Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 11 — El único que volvió

Vaelor no los esperaba en la entrada de la fortaleza.

Los esperaba en la enfermería.

Alguien había encendido todas las lámparas y apartado dos camas para recibirlos. Tres sanadores permanecían preparados junto a una mesa cubierta con vendas, instrumentos y frascos de vidrio. Cuando Alyssa entró cargando parte del peso de Serik, el capitán miró primero al herido y después la sangre seca sobre los cinco.

—Dije observar y regresar.

—Observamos muchas cosas —respondió Zyran.

Vaelor no apartó la mirada de Alyssa.

—Y regresamos —añadió ella.

—Con un soldado al que encontraron en una instalación subterránea que ahora, según el mensajero que enviaron desde el camino, ya no existe.

Eiran ayudó a los sanadores a colocar a Serik sobre la cama.

—La hicieron colapsar cuando estábamos dentro.

—Eso no mejora el informe.

—No intentaba mejorarlo.

Vaelor esperó hasta que los sanadores comenzaron a retirar la ropa rota de Serik. Bajo la tela aparecieron hematomas, cortes cerrados de manera irregular y líneas oscuras que recorrían su pecho y sus brazos como venas quemadas. Zyran dejó de moverse.

La reacción duró apenas un segundo.

Después se inclinó hacia Raden.

—Dime que la bolsa sobrevivió.

Raden la levantó.

—Sobrevivió mejor que nosotros.

Vaelor señaló la puerta.

—Sala de mapas. Ahora.

Alyssa miró a Serik.

Uno de los sanadores palpaba con cuidado las marcas de su cuello. El soldado abrió los ojos y buscó alrededor hasta encontrarla.

—No dejes que entren en mi cabeza.

Raden se quedó inmóvil cerca de la puerta.

Alyssa respondió antes que Vaelor.

—Nadie lo hará sin preguntarte.

El capitán giró hacia ella.

—Zephyr.

Vaelor observó a Serik. El soldado había cerrado los ojos otra vez, pero su respiración seguía demasiado rápida.

—Sala de mapas —repitió—. Hablaremos de esto allí.

El informe tardó casi dos horas.

Raden colocó sobre la mesa el frasco, las placas numeradas, el broche de los Fragmentistas y la esquirla negra encontrada durante la primera visita. Neera dibujó la distribución de los túneles con una precisión que habría resultado excesiva si el lugar no hubiera quedado enterrado. Eiran describió las explosiones y la antigüedad contradictoria de la construcción. Zyran explicó los residuos energéticos.

Alyssa relató la señal del Quinto, el estado de Serik y la Bestia Astral.

No mencionó la corriente.

Tampoco que durante un instante había sabido dónde estaban todos sin mirarlos.

Cuando describió la descarga que había atravesado al grupo durante el derrumbe, eligió sus palabras con cuidado.

—La barrera nos cubrió mientras salíamos.

Zyran estaba sentado al otro lado de la mesa.

Sus ojos se alzaron hacia ella.

Él sabía que la energía no se había comportado como una barrera normal. Alyssa había sentido la manera en que se dobló alrededor de su cuerpo. Por la forma en que Zyran la observaba, él también.

No la corrigió.

Vaelor examinó las placas.

—¿Cuarenta y siete?

—Era la que estaba dentro de la celda de Serik —respondió Raden—. Las otras comenzaban en cuarenta y cuatro. No sabemos si la numeración corresponde a sujetos, celdas o procedimientos.

—¿Había registros?

—La figura del bosque se llevó una caja metálica antes del derrumbe —dijo Neera—. Llevaba el símbolo de los Fragmentistas.

Vaelor tomó el broche.

—Entonces ya sabemos quién construyó el lugar.

—No —respondió Alyssa.

El capitán levantó la vista.

—Serik dijo que sus captores no llevaban ese símbolo.

—También dijo que no recuerda sus rostros.

—Recuerda las máscaras.

—Podría haber más de un grupo implicado.

Raden juntó las manos sobre la mesa.

—La persona que vimos parecía retirar evidencia, no defender la instalación. Además, las explosiones comenzaron antes de que saliera del bosque. No sabemos quién las activó.

Vaelor giró el broche entre los dedos.

—Los Fragmentistas llevan años robando reliquias, documentos y objetos vinculados a Aethra. Sería un error asumir que esto no está relacionado con ellos.

—También sería un error decidir que lo está solo porque dejaron caer un símbolo —dijo Neera.

La mirada de Vaelor recorrió al grupo.

—¿Están defendiendo a alguien que intentó sepultarlos?

—Estamos diferenciando lo que sabemos de lo que suponemos —respondió Raden.

Zyran se recostó un poco en la silla.

—Vaelor debería estar orgulloso. Nos enseñó a no improvisar conclusiones.

—No recuerdo haberte enseñado a utilizar mis propias órdenes contra mí.

—Aprendo con rapidez.

El capitán dejó el broche sobre la mesa.

—El informe saldrá hacia el palacio antes del amanecer. El rey decidirá cómo proceder con los Fragmentistas.

Alyssa miró los objetos.

—¿Y Serik?

—Será trasladado cuando los sanadores lo consideren estable.

—¿A dónde?

—A la capital.

La respuesta produjo una tensión casi imperceptible en Raden.

—¿Por qué no interrogarlo aquí?

—Porque la Corona posee sanadores mentales y archivos que nosotros no tenemos.

—También posee los informes de las unidades anteriores —dijo Alyssa—. Informes que no estaban en los documentos que nos entregaron.

La sala quedó en silencio.

Vaelor no respondió de inmediato.

—No sabemos si esos grupos informaron antes de desaparecer.

—Alguien sabía que habían sido enviados —dijo Neera—. La mujer de Dunhollow los vio. Sus Fragmentos tuvieron que registrar las salidas.

—Investigaré por qué esa información no llegó a la misión.

—¿Y mientras tanto entregamos al único que regresó? —preguntó Alyssa.

Vaelor apoyó ambas manos sobre la mesa.

—No lo estamos entregando a un enemigo, Zephyr. Lo enviamos al rey al que juraste obediencia.

Alyssa sostuvo su mirada.




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