Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 10 — Bajo la tierra

La escalera descendía más de lo que Alyssa esperaba.

Los primeros peldaños eran de madera. Después aparecía piedra tallada, húmeda y oscura, demasiado regular para pertenecer a una construcción improvisada. El pasadizo parecía antiguo, pero las abrazaderas metálicas sujetas a las paredes eran recientes. Algunas aún conservaban aceite.

Alguien seguía utilizando aquel lugar.

Eiran avanzaba en segundo lugar con una llama pequeña sobre la palma. La luz revelaba apenas el tramo inmediato del túnel y dejaba el resto sumido en sombras. Neera iba delante, visible por ahora, probando cada peldaño antes de apoyar todo el peso. Raden permanecía detrás de Eiran. Zyran cerraba la formación junto a Alyssa.

Los golpes no volvieron a sonar.

—Eso no significa que haya muerto —dijo Zyran en voz baja.

Alyssa no había preguntado.

Tampoco necesitó hacerlo.

—Lo sé.

El túnel terminó frente a una puerta de hierro entreabierta. Neera apoyó dos dedos contra el borde y escuchó durante varios segundos.

—No hay pasos.

Zyran observó las bisagras.

—Podría abrirla desde aquí.

—También podrías alertar a cualquiera que esté al otro lado —respondió Neera.

—Era una propuesta, no una orden.

Eiran sonrió sin apartar la vista del corredor.

Alyssa hizo un gesto a Neera.

La joven desapareció.

Aunque su cuerpo dejó de ser visible para los demás, Alyssa siguió distinguiendo su silueta como una transparencia leve contra la oscuridad. Neera cruzó la puerta, se detuvo a la derecha y después avanzó hasta perderse al doblar un pasillo.

Alyssa apartó la mirada antes de que alguien notara que todavía la seguía con los ojos.

Esperaron.

Zyran apoyó la espalda contra la pared.

—Si sobrevivimos, voy a solicitar que las próximas misiones incluyan lugares con ventanas.

—La fortaleza tiene ventanas —dijo Raden.

—Estrechas, frías y colocadas específicamente para que nadie pueda saltar por ellas.

—Eso parece una ventaja.

—Solo si nunca has querido escapar de una conversación con Vaelor.

La voz de Neera llegó desde el otro lado.

—Está vacío. Hay varias habitaciones y un corredor hacia el norte. También encontré sangre.

Volvió a hacerse visible junto a la puerta.

—¿Reciente? —preguntó Alyssa.

—Sí.

Entraron.

La primera habitación contenía estantes vacíos y una mesa larga cubierta por frascos rotos. El olor metálico era más intenso allí. En el suelo había manchas oscuras limpiadas con demasiada prisa y surcos paralelos que terminaban frente a otra puerta.

Algo pesado había sido arrastrado.

Raden tomó uno de los frascos con un paño.

—No reconozco el contenido.

Eiran acercó la llama. En el fondo quedaba una sustancia negra endurecida, atravesada por vetas que reflejaban la luz en tonos distintos.

Zyran extendió una mano sin tocarla.

La energía tembló apenas sobre sus dedos.

Su expresión cambió.

Fue mínimo. La sonrisa desapareció y sus hombros se tensaron como si hubiera reconocido un peligro antes que los demás.

Después volvió a adoptar el mismo tono ligero.

—Definitivamente no es perfume.

Alyssa lo observó.

—¿Qué sentiste?

—Energía.

—Eso ya lo sabemos.

Zyran miró el frasco otra vez.

—De más de un Fragmento.

Raden levantó la vista.

—¿Juntas?

—No exactamente. —Zyran tardó en elegir las palabras—. Es como si alguien hubiera tomado varias corrientes, las hubiera cortado y después intentara mantener los restos dentro del mismo recipiente.

Eiran bajó la llama.

—¿Puede hacerse eso?

—No de una forma que deba dejar algo así.

Alyssa continuó mirándolo.

Zyran evitó sus ojos y señaló el corredor.

—El superviviente.

No quería seguir hablando del frasco.

Alyssa guardó esa información sin insistir.

Todavía.

Avanzaron hacia el norte.

La siguiente habitación tenía cinco camillas, no camas. Camillas de metal, estrechas, con correas para inmovilizar muñecas, tobillos, pecho y cuello. Cada una estaba orientada hacia una estructura central formada por tubos, agujas y placas de cristal oscuro. Había manchas de sangre en tres de ellas.

Eiran se quedó inmóvil en la entrada.

—Esto no es un escondite.

—Es un lugar de trabajo —dijo Raden.

La calma de su voz no alcanzó sus ojos.

Neera recorrió las paredes. Sobre cada camilla había un símbolo grabado.

Un círculo atravesado por una línea.

Dos curvas enfrentadas.

Un triángulo dividido en cuatro partes.

Una espiral incompleta.

Y una figura simple, parecida a un espacio vacío rodeado por cinco marcas pequeñas.

—No son los emblemas oficiales de los Fragmentos —dijo Eiran.

—Podrían ser anteriores —respondió Raden.

Zyran pasó la mano por encima de la primera camilla sin tocarla.

—Aquí hubo alguien del Primero.

Se movió hacia la segunda.

—Y del Segundo.

—¿Puedes distinguirlo? —preguntó Neera.

—Quedan residuos. Muy débiles, pero sí.

Llegó a la quinta y frunció el ceño.

—Aquí no siento nada.

Alyssa miró el símbolo vacío sobre la pared.

—Entonces podría ser del Quinto.

—O podría no haberse utilizado —dijo Raden.

Tres golpes sonaron al final del corredor.

Esta vez estaban cerca.

Alyssa salió primero de la habitación.

—Espera —dijo Zyran.

Ella ya había cruzado la puerta.

—Sigo esperando mientras avanzo.

—Eso no es lo que significa esperar.

Los golpes procedían de una celda al fondo. La puerta estaba cerrada con dos cerrojos y una barra exterior. Neera abrió el primero. Zyran deformó el segundo con una descarga corta cuando la cerradura se resistió.

Dentro había un hombre encadenado a la pared.

El uniforme negro estaba roto y tan cubierto de suciedad que apenas conservaba el color. Alyssa reconoció el corte y las costuras del Quinto antes incluso de verle los ojos. Tenía la cabeza inclinada sobre el pecho, el cabello pegado al rostro por sudor seco y los párpados cerrados.




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