Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 14 — La estrella bajo la piedra

La sombra terminó sobre una losa sin inscripción junto al muro occidental.

Raden había calculado el recorrido antes de que el sol desapareciera por completo, pero fue Neera quien encontró la cerradura. La piedra tenía una hendidura tan fina que parecía una grieta natural. Introdujo una herramienta, giró dos veces y un tramo del suelo descendió con un sonido de engranajes antiguos.

Maelis observaba desde las escaleras del santuario.

—Debajo de Velmora hay pasadizos más antiguos que el edificio —dijo—. La mayoría fueron sellados después de Arkhor. Algunos por seguridad. Otros para evitar preguntas.

—¿Sabe adónde conduce este? —preguntó Eiran.

—A una cripta que no aparece en los planos oficiales.

Zyran miró la abertura.

—Últimamente pasamos una cantidad preocupante de tiempo descendiendo a lugares que no aparecen en planos.

—Puedes quedarte arriba —dijo Neera.

—Y perderme la posibilidad de ser aplastado por otra construcción histórica. Jamás.

Maelis sujetó el brazo de Alyssa antes de que bajara.

—Si encuentra a la mujer de la capa gris, pregúntele por Elian.

—¿Su hijo?

La custodia asintió.

—Desapareció hace nueve años. La Corona dijo que abandonó el santuario para unirse a ellos. Yo nunca vi una carta, un cuerpo ni una sola prueba que no viniera sellada por la oficina de Merovan.

Alyssa sostuvo su mirada.

—Preguntaré.

La escalera descendía hacia un corredor seco, construido con bloques de piedra rojiza. A diferencia de la instalación de Dunhollow, no había metal reciente, aceite ni huellas de actividad constante. El aire olía a polvo y cera apagada.

Eiran encendió una llama. La luz reveló estrellas talladas en el techo, cientos de puntos unidos por líneas finas que formaban constelaciones desconocidas.

—No están en ningún mapa astronómico —dijo Raden.

—Quizá no representan el cielo —respondió Neera.

Alyssa avanzaba en segundo lugar. Sentía la misma corriente tenue de la cámara inferior, aunque ahora parecía pulsar a intervalos, como si algo dentro de la piedra reconociera su presencia y después volviera a dormirse.

Zyran caminaba detrás de ella.

—¿La sientes otra vez?

Alyssa no preguntó cómo lo sabía.

—Sí.

—Yo también.

—¿Igual que en Dunhollow?

Él tardó en responder.

—No. Allí la energía estaba rota. Esto se parece más a una puerta cerrada.

—¿Podrías abrirla?

—Podría intentarlo. También podría derribar el techo y convertir la misión en una tradición.

Alyssa miró por encima del hombro.

—Por una vez, elige la primera opción sin demostrar la segunda.

—Cada vez pides cosas más difíciles.

El corredor terminaba en una cámara circular con cinco entradas. En el suelo había un diseño de líneas metálicas incrustadas en la piedra. Formaban una estrella de cinco puntas alrededor de un círculo central.

Todos se detuvieron.

El dibujo no era idéntico al símbolo de los Fragmentistas. Tampoco a los emblemas oficiales de los Fragmentos. Era más antiguo y menos decorativo, como si cada línea hubiera sido colocada para cumplir una función.

Raden caminó alrededor sin pisarlo.

—Cinco posiciones exteriores.

Neera señaló el centro.

—Y una sexta.

Alyssa sintió que el pulso bajo sus costillas se volvía más fuerte.

Eiran la miró.

—¿Estás bien?

—Sí.

La respuesta salió demasiado rápida.

Zyran no dijo nada, pero se movió apenas hasta quedar más cerca.

Una voz femenina llegó desde una de las entradas.

—No pisen las líneas.

La mujer de Dunhollow apareció bajo el arco oriental. Llevaba la misma capa gris y el broche de la estrella quebrada sujeto al cuello. Esta vez no ocultaba el rostro.

Era humana.

Sus ojos violetas recorrieron al grupo sin sorpresa. Tendría poco más de treinta años. Una cicatriz fina atravesaba su ceja izquierda y desaparecía bajo el cabello oscuro.

Neera desenvainó una hoja.

—Te llevaste la caja.

—Ustedes se llevaron al único hombre que podía caminar.

—No podía caminar —dijo Eiran.

—Entonces hicimos un reparto bastante justo.

Alyssa avanzó un paso.

—¿Nombre?

—Meyra Seln.

—¿Fragmentista?

—Eso dice el broche.

—También dice que huyes cuando te hacen preguntas.

Meyra sonrió apenas.

—Eso no está grabado, pero debería.

Zyran cruzó los brazos.

—Empiezo a entender por qué prefieren mensajes misteriosos. Hablar directamente no parece su fortaleza.

—Y tú debes ser Lux.

La sonrisa de Zyran desapareció un instante.

—Nos conoces.

—La Corona eligió a cinco Portadores de distintos Fragmentos, los escondió en una fortaleza y después los envió a investigar desapariciones que lleva décadas negando. No son exactamente discretos.

Raden dio un paso hacia el borde del dibujo.

—¿Décadas?

Meyra miró las cinco entradas antes de responder.

—Los primeros registros que conservamos son de hace ciento treinta y siete años. Grupos pequeños. Uno o dos Portadores cada vez. La Corona los clasificaba como deserciones, accidentes o pérdidas en misión. Hace nueve años el número aumentó. Este año dejaron de esconder el patrón.

—¿Quién los toma? —preguntó Alyssa.

—Los llamamos Recolectores.

—Eso no es una respuesta —dijo Neera.

—Es la única que tenemos. No llevan emblemas, cambian de rutas y eliminan cualquier instalación antes de abandonarla. Utilizan equipo fabricado en talleres reales y conocen los movimientos de las unidades antes de que sean públicos.

Eiran frunció el ceño.

—¿Está diciendo que trabajan para la Corona?

—Estoy diciendo que alguien dentro de la Corona les abre las puertas. No sé si obedecen al rey, al Consejo o a una persona que todavía no hemos identificado.

Raden estudió su rostro.

—Cree lo que está diciendo.

Meyra lo miró.




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