La habilidad de saber el futuro es algo que da miedo, ¿verdad? Saber con certeza qué pasará hoy o mañana, conocer el día exacto en que te enfrentarás al destino escrito, a la muerte, al nacimiento de un heredero o a una calamidad destructiva... saberlo, simplemente, da mucho miedo. En el orden natural, las cosas pasan porque sí; pero si sabes de antemano qué sucederá, entonces el azar cambia. Se convierte en algo que ya conoces, algo que sabes que se manifestará porque ya lo viste en acción antes de que ocurriera y se hizo realidad.
El mundo se rige por normas que las personas siguen al pie de la letra, y si le cuentas a la gente común que puedes ver qué pasará en las próximas horas, simplemente te tacharán de loco. Después de todo, el mortal cree que nunca se sabe qué depara el mañana. La gente es ignorante, y es por eso que tú cambiarás ese pensamiento, o simplemente seguirás el curso del mismo destino sin cambiar nada. Recuerda que puedes salvar el destino de tu familia o, por el contrario, condenarla; es tu elección. Al final, tú sabrás qué opción correcta has de tomar.
En el Castillo Espectral de Tahiel.
Dentro de sus aposentos, Sabrina continuaba observando los acontecimientos de Teotia. Las pantallas flotantes iluminaban toda la habitación, pero de repente, el fulgor provocado por el linaje de York estalló en el frente de batalla humano. La luz cegadora del caballero mágico fue tan intensa que traspasó el vínculo místico, haciendo efecto directo en las pantallas del palacio.
Sabrina retrocedió, cubriéndose el rostro con un brazo mientras quedaba momentáneamente cegada.
—¡¿Qué rayos?! —exclamó fastidiada—. ¿Cómo es posible que esa luz afecte también este lugar? No puedo ver nada.
Pero la realidad era mucho más profunda. Aquella energía no solo iluminó el cuarto de Sabrina, sino que barrió por completo el castillo de Tahiel. Aquel bastión perpetuamente sumido en las tinieblas ahora era inundado por una luz casi divina, como si un ángel hubiese descendido del cielo para entregar un mensaje directo de Dios.
Afuera, en los pasillos de piedra negra, se encontraba Farasya. La menor de las princesas demonio estaba llorando en silencio. Sí, la misma que antes había conversado con Sabrina mostrando una madurez gélida y que no había perdido la compostura tras la furia de su hermana, ahora se desmoronaba en la soledad del corredor.
Las lágrimas surcaban sus mejillas mientras el pánico se apoderaba de su mente: "Entonces sí es cierto... aquellas palabras sí son reales. No fue un sueño. Fue una profecía de lo que pasará. ¿Pero por qué yo? ¿Por qué solo yo puedo escuchar ese mensaje y ver ese futuro? Y sobre todo... ¿quién es ese chico llamado Biel? ¿Qué era ese lugar que parecía un paraíso sagrado destruido? ¿Qué eran esos cinco sellos? ¿Por qué mi padre está luchando con alguien anciano que está envuelto en fuego? ¿Por qué el Inframundo está en caos? ¿Qué son todas estas visiones? ¿Acaso es el futuro? No entiendo nada".
Farasya respiró hondo, forzando a sus pulmones a estabilizarse, e intentó seguir con su recorrido. Fue en ese instante cuando la luz cegadora de York, que viajaba desde las pantallas de Sabrina, la alcanzó por el pasillo. Al ser bañada por ese resplandor divino, el terror la paralizó por completo: se dio cuenta de que sí era una profecía, pues ya había visto esa misma luz cegadora exacta en sus visiones. Todo lo que había contemplado en su mente estaba escrito para suceder.
Sin embargo, había una pieza que no encajaba en su rompecabezas. En sus visiones, ella vio claramente al héroe llamado Biel, pero el héroe actual de esta generación se llamaba Lorian.
"¿Quién es ese chico?", se preguntó Farasya, con el corazón latiéndole a mil por hora. "¿Acaso será un hijo del héroe? Si ese es el caso, entonces la victoria de mi padre es prácticamente imposible. El héroe Lorian ganaría después de todo, si está destinado a tener un hijo llamado Biel... Pero sigue sin cuadrarme algo. Si Lorian gana, ¿entonces por qué mi padre pelearía en el futuro con ese humano anciano y además por qué está en llamas? ¿Y también qué eran esos cinco sellos?".
Aquella marea de preguntas perturbaba la mente de Farasya, quien se sentía completamente impotente y sin saber qué hacer. Pero algo era seguro en su interior: todo estaba destinado a suceder.
Mientras tanto, en la otra habitación, Sabrina recuperó la vista. Fascinada por la magnitud del poder que acababa de presenciar, salió de sus aposentos a paso rápido y se dirigió directamente hacia la sala del trono. Había tomado una decisión: iría de nuevo a Teotia en persona. Las grandes peleas que se estaban desarrollando en el reino de los humanos la habían dejado completamente cautivada; la luz de York, a pesar de haberla dejado ciega por unos minutos, le pareció lo más increíble que pudo ver.
Además, había otro motivo que espoleaba su curiosidad: quería presenciar de cerca la pelea de Aurora contra Lilica. Simplemente le parecía de lo más gracioso y patético que Lilica estuviera usando una máscara para ocultar sus cuernos en pleno combate.
Sabrina soltó una risa burlona mientras preparaba el portal de teletransportación en el salón del trono.
—Qué graciosa, mi "casi" hermana Lilica... —murmuró con desprecio—. Usando una máscara para ocultar tus deformaciones. Simplemente me causa gracia. Voy a quitártela para que esa humana también vea tu horrible rostro con cuernos y se aterre de ti. Solo espérame unos minutos, ¿sí?
Sabrina estaba lista para dar el salto dimensional y cruzar hacia Teotia cuando, de repente, un terremoto de proporciones apocalípticas sacudió el lugar. El sismo fue tan brutal que sus ondas expansivas se sintieron por casi todo el Inframundo y alcanzaron a golpear parte del mundo humano; el reino de Teotia fue el que lo experimentó con mayor violencia, al tener una de las puertas del Inframundo tan cerca de sus fronteras. El palacio de piedra negra crujió, y varias columnas comenzaron a agrietarse.
Editado: 27.06.2026