Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 9 — Donde termina el rastro

A las veintidós horas, el bosque de Dunhollow parecía más grande que durante el día.

La línea de árboles se extendía al norte del pueblo como una muralla irregular, negra contra un cielo sin luna. Desde el camino apenas podían distinguirse los primeros troncos y las ramas que se entrelazaban sobre ellos. Más allá, la oscuridad borraba cualquier profundidad.

Vaelor revisó por última vez sus armas antes de permitirles avanzar.

—Repitan la orden.

Zyran ajustó la correa de su espada.

—Entrar, observar, identificar, regresar y no adoptar ninguna criatura desconocida que encontremos por el camino.

Vaelor lo miró.

—Nadie habló de criaturas.

—Entonces la última parte es una precaución personal.

—Lux.

La sonrisa de Zyran no desapareció, pero bajó un poco la cabeza.

—Seguiremos el rastro mientras podamos conservar una ruta de salida. No perseguiremos a nadie y regresaremos antes del amanecer, aunque no encontremos nada.

—¿Y si encontramos a alguno de los soldados desaparecidos? —preguntó Alyssa.

Vaelor tardó apenas un instante en responder.

—Si está vivo, lo traen. Si hacerlo compromete al grupo, marcan la posición y regresan por refuerzos.

Alyssa no dijo nada.

La mirada de Vaelor se detuvo en ella un poco más de lo necesario.

—No sacrificarás a cuatro personas por una posibilidad.

—Lo entendí la primera vez.

—No pregunté si lo entendiste. Quiero saber si vas a obedecerlo.

Alyssa sostuvo su mirada. Podría haberle dado la respuesta que esperaba. Era una palabra sencilla y, en otras circunstancias, la habría pronunciado sin dificultad.

—Haré lo que mantenga con vida al mayor número posible.

Vaelor exhaló por la nariz.

—Es lo más parecido a una promesa que voy a obtener de ti, ¿verdad?

—Probablemente.

Eiran ocultó una sonrisa mientras comprobaba las correas de su mochila. Neera ya observaba el bosque. Raden había memorizado el mapa durante el viaje y lo guardaba doblado dentro de la chaqueta, aunque ninguno creía que las líneas trazadas por un cartógrafo sirvieran demasiado una vez que entraran bajo los árboles.

Vaelor retrocedió.

—Regresen los cinco.

No dijo nada más.

Alyssa cruzó primero la línea del bosque.

El cambio fue inmediato. El aire se volvió más frío y el olor húmedo de la tierra reemplazó al humo de las casas. Las ramas cerraban casi por completo el cielo. Eiran levantó una pequeña llama sobre la palma, pero la apagó cuando Raden señaló que convertirían al grupo en el único punto visible a cientos de pasos.

Avanzaron con una lámpara cubierta que apenas iluminaba el suelo.

Neera tomó la delantera. Raden se mantuvo detrás de ella, atento a las huellas. Eiran ocupó el centro, donde podía cubrir ambos flancos, y Zyran cerró la formación junto a Alyssa.

No habían discutido aquellas posiciones.

Simplemente ocurrieron.

Alyssa se detuvo.

Y todo la siguieron.

Durante varios segundos solo escucharon el roce de las hojas y el crujido lento de las ramas bajo el viento. No había insectos. No se oían animales pequeños moviéndose ni aves acomodándose en las copas.

El bosque estaba demasiado quieto.

—¿Qué oíste? —preguntó Neera desde la oscuridad.

—Nada.

Eiran miró alrededor.

—Eso no suele ser una respuesta preocupante.

—Aquí sí —dijo Raden.

Se agachó junto a una zona donde el barro aún conservaba marcas. Había tres grupos de huellas distintas: dos pertenecían a criaturas de cuatro patas y el tercero a una persona calzada con botas. Todas avanzaban en la misma dirección.

—Son las mismas que encontramos en la granja —dijo Neera.

—Más recientes —añadió Raden—. Tal vez de dos días.

Zyran observó la profundidad de las pisadas humanas.

—No parece que llevara peso.

—Ni que estuviera huyendo —respondió Alyssa.

Raden se incorporó.

—Quien fuera caminaba con ellas.

Siguieron el rastro hacia el norte.

Con cada paso, la sensación de estar siendo observada crecía bajo la piel de Alyssa. No procedía de una dirección concreta. A veces parecía venir de los árboles a su izquierda y un momento después de la oscuridad que dejaban atrás. Dos veces giró sin encontrar nada.

Zyran lo notó la segunda.

—¿Sigue ahí?

—Sí.

No preguntó si estaba segura. Se limitó a acercarse lo suficiente para que pudieran hablar sin elevar la voz.

—¿Una persona?

—No lo sé.

—¿Algo con ojos?

Alyssa lo miró.

—Esa suele ser una característica útil para observar.

—No necesariamente. Raden probablemente podría hacerlo sin abrir los suyos, con sus cosas de análisis y concentración casi ceremonial.

Raden habló desde unos pasos más adelante.

—Puedo oírte.

La respuesta ligera produjo una risa breve de Eiran, pero Alyssa vio el modo en que Zyran examinaba los árboles mientras hablaba. No estaba intentando distraerse. Estaba haciendo que aquello que los observaba creyera que no lo habían advertido.

Zyran podía parecer descuidado cuando quería.

No lo era.

Neera levantó un puño y todos volvieron a detenerse.

Frente a ella, tres piedras pequeñas habían sido apiladas junto a la raíz de un árbol. Dos formaban la base. La tercera descansaba inclinada hacia el oeste.

Alyssa se arrodilló.

—Marca del Quinto.

Eiran se acercó.

—¿Qué significa?

—Peligro adelante. Mantener ruta de retirada.

—¿Cuánto tiempo lleva aquí? —preguntó Zyran.

Alyssa apartó con cuidado las hojas acumuladas alrededor. Debajo había una línea hecha con la punta de un cuchillo. La humedad había oscurecido el corte, pero no lo había borrado.

—Semanas. Podría pertenecer a la unidad desaparecida.

Neera observó los árboles.

—Si marcaron el camino, esperaban regresar por aquí.

Alyssa se puso de pie.

—Entonces dejaron más señales.




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