En el vasto e infinito vacío de la mente de Lilica, la desolación era absoluta. Allí estaba ella, suspendida en la nada de su propio subconsciente, atada despiadadamente por pesadas cadenas y enredaderas de rosas negras cubiertas de espinas afiladas que hacían sangrar su piel de porcelana. Sin poder hacer nada para liberarse, el dolor físico y emocional era de una intensidad desgarradora; atrapada en su propia cabeza, obligada a ser espectadora de la destrucción externa sin poder moverse. El peor castigo imaginable para un alma que solo buscaba afecto.
Soportando la tortura de los lazos místicos, ella lloró, quebrando el silencio de su mente:
—Duele... duele mucho. ¿Por qué haces esto, padre? Yo te consideré un padre para mí... No merezco todo este castigo.
Una voz distorsionada y omnipotente resonó con fuerza entre el tintineo de las cadenas, manifestándose desde la oscuridad de la infección mental. Era la voz de Tahiel, implacable y gélida, que le recordaba su cruda realidad:
—Eres una herramienta en mis manos. No eres mi hija, solo eres un individuo que tuvo el honor de conocer al gran Tahiel, Rey Demonio de la oscuridad primordial.
El dolor físico se agudizó con el rechazo divino. Resignada, Lilica simplemente desvió la vista hacia sus propias manos, que se encontraban completamente cubiertas por los tallos de las rosas que hacían sangrar sus palmas con cada parpadeo. Con la mirada fija en el suelo inexistente de su mente, murmuró con el hilo de voz que le quedaba:
—Ya lo tenía entendido desde hace tiempo... Solo me aferré a la mínima posibilidad de que algún día me aceptaras como una de tus hijas.
Reuniendo las últimas fuerzas de su voluntad rota, Lilica levantó la cabeza para mirar hacia el cielo creado por su propia psique, un firmamento que comenzaba a resquebrajarse.
—Me rindo... —sentenció con una tristeza absoluta—. Este mundo es muy cruel y ya no quiero vivir más. Quiero morir.
En respuesta a su deseo de autodestrucción, violentas llamas de maná oscuro cubrieron todo el alrededor del espacio mental, danzando de forma caótica. El fuego rodeaba la escena sin tocar directamente la piel de Lilica; era el reflejo de un alma que estaba completamente decidida a terminar con su propia vida para escapar de la esclavitud.
Mientras todo este tormento ocurría en el abismo interno de Lilica, en el plano terrenal de la iglesia destruida de Teotia, la realidad avanzaba a un ritmo frenético. Aurora y Farasya se preparaban, acumulando su energía para detener el avance de la marioneta.
Aurora envainó parcialmente su hoja plateada y miró a la princesa demonio.
—Tengo un plan, pero no sé si funcione.
Farasya, analizando las fluctuaciones de energía que conectaban el techo con el pecho de Lilica, asintió de inmediato.
—Conozco perfectamente tu plan. Necesitas la ayuda de alguien para poder ingresar a la mente de Lilica y así cortar la conexión que le implantó mi padre a Lilica, ¿verdad?
Aurora abrió los ojos de par en par, completamente sorprendida por la deducción de su aliada temporal.
—¿Acaso puedes leer mentes o algo así?
—Algo así —respondió Farasya, con una mueca de frustración—, pero no tenemos a nadie que pueda usar aquella habilidad.
Aurora apretó los dientes, pensando rápidamente en sus aliados dispersos por el reino.
—Tengo un compañero que puede usar habilidades mentales. Creo que él podría ayudarnos.
—Es imposible, él no podrá venir. Se encuentra en un duelo uno contra uno —interrumpió una voz masculina que resonó con firmeza entre los pilares derruidos de la entrada.
Al girar la vista, vieron aparecer a Kael, quien avanzaba con paso decidido junto a Nyra, dejando atrás el humo del centro urbano.
Aurora soltó un suspiro de alivio, bajando ligeramente los hombros al verlos con vida.
—Chicos, están bien... ¡Qué alivio!
Nyra dio un paso al frente, acomodándose el sombrero con su habitual soltura y una sonrisa pícara.
—Claro que estamos bien. ¿Acaso te preocupaste por tu rival por el amor de Lorian?
Aurora solo sonrió ante la provocación, guardando silencio para no desviar la atención de la verdadera amenaza.
Kael, con la mano apoyada en el pomo de su espada, examinó minuciosamente todo el alrededor. Observó los vitrales rotos, la destrucción masiva de la iglesia y, finalmente, clavó la mirada en Sabrina, quien permanecía de rodillas entre los escombros, con la cabeza completamente inclinada y el orgullo hecho pedazos.
Con tono desconfiado, Kael preguntó:
—¿Quién es ella?
Aurora abrió la boca para responder y explicar la situación, pero fue interrumpida abruptamente por la menor de las demonios.
—Ella es mi hermana Sabrina y yo soy Farasya, hijas de Tahiel —declaró la chica con firmeza, plantándose frente a los recién llegados.
Al escuchar el nombre del causante de la guerra, los cuerpos de los guerreros reaccionaron por puro instinto. Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, mientras que Nyra desató instantáneamente una tormenta de rayos eléctricos que comenzó a chisporrotear a su alrededor, cargando el aire de ozono. Ambos estaban profundamente enfadados; la rabia los consumía tras haber presenciado la crueldad infinita de Tahiel al asesinar al líder de los caballeros y usar su cuerpo como un muerto viviente.
Al notar la inminente colisión, Aurora se interpuso rápidamente entre ambos bandos, levantando las manos para tratar de tranquilizarlos.
—¡Esperen un momento! No es momento de atacarnos entre nosotros. Sé que tenemos nuestras diferencias, pero ella no es como Tahiel y ya lo demostró.
Kael no bajó la guardia; sus ojos seguían fijos en las facciones de las recién llegadas.
—Pero pertenecen a la misma sangre de ese sádico.
Farasya dio un paso adelante, asumiendo la responsabilidad y respondiendo con una madurez que congeló el ambiente:
Editado: 27.06.2026