Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 12 — Lo que decidimos callar

Serik parecía más pequeño sobre la cama.

Sin la suciedad y la sangre seca, las heridas resultaban todavía más evidentes. Los sanadores habían cubierto parte de las marcas con vendas, pero algunas líneas oscuras seguían visibles sobre el cuello y las manos. Su uniforme había sido reemplazado por una camisa limpia demasiado amplia.

Alyssa se detuvo junto a la puerta.

—Dijeron que querías vernos.

Serik miró a los cinco antes de responder.

—Quiero recordar.

Raden permaneció detrás del resto.

—No tienes que decidirlo ahora.

—Van a llevarme a la capital.

—Cuando estés estable —dijo Eiran.

—Eso dijeron.

El modo en que pronunció las palabras dejó claro que no le tranquilizaban.

Serik se incorporó con dificultad. El sanador intentó ayudarlo, pero él esperó hasta que el hombre se apartó.

—Si me llevan antes de que recuerde dónde están los demás, quizá nadie vuelva por ellos.

Alyssa se acercó.

—Volveremos.

—No saben a dónde.

Era cierto.

La instalación había quedado sepultada y el bosque no ofrecía una dirección clara. Las huellas de las Bestias se perdían alrededor del claro. La figura que llevaba el símbolo de los Fragmentistas había escapado con la única caja que podía contener registros.

Serik miró a Raden.

—¿Puedes entrar sin cambiar nada?

—Sí.

—¿Puedes sacar lo que ellos hicieron?

Raden tardó en responder.

—No sé qué hicieron.

—Pero puedes intentarlo.

—Puedo ayudarte a recorrer tus recuerdos. No puedo prometer que lo que encontremos sea completo ni que no duela.

—Ya duele.

La habitación quedó en silencio.

Raden se acercó a la cama, pero no lo tocó.

—Necesito que entiendas algo. Si en cualquier momento quieres detenerte, lo haré. Si pierdes la capacidad de pedírmelo, también lo haré.

Serik asintió.

—Y nadie sale —añadió—. Quiero que escuchen.

El sanador dudó.

—El capitán debería estar presente.

—No —dijo Serik.

—Es el procedimiento.

—Entonces cambie el procedimiento.

Alyssa reconoció el tono. No era autoridad. Era un hombre aferrándose a la última decisión que todavía le pertenecía.

—Nos quedamos —dijo.

El sanador la observó, después miró a Serik y finalmente salió sin discutir. La puerta se cerró.

Raden ocupó una silla junto a la cama.

—Mírame.

Serik obedeció.

Los ojos azules de Raden se oscurecieron apenas. No hubo luz ni un cambio visible en el aire, pero Alyssa sintió una presión suave detrás de la frente, como si alguien hubiera cerrado una puerta en una habitación lejana.

Serik dejó de respirar durante un segundo.

—Sigue mi voz —dijo Raden—. Vuelve al camino de Dunhollow. Antes del bosque.

Las manos de Serik se tensaron sobre la manta.

—Éramos seis

—¿Quiénes?

—Lysa, Coren, Mael, Tarek, Siph y yo.

Alyssa conocía algunos nombres. Había entrenado con Coren años atrás. No eran cercanos, pero recordaba la manera en que ajustaba demasiado las correas de los guantes antes de cada combate.

—Entramos por el norte —continuó Serik—. Seguimos los pasos. Escuchamos algo entre los árboles.

Su respiración se aceleró.

—¿Qué escucharon? —preguntó Raden.

—Una voz.

—¿De quién?

—De Lysa.

Alyssa frunció el ceño.

—Pero Lysa estaba contigo.

Serik giró la cabeza hacia ella sin dejar de mirar realmente a Raden.

—Estaba a mi lado. Y también la escuchamos más adelante.

Eiran se apoyó contra la pared.

—Algo imitaba su voz.

—Nos separamos —dijo Serik.

Alyssa cerró los ojos un instante.

Una unidad del Quinto no se separaba por una voz en el bosque.

Serik pareció sentir el juicio aunque nadie lo pronunciara.

—No queríamos hacerlo. Caminamos juntos. Después el sendero cambió. Yo veía a Mael delante. Tarek juraba que Mael estaba detrás. Cada uno empezó a ver una cosa distinta.

Raden inclinó ligeramente la cabeza.

—Alteración de percepción.

—¿Segundo Fragmento? —preguntó Neera.

—O algo diseñado para imitarlo.

Serik apretó los párpados.

—Después hubo humo. Máscaras. Agujas.

Su cuerpo se tensó de golpe.

Raden levantó una mano.

—No tienes que avanzar más rápido.

—Sí tengo.

—No.

La firmeza de Raden sorprendió incluso a Alyssa.

—No vas a destruirte para darnos una respuesta. Respira y vuelve al momento en que despertaste.

Serik obedeció con dificultad.

—Una mesa.

—¿Qué había alrededor?

—Cristal. Metal. Cinco marcas en la pared.

Alyssa pensó en los símbolos sobre las camillas.

—¿Estaban los otros contigo?

—A veces.

—¿Qué les hacían?

Las manos de Serik comenzaron a temblar.

—Preguntaban cuánto podíamos soportar. Cuánto tardábamos en sanar. Qué ocurría cuando nos quitaban sangre. Después... después cambiaban de habitación.

—¿Quién preguntaba?

—Una voz de hombre.

—¿La oíste sin máscara?

Serik negó.

—Nunca lo vi. Solo... —Se interrumpió—. Decía que el Quinto era distinto. Que no podían encontrar la energía que necesitaban.

Zyran se enderezó.

—¿Dijo energía?

—Decía que todos dejaban algo en el cristal, pero necesitaba a alguien que no lo dejara.

Alyssa sintió un frío breve en los brazos.

—¿Qué hicieron cuando encontraron energía?

Serik abrió los ojos.

Por primera vez pareció verla de verdad.

—Siguieron intentando.

Una lágrima silenciosa descendió por su sien. No cambió de expresión.

Raden habló más bajo.

—Busca el último recuerdo antes de que escucháramos tus golpes.

Serik volvió a cerrar los ojos.

—Una alarma.

—¿Quién la activó?

—No sé. Hubo gritos. Los de las máscaras se fueron hacia el corredor. Alguien abrió las otras celdas.

Neera se acercó un paso.

—¿Alguien con una capa gris?




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