Frame [#3 Aberrantes]

Capítulo 30 - Literalmente es un dios

Phemphit intentaba encantar a Rianuhn nuevamente. Ella revoloteaba por los aires, intentando estar a la altura de sus ojos, evitando ser golpeada por sus gigantescas manos.

Extendía sus manos liberando las feromonas que hacían estremecer a las personas que respiraban su aire. El hechizo funcionaba por un momento, pero no lo suficiente como para detenerlo.

Phemphit sabía que ante la mirada de Rianuhn ella solo era un mosquito, un minúsculo fastidio.

Phemphit no podía resistir más, había usado todo su potencial, ya no le quedaba energía para pelear.

Estaba tan agotada que no logró advertir la mano de Rianuhn en dirección a ella. Y así como una mosca, él logró apartarla y lanzarla lo más lejos que pudo.

Phemphit salió volando por los aires, intentaba pelear contra la fuerza del manotazo de Rianuhn, no obstante incluso su impulso no era lo suficientemente fuerte para evitar que golpeara contra las ventanas de cristal de un edificio y atravesarlo.

El golpe fue tan abismal que no solo atravesó un edificio, sino tres. En el tercero logró detenerse gracias a las paredes que fue atravesando con cada golpe.

Se detuvo un momento.

No podía respirar, esto la estaba sobrellevando mucho. Estaba peleando contra el propio diablo en vida.

Cerró los ojos y respiró.

¿Este era su límite?

No podía sentir la mitad de su cuerpo, y sabía que era su cuerpo en modo defensivo, evitando sentir los rasguños, golpes y moretones. Su respiración era acelerada, estaba asustada, pero también estaba agotada.

Subió una vez más por enigma de los techos de los edificios que aún seguían en pie. Vio a Rianuhn dar más pasos derribando todo lo que se le atravesara.

No muy lejos de allí, en una cornisa, estaba Chao observando en la distancia, también se le veía cansado.

Voló hasta su dirección y quedó lado a lado con él.

—Es imposible —dijo Phemphit y ninguno de los dos apartaba su mirada de la montaña que era Rianuhn.

—¿Cómo podemos detener a algo que literalmente es un dios? —preguntó Chao con la respiración entrecortada.

—No tienen que detenerlo —era Guyana a través del comunicador en sus oídos—, solo tienen que distraerlo.

Phemphit y Chao compartieron miradas, mientras que en el fondo se seguían escuchando gritos y cimientos cayendo contra el pavimento.

—Guyana, no creo que estés viendo el panorama —dice Chao mientras vuelve su mirada en el padre de Shixed—. No le hacemos nada, ni siquiera logramos fastidiarlo.

—Tenemos que hacer algo —continuó Guyana—, Blue Velvet está en la Nada, intenta buscar los poderes de Shixed.

—Maldición —dijo Phemphit para asombro de todos.

Chao suspiró.

—Tú quédate aquí, Phemphit —Chao continuaba su mirada fija en Rianuhn—, ya estás agotada.

—¿Y qué hay de ti? —escudriñó Phemphit.

La piel de Chao es blanca, casi cenicienta, como si la energía que lo sostenía se le hubiera escapado por los poros. El cansancio se le marca en los hombros caídos y en la forma en que respira, lento y medido, señal clara de que ha llevado sus poderes más allá del límite. Aun así, no hay rendición en él.

—Aún tengo algo que dar —dijo Chao a su vez que los cuervos comenzaban a surgir desde sus pies hasta cubrir todo su cuerpo, haciéndolo volar un poco más lejos.

Phemphit veía como la parvada de cuervos sobrevolaban por el cielo en forma de pelota, como si estuvieran cubriendo a Chao en caso de recibir algún daño.

Chao aterrizó a unos metros en diagonal frente a Rianuhn. Se estaba encaminando a quien sabe donde, pero debía evitar que llegara de todas formas. Por lo que tomó aire, debía gastar toda la energía que tenía.

Extendió nuevamente sus manos y los cuervos volvieron a atacar. Era inútil, lo sabía. Ya había intentado el truco de asustarlo varias veces y solo lograba desconcentrarlo por menos de un minuto.

Rianuhn, nuevamente, agitaba sus manos haciendo que las aves se apartaran de su vista. No le estaba haciendo daño, solo lo estaba incomodando.

Esta vez, Chao extendió u otra mano y de ella salieron más cuervos. Era una cantidad absurda de cuervos que comenzaban a rodear a Rianuhn gran arte de su torso. La mitad superior de su cuerpo estaba siendo atacada por picotazos de cuervos.

Chao comenzó a sentirse débil, sus músculos comenzaron a tensarse, estaba llegando a su límite. Pero aun así, no se detuvo. Su cuerpo entero pedía auxilio.

No iba a detenerse. Comenzó a gritar. Chao debía liberarse de este dolor, y lo único que lograba hacer era gritar para disipar su dolor.

Shixed y Guyana continuaban en las calles. Observaban desde abajo como hormigas. Guyana intentaba ayudar a los civiles, mientras que Shixed contemplaba cómo los cuervos salían desde un tejado atrapando a Rianuhn.

Sabía que era Chao, y sabía que él no iba a aguantar más.

Si él estaba débil y estaba dando todo por ayudar a personas que odian a los Aberrantes, ella también podía tener el valor y la fuerza para caminar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.