabeza para ocultar una sonrisa. Zyran lo vio, pero no dijo nada.
Aquello, curiosamente, fue más extraño que si hubiera hecho un comentario.
Comieron durante varios minutos. El ruido de los cubiertos y el fuego de las lámparas llenó el espacio hasta que Zyran dejó el vaso sobre la mesa.
—Tengo una pregunta.
Eiran no levantó la vista.
—Eso nunca termina bien.
—¿En el Quinto existe algo que ustedes llamen amistad o todo empieza y termina con una sombra?
Alyssa tardó un poco en responder.
—No sabría cómo separarlo.
—¿No tienes amigos?
—Tengo a Kieran.
Zyran apoyó un antebrazo sobre la mesa.
—Eso no responde para nadie que no haya crecido allí.
—Para mí sí.
Neera dejó el vaso junto al plato.
—Explícalo.
Alyssa miró a los cuatro. Zyran ya conocía parte de la respuesta, pero los demás no. Ella no estaba acostumbrada a explicar cosas del Quinto a personas que no habían crecido allí, la mayoría de sus costumbres le parecían demasiado evidentes para necesitar palabras.
—A los diez años nos asignan una sombra. No es un amigo en el sentido que ustedes usan la palabra. Es la persona con la que entrenas hasta conocer su forma de moverse mejor que la tuya. Compartes habitación, guardias, comida y misiones. Si uno duerme, el otro vigila. Si uno cae, el otro vuelve. Si algo sale mal, sabes exactamente dónde estará sin tener que buscarlo.
Zyran guardó silencio y dejó que los otros procesaran la explicación.
Raden inclinó la cabeza.
—La función es más amplia que una pareja operativa ordinaria.
Alyssa pensó en ello.
—Probablemente.
Eiran apartó el pan que estaba cortando.
—¿Kieran ha sido tu sombra desde los diez?
—Sí.
—Doce años —calculó él.
Alyssa asintió.
—Entonces crecieron juntos.
Ella miró el plato.
—Supongo que sí.
Zyran soltó una risa leve, sin burla.
—Acabas de describir doce años compartiendo cada día de tu vida como si hablaras de una asignación de entrenamiento.
Alyssa levantó la mirada.
—Fue una asignación de entrenamiento.
—Y también algo más.
Ella no respondió de inmediato.
Con Kieran, las categorías nunca habían importado. Nunca había pensado en llamarlo amigo porque la palabra parecía demasiado pequeña para alguien que sabía que estaba preocupada por la forma en que cerraba una hebilla.
—Es mi familia —dijo al final.
El silencio que siguió fue breve, pero distinto.
Zyran no hizo ninguna broma. Neera asintió como si aquella respuesta hubiera aclarado algo. Eiran sonrió apenas y Raden volvió a tomar el vaso.
Alyssa sintió la necesidad de cambiar de tema y no encontró cómo.
Zyran lo hizo por ella.
—Nosotros hacemos amigos de la manera tradicional.
—¿Cuál es la manera tradicional?
—Hablar demasiado, discutir por cosas inútiles y, en algún momento, descubrir que ya no puedes deshacerte de ellos.
Alyssa consideró la explicación.
—Eso suena poco eficiente.
—Lo es.
—¿Y funciona?
Zyran miró alrededor de la mesa.
—A veces.
Vaelor entró en el comedor antes de que la conversación avanzara. Su mirada recorrió a los cinco sentados juntos y se detuvo un instante en las bandejas vacías.
—Bien.
Zyran levantó una ceja.
—Eso sonó peligrosamente satisfecho.
—A partir de mañana, el desayuno y la cena serán obligatorios. Todos juntos.
Raden cerró el libro.
—¿Forma parte del entrenamiento?
—Sí.
Alyssa frunció el ceño.
—¿Por qué?
Vaelor la miró.
—Porque llevan días aprendiendo dónde colocar una espada y todavía no saben qué hace el otro cuando no hay una orden de por medio.
—Eso no requiere cenar juntos.
—Las espadas crean soldados, Zephyr. Las mesas crean unidades.
Alyssa no parecía convencida. Vaelor, que al parecer ya esperaba la discusión, añadió:
—Y antes de que continúes, es una orden.
Zyran sonrió.
—Empieza a conocerla.
Vaelor volvió la cabeza hacia él.
—Lux.
—No he dicho nada.
El capitán se marchó.
Eiran recogió su bandeja.
—Entonces mañana otra vez.
—Y pasado —añadió Zyran.
—La orden parece bastante clara —dijo Raden mientras guardaba el libro.
Neera ya esperaba junto a la puerta.
Alyssa terminó de beber agua y se levantó. Solo entonces reparó en que ninguno había salido todavía.