El silencio… se rompió.
No con sonido.
Con intención.
Tai lo sintió antes de que pasara.
Un cambio en el aire.
Una tensión distinta.
—Agachate —dijo.
Iris no preguntó.
No dudó.
Se tiró al suelo.
En ese mismo instante.
BOOM.
El impacto partió la calle en dos.
No fue explosión convencional.
Fue energía comprimida.
Blanca.
Precisa.
Letal.
Tai ya no estaba donde había estado.
Se había movido.
Instinto puro.
Apareció unos metros más atrás, la oscuridad vibrando a su alrededor.
—Salgan —dijo.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces…
aparecieron.
Cuatro figuras descendieron desde los edificios cercanos, aterrizando sin ruido.
Trajes tácticos.
Máscaras negras.
Sin insignias visibles.
Pero Tai sabía.
—EON…
Uno de ellos dio un paso al frente.
—Objetivo confirmado.
Su voz era distorsionada.
Artificial.
—Frecuencia Cero.
Tai no respondió.
Solo los miró.
Evaluando.
—Interferencia secundaria detectada —continuó el mismo—. Proceder con captura dual.
Iris se levantó lentamente detrás de Tai.
—¿Amigos tuyos? —murmuró.
—No.
—Genial.
Los cuatro levantaron sus armas.
No eran rifles normales.
Eran dispositivos compactos… cargando algo distinto.
—Dispersión en tres —dijo uno—.
—Dos...
Tai se movió antes del uno.
Desapareció.
El primero ni siquiera llegó a reaccionar.
Un instante después.
crack.
Su arma se desintegró en sus manos.
Y él… fue lanzado contra una pared sin tocarlo.
Los otros tres dispararon.
Rayos de energía blanca cruzaron el espacio.
Pero al entrar en contacto con la presencia de Tai…
se apagaron.
Como si nunca hubieran existido.
—Datos confirmados —dijo uno—. Anulación activa.
—Usen fase dos.
Los dispositivos cambiaron.
Emitieron un pulso.
Y por primera vez…
el mundo reaccionó distinto.
La zona alrededor de Tai… tembló.
—Están adaptándose —murmuró él.
—¿Eso es malo? —preguntó Iris.
—Sí.
Uno de los agentes lanzó algo al suelo.
Un cilindro.
Activación.
Una red de energía se expandió.
No blanca.
Gris.
Parecida a su propio vacío.
Tai dio un paso atrás.
—Interesante… —susurró uno de ellos.
—No es igual —dijo Tai.
Y avanzó.
La red intentó cerrarse sobre él.
Error.
La tocó…
y la red colapsó.
Desintegrada.
Pero eso no era el plan.
Desde arriba.
una quinta figura cayó.
Impacto brutal.
El suelo se partió.
Y esta vez…
Tai no sonrió.
La figura se incorporó lentamente.
Sin traje táctico.
Sin máscara.
Solo un cuerpo… modificado.
Cicatrices visibles.
Ojos brillando en un tono violeta profundo.
—Unidad especial desplegada —dijo uno de los agentes.
—Heredero activo.
Iris tragó saliva.
—Ese… no es como los otros.
—No.
El Heredero levantó la cabeza.
Y sonrió.
—Así que vos sos el famoso error…
Su voz era humana.
Demasiado humana.
—Esperaba más.
Tai lo miró fijo.
—Andate.
El Heredero soltó una risa baja.
—No vine a hablar.
Desapareció.
Pero no como Tai.
Esto fue distinto.
El tiempo… se rompió.
Por un segundo.
Apareció detrás de Tai.
Golpe directo.
Esta vez.
impactó.
Tai salió disparado contra un edificio.
El concreto explotó.
Iris abrió los ojos.
—¡TAI!
El Heredero inclinó la cabeza.
—Interesante…
Miró su mano.
—Te toqué.
Eso no debería pasar.
El aire se tensó.
Y Tai salió de entre los escombros.
Más lento.
Pero de pie.
—Manipula… el tiempo… —murmuró.
—Fragmentos —corrigió el Heredero—. No todo. Solo lo suficiente.
Sonrió.
—Lo suficiente para matarte.
Se lanzó otra vez.
Pero esta vez…
Tai estaba listo.
Choque.
Oscuridad contra distorsión.
El impacto deformó el espacio.
Los agentes retrocedieron.
—Registro activo —dijo uno—. Esto supera proyecciones.
Iris observaba.
Inmóvil.
Pero no paralizada.
Pensando.
Sintiendo.
Algo no encajaba.
El Heredero atacaba.
Tai respondía.
Pero había un patrón.
Un ritmo.
—No es más rápido… —susurró—. Está adelantándose.
Otro impacto.
Tai retrocedió.
—Tai —dijo ella—. ¡No es velocidad!
Él la miró.
Un instante.
—¡Está viendo el momento antes!
Silencio.
Un segundo.
Y Tai entendió.
El Heredero sonrió.
—Tarde.
Pero ese segundo…
fue suficiente.
Cuando el Heredero atacó otra vez…
Tai no reaccionó al movimiento.
Reaccionó al vacío.
Al instante entre instantes.
Y por primera vez…
lo tocó.
Directo.
La mano en su pecho.
El Heredero se congeló.
Sus ojos se abrieron.
—¿Qué…?
La oscuridad comenzó a expandirse.
Lenta.
Inexorable.
—No podés… —susurró—. No debería—
—Nada debería —respondió Tai.
Y apretó.
El tiempo del Heredero se fragmentó.
Pero la zona muerta…
no seguía reglas.
Lo alcanzó igual.
Su cuerpo comenzó a fallar.
—¡Retirada! —gritó uno de los agentes.
Los otros activaron extracción inmediata.
Desaparecieron.
El Heredero fue arrancado de las manos de Tai en el último segundo.
Distorsión.
Vacío.
Y se fue.
Silencio.
Otra vez.
Tai quedó de pie.
Respirando pesado.
La oscuridad… inestable.
—Se están acercando… —murmuró.
Iris lo miró.
—Y no van a parar.
—No.
Silencio.
Ella dio un paso hacia él.
—Entonces no te voy a dejar solo.
Tai la miró.
Otra vez.
—Eso ya lo dijiste.
—Y lo voy a seguir diciendo.
Una pausa.
—Porque si ellos te quieren…
Significa que sos importante.
Silencio.
—Y si sos importante…
Vale la pena pelear.
El viento volvió.
Débil.
Pero presente.
Tai cerró los ojos un segundo.
—Te vas a meter en algo que no entendés.
—Entonces explicamelo.
Silencio.
Y por primera vez…
Tai no rechazó la idea.
A lo lejos…
las luces de la ciudad parpadearon.
Y en algún lugar…
alguien sonrió.
—Confirmado —dijo una voz en la oscuridad.
Pausa.
—El objetivo no está solo.
Otra pausa.
Más lenta.
Más peligrosa.
—Perfecto.
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Editado: 24.04.2026