El mundo no terminó.
Pero por un momento…
dejó de existir.
Nadie pudo explicarlo.
Ni los científicos, ni los gobiernos, ni los pocos que estuvieron lo suficientemente cerca como para sentirlo.
Porque no fue una explosión.
No fue un apagón.
No fue una guerra.
Fue… ausencia.
Un instante donde todo lo que era, dejó de ser.
Y cuando volvió…
algo había cambiado.
Las primeras fallas fueron ignoradas.
Un celular que se apagaba sin razón.
Una calle donde las luces no funcionaban.
Un ascensor detenido para siempre entre dos pisos.
Errores.
Casualidades.
Nada más.
Hasta que empezaron a expandirse.
Las llamaron Zonas Muertas.
Sectores donde la energía no fluía, donde el sonido se deformaba, donde el aire mismo parecía resistirse a existir.
Entrar en una de ellas era… extraño.
Como caminar dentro de un recuerdo roto.
Algunos salían.
Otros no.
Y los que lo hacían…
no volvían siendo los mismos.
En los informes oficiales, el evento recibió un nombre técnico.
Frío.
Preciso.
Controlable.
Pero en los pasillos, en las sombras, entre quienes sabían un poco más…
lo llamaban distinto.
Frecuencia Cero.
—Confirmación visual —dijo una voz.
La transmisión era inestable. Interferencias cruzaban la imagen como heridas abiertas.
Un equipo táctico avanzaba con cuidado dentro de una Zona Muerta reciente.
Cascos.
Armas.
Respiración contenida.
—No hay señales de vida —continuó otro—. Repetimos, no hay—
La señal falló.
Un segundo.
Dos.
Volvió.
Pero algo… no estaba bien.
—¿Escucharon eso? —susurró uno.
Silencio.
Demasiado profundo.
—No hay viento… —dijo otro—. No hay nada…
Entonces…
un paso.
No de ellos.
Frente a la cámara.
Una silueta.
Oscura.
Distorsionada.
Como si no terminara de encajar en el mundo.
—Identificación requerida —ordenó el líder.
Nadie respondió.
La figura no se movía.
Pero estaba…
mirándolos.
—Retrocedan —dijo el líder—. Ahora.
Tarde.
Uno de los soldados avanzó medio paso.
Instinto.
Error.
Su cuerpo…
parpadeó.
Como una imagen corrupta.
—¿Qué carajo?
Y desapareció.
Sin sonido.
Sin rastro.
Sin nada.
El silencio se volvió insoportable.
—¡FUEGO!
Dispararon.
Ráfagas completas.
Pero las balas…
se detuvieron.
A centímetros de la figura.
Y cayeron.
Inertes.
Muertas.
La silueta inclinó la cabeza.
Y dio un paso.
El mundo alrededor de ella…
se apagó.
—Retirada— ¡RETIRADA!
Demasiado tarde.
La transmisión se distorsionó.
Las voces se rompieron.
Y una por una…
desaparecieron.
Hasta que solo quedó estática.
La grabación terminó.
Silencio en la sala de análisis.
Nadie habló durante varios segundos.
Hasta que alguien…
finalmente…
lo dijo.
—Es él.
Otra voz respondió.
Más baja.
Más tensa.
—No.
Una pausa.
—Eso… ya no es humano.
Las luces del recinto parpadearon levemente.
Como si reaccionaran.
Como si algo…
estuviera escuchando.
En algún lugar…
lejos de ahí…
en el borde de una Zona Muerta…
una figura caminaba.
Lenta.
Sin rumbo aparente.
El mundo a su alrededor… dudaba al tocarlo.
Pero no colapsaba.
No del todo.
Había algo diferente.
Algo contenido.
Algo…
inestable.
Se detuvo.
Miró sus manos.
La oscuridad bajo su piel vibró.
Suave.
Peligrosa.
Un recuerdo.
Una voz.
—“Si perdés el control… no va a quedar nada.”
Sus dedos temblaron.
—Lo sé…
Levantó la mirada.
Y por primera vez…
no había solo vacío en sus ojos.
Había algo más.
Cansancio.
Y decisión.
—Por eso sigo caminando.
Un paso.
Otro.
Hacia un mundo que ya no lo quería…
pero que todavía necesitaba algo de él.
Aunque nadie lo supiera.
Aunque nadie lo aceptara.
Aunque él mismo…
ya no supiera qué era.
Pero no estaba solo.
Nunca lo estuvo.
Y esta vez…
alguien más…
lo estaba buscando.
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Editado: 20.04.2026