Fragmentos del Cielo: El Eco de Arkhor

Capítulo 15 — Lo que no debía responder

La luz recorrió las cinco puntas del diseño y murió antes de alcanzar el círculo central.

Zyran retrocedió un paso. Su barrera seguía levantada, pero el borde temblaba como si algo estuviera desgarrándola desde dentro.

—Eso está absorbiendo mi energía.

El hombre de la máscara inclinó la vara.

—No toda.

La siguiente descarga atravesó la defensa.

Alyssa empujó a Zyran hacia un lado. El impacto golpeó la pared detrás de ellos y dejó una mancha negra que se extendió sobre la piedra como una quemadura viva.

Eiran levantó ambas manos. El suelo respondió formando una barrera baja entre el grupo y los tres Recolectores, pero las líneas metálicas de la cámara absorbieron parte del movimiento. La pared emergió torcida y se quebró antes de alcanzar la altura de sus hombros.

—La sala interfiere con los poderes —dijo.

—No con los de ellos —respondió Raden.

Dos figuras entraron por el arco norte. Una llevaba cuchillos. La otra, una caja de cristal sujeta al pecho por correas. Dentro se movían cinco líquidos de colores distintos separados por placas finísimas.

Meyra vio la caja y palideció.

—No rompan eso.

Zyran se incorporó.

—Por supuesto. Justo cuando empezaba a considerarlo.

Neera apareció detrás del portador de los cuchillos y golpeó la unión de la armadura con la empuñadura. El hombre cayó de rodillas. Antes de que pudiera terminar el movimiento, una onda oscura salió de la caja y recorrió la cámara.

La invisibilidad de Neera se deshizo.

Raden cerró los ojos con una mueca. Eiran perdió el control de la llama. Zyran apoyó una mano contra el suelo.

Alyssa no sintió nada.

No exactamente.

La onda llegó hasta ella, se curvó alrededor de su cuerpo y siguió adelante.

El portador de la caja la miró.

—Otra vez.

No hablaba con sus compañeros.

Hablaba con alguien que no estaba allí.

Un cristal pequeño junto a su máscara transmitía la voz.

Alyssa avanzó antes de que pudiera repetir la descarga. El hombre levantó un brazo y una hoja corta emergió de la muñeca. Ella desvió el primer ataque, golpeó la articulación y utilizó el peso de su rival para hacerlo girar lejos del centro de la cámara.

No intentó romper la caja.

Todavía.

A su derecha, Eiran recuperó el equilibrio y empujó una corriente de aire contra dos Recolectores. La fuerza salió débil, pero bastó para alterar su postura. Zyran aprovechó el espacio y concentró una descarga breve en los cierres de una armadura.

—No le des energía al suelo —dijo Raden.

—Estoy intentando no darle energía a nadie.

—Concentra el golpe. Sin expansión.

—Eso habría sido útil antes.

—Antes no sabía que la cámara la redistribuía.

—Qué reconfortante aprender juntos.

Alyssa oyó el cambio en la voz de Zyran. Seguía bromeando, pero respiraba demasiado rápido.

El hombre de la vara había conseguido rozarle el costado. Una línea oscura atravesaba su chaqueta y parte de la piel bajo las costillas.

Alyssa no tuvo tiempo de mirarlo más.

El portador de la caja volvió a atacarla. La hoja pasó junto a su cuello. Ella atrapó la muñeca, giró hasta sentir ceder la articulación y golpeó la máscara con la frente. El hombre retrocedió.

—Si reacciona —dijo a través del cristal—. El Quinto no deja residuo.

La frase congeló algo dentro de Alyssa.

Serik había dicho algo así.

Siempre podían encontrar la energía. Pero ahora...

El Recolector levantó la caja. Una aguja salió desde uno de sus costados y se dirigió hacia el brazo de Alyssa.

Zyran la golpeó con una descarga antes de que la alcanzara.

La energía fue precisa.

Demasiado precisa para un hombre que apenas podía mantenerse recto.

El cierre superior de la caja se abrió.

Meyra gritó algo, pero el sonido se perdió bajo la explosión.

El cristal no se rompió. Las placas interiores sí.

Los cinco líquidos se mezclaron.

La reacción fue inmediata.

Una luz negra y dorada salió de la caja, seguida por azul, verde, gris y un resplandor avellana tan pálido que casi parecía transparente. Las energías chocaron entre sí, se retorcieron y golpearon las líneas metálicas del suelo.

Las cinco puntas de la estrella se encendieron.

Esta vez la luz llegó al centro.

Alyssa estaba dentro.

El mundo perdió el sonido.

Sintió a Zyran como una corriente ardiente contenida detrás de una puerta quebrada. A Raden como un océano de voces que intentaban mantenerse separadas. A Eiran como tierra, aire, agua y fuego en constante movimiento. A Neera como un espacio que podía cerrarse hasta desaparecer.

La quinta energía no pertenecía a ninguno de ellos.

Era dolor.

Un residuo arrancado a alguien del Quinto y encerrado dentro de la caja.

Entró en Alyssa junto a las demás.

No se quedó.

Atravesó su cuerpo buscando una salida.

Alyssa abrió la boca, pero no consiguió respirar. Las cinco fuerzas intentaron ocupar el mismo lugar y se rechazaron con una violencia que hizo vibrar la cámara.

En el borde del círculo, Zyran levantó la cabeza.

Sus ojos encontraron los de ella.

La energía cambió de dirección.

No porque él la controlara.

Porque la soltó.

Durante un instante dejó de resistirse a la corriente y permitió que pasara hacia Alyssa sin intentar retenerla. Eiran hizo lo mismo por puro instinto. La tensión del suelo disminuyó. Neera extendió una mano, aunque estaba demasiado lejos para tocar a nadie. Raden abrió los ojos y la presión de cientos de pensamientos se convirtió en una sola certeza.

Sal de ahí.

La orden no llegó con su voz.

Alyssa la sintió dentro de la cabeza.

Meyra corría hacia el mecanismo de la puerta sur. Los Recolectores intentaban recuperar la caja. El hombre de la vara levantaba otra descarga.

Alyssa comprendió que no podía contener aquello.




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