Doce días después, Alyssa había aprendido varias cosas sobre la Fortaleza Negra.
Zyran podía hablar mientras peleaba, corría y, aparentemente, también mientras intentaba dormir. Eiran era incapaz de cocinar para una sola persona. Raden veía patrones donde el resto apenas distinguía desorden. Neera se movía sin hacer ruido incluso cuando no utilizaba su Fragmento.
Y las comidas obligatorias de Vaelor funcionaban.
Alyssa lo resentía un poco por eso.
—Vas a perder otra vez —dijo Zyran.
Ella levantó la vista del arma que estaba limpiando. Él había dispuesto sobre la mesa un tablero con piezas de madera negras y blancas, aunque todavía no parecía tener claro dónde correspondía colocar cada una.
—No conozco las reglas.
—Yo tampoco las conocía ayer.
—Perdiste ayer.
Zyran ordenó dos piezas con exagerada concentración.
—Exactamente. Ahora poseo experiencia.
—En perder.
—La experiencia sigue siendo experiencia.
Eiran entró en la sala común con dos platos enormes. Zyran dejó de mirar el tablero y centró toda su atención en la comida.
Eiran los dejó en el centro de la mesa.
Raden entró detrás de él con otro libro en la mano.
Neera llegó última y ocupó el asiento desde el que podía vigilar ambas puertas. Alyssa lo notó. Neera notó que ella lo había notado.
Ninguna dijo nada.
Desde la noche en que hablaron sobre su invisibilidad no habían vuelto a mencionar lo ocurrido. Aun así, algo había cambiado entre ambas. No necesitaban llenar aquel cambio de palabras.
Zyran terminó de distribuir las piezas y se recostó en la silla.
—Creo que deberíamos admitir algo.
Eiran soltó un suspiro mientras repartía la comida.
—Cada vez que dices eso, empeora la tarde.
—Nos estamos convirtiendo en amigos.
Alyssa siguió pasando el paño por la hoja.
—No exageres.
—Mira eso. Hace dos semanas habrías dicho simplemente «no». Ahora elaboras.
—Eso no significa nada.
—Significa crecimiento.
Raden levantó la vista del libro.
—Desde una perspectiva conductual, la frecuencia de interacciones voluntarias sí ha aumentado.
Zyran lo señaló, satisfecho.
—Gracias.
—No te estaba apoyando.
—No importa. Sonó académico y me favoreció.
Alyssa negó con la cabeza. Eiran tomó una pieza del tablero y la estudió como si considerara comérsela.
—Yo sí creo que somos amigos.
Neera lo miró de reojo.
—Tú crees que alimentar a alguien lo convierte automáticamente en familia.
—Funciona mejor de lo que parece.
Alyssa terminó de limpiar la espada y la dejó sobre la mesa.
—No sé si llamarlo amistad.
Zyran se inclinó hacia ella.
—¿Porque somos demasiados?
Alyssa recordó la conversación de la primera cena.
—Porque sigo aprendiendo cómo funcionan ustedes.
La expresión de Zyran se suavizó apenas.
—Eso es una respuesta sorprendentemente honesta.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
La puerta se abrió antes de que él pudiera añadir algo más.
Vaelor entró con varios documentos bajo el brazo y la conversación desapareció sin necesidad de una orden. El capitán despejó un espacio entre el tablero y los platos, y desplegó un mapa sobre la mesa.
Había marcas rojas distribuidas por distintas regiones de Arthenya.
Demasiadas.
—Doce días —dijo—. Eso es lo que han tenido para aprender a no estorbarse. Ahora veremos si sirvió.
Raden cerró el libro y se inclinó hacia el mapa.
—¿Son desapariciones?
—Treinta y siete confirmadas en seis meses.
Neera recorrió los puntos con la mirada.
—¿De todos los Fragmentos?
Vaelor asintió.
—¿Y la Corona no encontró un patrón? —preguntó Zyran.
—Encontró demasiados. Ninguno concluyente.
El capitán señaló una región montañosa al norte.
—Los últimos tres desaparecieron cerca de Dunhollow. Eran del Tercer Fragmento. Cinco días después desaparecieron otras dos personas en los alrededores del bosque. Ayer encontraron el ganado de una granja destrozado.
Eiran dejó de prestar atención a la comida.
—¿Bestias Astrales?
—Eso creen los habitantes.
—¿Y usted?
Vaelor sostuvo su mirada.
—Creo que cinco personas fueron elegidas para descubrirlo.
Zyran sonrió.
—Me gusta cuando las respuestas son tan poco útiles.
Vaelor ignoró el comentario y abrió una caja de madera. Dentro había cinco pequeños estuches.
Alyssa abrió el suyo y encontró dos lentes violetas.
—No —dijo Zyran.
Eiran lo miró.
—¿Qué?
—Vamos a fingir que somos humanos normales.
—La mayor parte de la población civil tiene ojos violetas —explicó Vaelor—. Cinco Portadores de Fragmentos distintos caminando juntos por un pueblo pequeño llamarían la atención antes de hacer la primera pregunta.
Alyssa sostuvo una de las lentes entre los dedos. Nunca había llevado nada directamente sobre los ojos.
—Trabajarán en dos grupos. Alyssa y Zyran investigarán dentro del pueblo. Raden, Eiran y Neera revisarán la granja y el perímetro del bosque.
Neera observó la división marcada sobre el mapa.
—¿Por qué así?
—Porque Lux sabe hablar con desconocidos y Zephyr sabe reconocer cuándo alguien intenta matarla.
Zyran sonrió de inmediato.
Alyssa no.
—¿Y los otros tres?
—Si encuentran algo extraño, prefiero que haya un analista, alguien capaz de desaparecer y alguien capaz de incendiar una hectárea si todo sale mal.
Eiran pareció satisfecho.
Alyssa tardó tres intentos en colocar correctamente las lentes.
Cuando levantó la vista hacia el reflejo oscuro de una ventana, sus ojos avellana habían desaparecido.
Violetas.
Humanos.
Durante unos segundos no reconoció del todo su propia cara.
Zyran se apoyó en la pared a su lado.
—Te quedan bien.
—Son ojos.