Frame [#3 Aberrantes]

Capítulo 31 - Tú no deberías haber vuelto

Blue Velvet logra acercarse a esa pequeña fuente de luz que destacaba entre la nada. Sentía que había caminado kilómetros y, a su vez, no sentía dolor en las piernas por esforzarse en caminar.

Esta pequeña luz era tentadora. A medida que su mano se acercaba a la luz, podía sentir un calor emanando de él. Se acercó un poco más. La luz comenzaba a ser cegadora, y aun así, no podía parar de verla.

Cuando estaba a unos centímetros de alcanzarla, sintió cómo el suelo comenzaba a vibrar. Algo andaba mal.

Lo podía sentir.

Incluso el ardor de la luz no podía calentar el cómo su sangre se heló al sentir una presencia detrás de ella.

Al darse la vuelta, Blue Velvet logra distinguir la gran sombra titánica de Rianuhn acercándose a ella. Estaba corriendo a largas zancadas. Cada paso que daba hacía estremecer el cosmos.

No podía dudar.

Blue Velvet saltó en dirección a la luz y la tomó en las palmas de sus manos; se sentía como atrapar una luciérnaga caliente.

Al haber saltado, logró evitar que Rianuhn la golpeara de un manotazo o una patada. Se había alejado de su amarre. Sin embargo, al estar encima de una montaña de cadáveres, tuvo que rodar cuesta abajo.

Con cada bajada, cada golpe, podía sentir los huesos golpeando contra su cuerpo. Era una sensación horrible. Pensaba que no llegaría al final de la montaña de cadáveres, hasta que logró dar contra el suelo.

Se puso de pie aun aferrándose a la luz, ocultándola en su mano empuñada.

Debía correr.

Blue Velvet tomó provecho de que la montaña era tan grande como Rianuhn, que evitaba ser vista.

Rianuhn manoteó la montaña, haciéndola caer como una pila de bloques.

Era inútil esconderse.

La luz en su mano, aunque intentaba esconderla, podía desprender los destellos alrededor de sus dedos.

No iba a parar; debía llevarle este poder a Shixed. Continuaba corriendo. Las vibraciones volvieron a surgir; la estaba persiguiendo.

Blue Velvet giró abruptamente a la derecha, sabiendo que él la iba a aplastar como un insecto. Lo logró, logró evadirlo.

Voy sobre su hombro como la mano de Rianuhn se había clavado en el suelo, justo en el punto donde Blue Velvet iba a estar.

Esto era inútil. Este era el territorio abyecto de Rianuhn; ella no conocía este lugar, pero él lo dominaba. Lo único que podía hacer era mantenerlo a tope.

Blue Velvet sigue corriendo con mayor dificultad.

No sabe si lleva horas o minutos corriendo. Este lugar era el palimpsesto de la muerte. Había cadáveres, gente muerta y, al parecer, el tiempo también estaba muerto.

Blue Velvet ya no siente el tremolar del piso.

Sin parar de correr, Blue Velvet ve sobre su hombro cómo Rianuhn se detuvo en seco.

Podía distinguir la silueta de Rianuhn entre tanta oscuridad y el brillo de la luz opacando su vista.

Rianuhn extendió su mano derecha con las palmas arriba, y al cerrar sus dedos algo muy extraño sucedió.

La distancia entre ambos se fue cortando, como un acordeón. Aunque corriera más rápido, la distancia se iba reduciendo. Estaba controlando el mundo a su antojo.

Blue Velvet supo, en ese instante preciso, que tendría que romper la promesa que se había impuesto. No había más margen para la contención. Justo antes de que Rianuhn lograra apresarla y levantarla como a una muñeca de trapo entre sus enormes manos, su cuerpo se descompuso en pura electricidad. Se transformó en un rayo vivo, una línea cegadora que rasgó el aire, y salió disparada hacia el cielo, elevándose con un zumbido violento mientras la energía crepitaba a su alrededor.

Comenzó a disparar relámpagos desde las palmas, descargas cortas, constantes. No tenía la energía necesaria para abatirlo de un solo impacto, pero sí para mantenerlo al límite, para hacerlo sentir cada descarga clavarse en su carne. Aun así, el dolor era evidente. La Nada se retorcía a cada paso de Rianuhn, como si el vacío mismo reaccionara a su avance.

Blue Velvet volaba a toda velocidad, las manos encendidas por una luz inestable, palpitante, mientras la electricidad ardía dentro de su cuerpo como una tormenta contenida, lista para desatarse. Cada ráfaga le arrancaba más fuerza de la que podía permitirse. No era suficiente.

Detrás de ella, Rianuhn rugió.

El sonido sacudió el aire, lo desgarró. La Nada vibró, se onduló, y por un instante pareció resquebrajarse cuando el cuerpo colosal avanzó con una velocidad imposible para algo de su tamaño. Era como si la realidad misma se plegara para acercarlo, como si el mundo conspirara a su favor.

Blue Velvet apretó los dientes y maldijo en silencio.

Lo sabía. Allí, en ese lugar imposible, él era un dios.

Sus piernas se tensaron y su mente se vació de todo lo demás. El miedo, el cansancio, la duda quedaron atrás. Se detuvo en seco en pleno aire, giró sobre sí misma y extendió ambas manos con determinación absoluta.

El relámpago estalló.




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