En la vida, el tiempo es importante para nosotros los humanos. Saber la hora nos permite llegar temprano al trabajo o pasar dejando a los niños en la escuela. Además, el tiempo se deriva de muchas cosas, como tomarse un tiempo a solas para reflexionar o ver a tal hora una película que nos guste; incluso los programas de televisión tienen ya su hora prevista para empezar a transmitir novelas o noticieros.
Y asimismo, también tenemos el tiempo perdido, como el estudiante que llega atrasado a clases o la pérdida de un familiar. Nosotros los humanos decimos: "Qué pena, me hubiese quedado más tiempo con él o ella".
Las reglas del tiempo ignoran nuestras acciones. Simplemente fluyen sin mirar atrás, y en ese pequeño instante en que el tiempo se mueve, entonces encontramos una brecha neutral. En ese pequeño momento podemos cambiar algo, como lo hizo una mujer en un manga que leí, la cual sacrificó su existencia entregando su tiempo de vida para retroceder varios minutos. Al principio, ella creyó que había sido en vano, pues solo retrocedió un minuto, pero ella no sabe que ese minuto bastó para salvar a muchos de una tragedia; ese minuto fue el detonante para que la historia siguiera.
Pero como dije, la brecha neutral no está de ningún bando: puedes ganar y a la vez perder. El tiempo es cruel, pues te quita pero también te da. Entonces, ¿es bueno o malo? Ni uno ni lo otro, simplemente es así. Tú puedes detenerte, pero el tiempo no; él no perdona a nadie. Se podría decir que es hermano de la vida y de la naturaleza. De la vida, porque naces, creces, te reproduces y finalmente mueres; y de la naturaleza, porque solo los más fuertes e inteligentes viven por muchos años. Cada una sigue un ciclo. La gran diferencia con el tiempo es que no es un ciclo, sino que recorre en línea recta al infinito: segundos, minutos, horas... nunca se detienen. Estamos condenados a ver el fin de nuestro mundo e incluso a morir con él, y aun así, el tiempo seguirá de largo en la nada.
Son simplemente las reglas del tiempo. Nosotros podemos controlar nuestro tiempo, pero al tiempo verdadero... no. Puedes poner una alarma para levantarte, pero no detener el tiempo; puedes programar una reunión para esa hora y ten por seguro que llegará la hora. No somos dioses para controlar lo que, por ley, no se puede detener.
Así que recuerda lo que te dije: un minuto puede cambiar la vida de muchos, pero no más. Si pasas de un minuto, ten por seguro que verás una desgracia que no te va a gustar. Así que deja de holgazanear, el tiempo no te esperará a que empieces a moverte. O te mueves y alcanzas, o pierdes el poco tiempo que te brindó aquella que no sigue reglas. O avanzas y salvas tu futuro, tus compromisos, tu vida personal y amorosa, tu gloria e incluso una vida que esté en peligro...
Puedes seguir dudando si así lo deseas. El tiempo seguirá avanzando con o sin ti.
En las afueras del reino, la llanura devastada seguía en un tenso silencio. Luthan, sosteniendo su forma humana con esfuerzo, observaba con preocupación el interior de la ciudad, donde la imponente silueta del gran árbol de Sabrina continuaba brillando y expandiéndose en el cielo nublado.
Consciente de la debilidad de su portador, Luthan desvió la mirada hacia el cuerpo inconsciente del héroe y le suplicó:
—Despierta, Lorian... Tengo un mal presentimiento de lo que está pasando. Una aura asesina está descendiendo... Date prisa y despierta.
Mientras tanto, en la catedral de Teotia, la realidad era desoladora. Todo el recinto sagrado había quedado reducido a escombros y cenizas; solo las siluetas de Kael, Nyra y Farasya se vislumbraban débilmente entre las densas cortinas de polvo que flotaban en el aire, mientras el gran árbol místico terminaba de alcanzar su desarrollo por completo, alzándose como un monumento de madera y magia.
Sin embargo, dentro del árbol el entorno era completamente distinto. Era un espacio mágico y etéreo, un limbo suspendido donde pantallas translúcidas de maná proyectaban flotando los recuerdos más profundos de Lilica. Aurora, flotando en ese subconsciente, estaba presenciando en carne propia todo lo que la chica de los cuernos había vivido a lo largo de su existencia: desde su nacimiento trágico, la muerte de su madre al dar a luz, y posteriormente el cruel repudio de su propio padre por el simple hecho de haber nacido con cuernos.
Aurora, tapándose la boca con ambas manos para contener un sollozo ante la crudeza de las imágenes, murmuró conmovida:
—No lo puedo creer... Todo esto vivió Lilica.
Los recuerdos continuaban reproduciéndose de forma implacable ante sus ojos. Vio al noble anciano que la acogió en su cabaña y la crió con amor, pero que lamentablemente murió cinco años después; vio a Lilica siendo aún una niña indefensa y cómo los aldeanos la acusaron falsamente de asesinato; la vio pasar años huyendo, descalza y mendigando en las frías calles del Inframundo... hasta que conoció a Tahiel y todo empeoró drásticamente. Las humillaciones continuas de Sabrina, el desprecio diario... Todo eso había moldeado la vida de Lilica, la chica demonio de cuernos que, en el fondo, solo quería que alguien la aceptara tal y como era.
Aurora sintió que las lágrimas empañaban sus ojos.
—Los demonios son unos monstruos... —agachó la mirada, apretando los puños, y continuó con un hilo de voz—: Y aún así... somos iguales. Tenemos sentimientos... Lo que le hicieron a Lilica no tiene perdón. Tahiel es el peor de todos los demonios.
Reuniendo determinación, Aurora continuó caminando por el sendero flotante de recuerdos hasta llegar al final del pasillo mental, donde se topó con un inmenso y asfixiante campo de rosas negras. Allí, en el centro de la maleza oscura, vio finalmente a Lilica, quien se encontraba fuertemente atada con pesadas cadenas espirituales y enredaderas de rosas espinosas que le perforaban la piel.
Aurora trató de acercarse de inmediato para liberarla, pero las rosas negras reaccionaron de forma hostil, irguiéndose como garras y bloqueándole el paso con sus tallos espinosos. Aurora cayó de rodillas sobre el suelo de la psique. Aunque se encontrara atrapada únicamente en la mente de Lilica, el aroma dulzón de las flores se sentía aterradoramente real; era como un veneno volátil que le quemaba las vías respiratorias. Aún así, ignorando el dolor del veneno y los rasguños, Aurora hizo todo lo humanamente posible por avanzar, arrastrándose y abriéndose paso hacia donde estaba la prisionera.
Editado: 04.08.2026