Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 13 — Una orden conveniente

Serik abandonó la Fortaleza Negra antes del amanecer.

No permitieron que ninguno de ellos se acercara mientras lo trasladaban. Cuatro guardias de la Corona rodeaban la camilla y otros dos vigilaban la puerta principal, como si el soldado apenas consciente fuera capaz de escapar por sus propios medios. Vaelor discutía con el oficial a cargo junto a las escaleras. Hablaban en voz baja, pero el tono del capitán bastaba para entender que no estaba de acuerdo con algo.

Alyssa observaba desde el corredor superior con los demás.

—No deberían moverlo todavía —dijo Eiran.

—No deberían hacer muchas cosas —respondió Neera—. Eso no ha impedido ninguna hasta ahora.

Serik giró la cabeza al pasar bajo ellos. Sus ojos recorrieron la galería y se detuvieron en Alyssa. Durante un momento pareció que intentaría hablar. Uno de los guardias ajustó la manta sobre su pecho y la camilla continuó avanzando.

Alyssa bajó las escaleras antes de decidir hacerlo.

El oficial extendió un brazo para detenerla.

—El prisionero está bajo custodia de la Corona.

—Es un soldado rescatado, no un prisionero.

—La orden utiliza la palabra custodia.

—La orden también decía que permanecería aquí hasta estar estable.

El hombre no apartó el brazo.

—Zephyr —dijo Vaelor.

Alyssa lo miró. El capitán negó una sola vez. No era una corrección, era una advertencia. Había demasiados guardias y ninguna decisión que pudieran cambiar en aquel patio.

Serik pasó junto a ella. Tenía los labios partidos y la piel demasiado pálida, pero consiguió mover una mano bajo la manta. Tres golpes débiles contra la madera de la camilla.

Pausa.

Dos golpes.

El código del Quinto para indicar que faltaba información.

Alyssa respondió apoyando dos dedos contra la hebilla de su cinturón.

Lo había entendido.

La camilla desapareció tras las puertas de la fortaleza.

Zyran se colocó a su lado, con las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta.

—No voy a decir que perseguir una escolta real a caballo sea una mala idea —murmuró—, porque sospecho que eso podría convertirla en una posibilidad real dentro de tu cabeza.

—No iba a perseguirlos.

—Excelente. Mi influencia empieza a notarse.

Alyssa siguió observando el camino hasta que el último caballo desapareció entre la niebla.

—Lo están sacando antes de que pueda recordar algo más.

Zyran dejó de sonreír.

—Sí.

No intentó convencerla de que quizá existía una explicación razonable. Alyssa agradeció que no lo hiciera.

Vaelor esperó a que las puertas volvieran a cerrarse antes de dirigirse al grupo.

—Sala de mapas. Diez minutos.

—¿Para hablar de nuestra nueva misión o para explicar por qué entregamos a un testigo herido a personas que ya sabían lo que encontraríamos en Dunhollow? —preguntó Raden.

Vaelor sostuvo su mirada.

—Para ambas cosas, si conseguimos terminar la primera sin que Lux interrumpa cada tres frases.

Zyran se llevó una mano al pecho.

—Capitán, estoy intentando ser una presencia estabilizadora.

—Inténtalo en silencio.

El santuario de Velmora aparecía marcado en el extremo oriental del mapa, junto a una cadena de colinas bajas y un camino antiguo que conectaba tres provincias humanas. No pertenecía a ninguno de los Fragmentos. Tampoco estaba bajo administración militar, al menos de manera oficial.

Vaelor colocó sobre la mesa un dibujo de la reliquia robada. Era una pieza circular, no mayor que una mano abierta, formada por cristal oscuro y cinco brazos delgados de metal que se extendían desde el borde.

—La llaman la Lente de Velmora —dijo—. Los custodios del santuario aseguran que fue encontrada hace más de seiscientos años bajo los cimientos del edificio principal. Nunca manifestó poder y durante generaciones se conservó como una pieza ceremonial.

Raden acercó el dibujo.

—¿Por qué la Corona se interesa ahora por un objeto que consideró decorativo durante seis siglos?

—Porque desapareció tres noches antes de que encontráramos un símbolo Fragmentista en Dunhollow.

—Eso no responde —dijo Neera.

Vaelor apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Es la respuesta que figura en la orden.

Alyssa observó el sello al pie del documento.

—Merovan otra vez.

—El consejero Merovan dirige la oficina que supervisa reliquias vinculadas a Aethra —explicó Vaelor—. Su firma no es extraña en este tipo de informe.

—La rapidez sí —dijo Raden.

—Sí.

La admisión dejó la sala en silencio.

Vaelor recorrió al grupo con la mirada.

—Su objetivo oficial es recuperar la Lente, identificar a los responsables y capturarlos con vida si es posible. No tienen autorización para entrar en propiedades de la Corona, interrogar funcionarios reales ni continuar la investigación de Dunhollow.

—Una lista muy específica —comentó Zyran.

—Lo suficiente para que sepan dónde termina la orden.

Alyssa comprendió lo que no estaba diciendo.

—¿Y dónde termina su confianza?

Vaelor tardó en responder.

—No confío en una orden que llega antes que la información necesaria para escribirla. Tampoco confío en cinco soldados que me ocultan la mitad de lo que sienten cada vez que entran en una habitación.

Eiran miró a los demás.

—Eso parece justo.

—No era un cumplido —dijo Vaelor—. Informarán primero ante mí. Todo lo que encuentren. Después decidiremos qué llega al palacio.

Raden inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Está pidiéndonos que filtremos un informe de la Corona?

—Les estoy ordenando que no entreguen información incompleta a una oficina que ya ha demostrado conocer más de lo que admite.

—La diferencia parece bastante administrativa —dijo Zyran.

—Las mejores traiciones empiezan así.

Vaelor recogió el documento.

—Parten en una hora.

Alyssa permaneció junto a la mesa mientras los demás se dirigían a la puerta.




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