Frecuencia cero: Resurgir Saga Génesis 5

Capitulo 4: La clave

La ciudad no dormía.
Pero ya no vivía igual.
Pantallas fallando. Luces que titilaban. Sectores enteros sin energía. Y entre todo eso… ojos.
Observando.
Esperando.
En lo alto de una torre, donde las ventanas eran negras desde afuera pero transparentes desde adentro…
EON observaba.
Decenas de pantallas mostraban la misma escena desde distintos ángulos:
Tai.
Iris.
La criatura.
Y ese instante.
Ese momento exacto…
donde él se interpuso.
—Repetí eso —ordenó una voz.
La grabación retrocedió.
Frame por frame.
La criatura atacando.
Iris expuesta.
Tai reaccionando.
Y el impacto.
Silencio.
—No fue instinto —dijo la voz—. Fue elección.
Otro operador dudó.
—Pero su perfil indica comportamiento aislado, no protector.
—Eso era antes.
Pausa.
—Ahora tiene algo que perder.
Las luces de la sala bajaron levemente.
Y entonces…
él apareció.
No había puerta abriéndose.
No hubo aviso.
Simplemente…
estaba ahí.
Alto.
Delgado.
Traje impecable.
Ojos grises.
Vacíos de emoción.
—Director… —susurró alguien.
El hombre caminó entre las pantallas.
Observando.
Analizando.
Sin apuro.
—Entonces esta es la variable —dijo finalmente.
Se detuvo frente a la imagen congelada de Iris.
—Interesante.
Un operador tragó saliva.
—No presenta firma energética estándar.
—Lo sé.
El Director inclinó apenas la cabeza.
—No es un error.
Silencio.
—Es un diseño.
La sala se congeló.
—Preparar protocolo de captura —ordenó.
—¿Ambos objetivos?
—No.
Una pausa.
—Solo ella.
Los operadores se miraron.
—¿Y Frecuencia Cero?
El Director sonrió apenas.
—Vendrá solo.
De regreso en el edificio…
Tai estaba de pie, inmóvil.
Algo no cerraba.
—Nos encontraron demasiado rápido —dijo.
Iris frunció el ceño.
—¿Eso es raro?
—Sí.
—¿Mucho?
—Sí.
Silencio.
—Entonces ya vienen —concluyó ella.
—Sí.
Iris suspiró.
—Bueno… mejor ahora que después.
Tai la miró.
—No entendés.
—Entonces explicá.
—Si vienen…
Una pausa.
—No es para pelear.
—¿Para qué entonces?
Silencio.
—Para llevarte.
Iris lo miró fijo.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque sos la única que puede acercarse a mí.
El aire se tensó.
—Entonces soy importante —dijo ella.
—Sos un objetivo.
—Es lo mismo.
—No.
Silencio.
—Uno se protege —agregó Tai—. El otro… se usa.
Iris no respondió.
Pero entendió.
Un sonido.
Lejano.
Pero claro.
Helicópteros.
Muchos.
—Ya están acá —dijo Tai.
Iris respiró hondo.
—Bueno…
Se acomodó el pelo mojado.
—¿Plan?
Tai la miró.
Directo.
—Corrés.
—No.
—No es una sugerencia.
—Y esto no es una despedida.
Silencio.
—No te voy a dejar.
—Te van a usar.
—Entonces no dejo que me agarren.
—No funciona así.
—Entonces hacé que funcione.
El ruido aumentó.
Luces atravesando las ventanas.
Sombras moviéndose afuera.
—Última vez —dijo Tai—. Andate.
Iris lo sostuvo con la mirada.
—Última vez —respondió—. No.
Silencio.
Y Tai…
no insistió.
—Entonces quedate atrás mío.
Una pausa.
—Y no te separes.
—Listo.
Las paredes explotaron.
Literalmente.
Un equipo completo irrumpió.
Pero no eran los mismos de antes.
Más armados.
Más preparados.
Más… seguros.
—Objetivo visual —dijo uno.
—Confirmado.
Y entonces—
el aire se partió.
Una figura cayó en medio del cuarto.
Impacto brutal.
El suelo se quebró.
Polvo.
Silencio.
Cuando se disipó…
Iris lo vio.
Y supo.
—Ese no es como el otro…
Tai tampoco se movió.
—No.
El hombre se incorporó lentamente.
Alto.
Masivo.
Su cuerpo parecía demasiado denso.
Demasiado pesado para moverse así.
Sus ojos…
negros.
Sin brillo.
—Frecuencia Cero —dijo.
Su voz era grave.
Profunda.
—Al fin.
Tai dio un paso adelante.
—Heredero.
—Unidad Titán —corrigió.
Sonrió apenas.
—Yo rompo cosas.
Silencio.
—Probemos.
Se movió.
No rápido.
Inevitable.
Cada paso… hacía vibrar el edificio.
Tai cargó.
Oscuridad contra masa.
Impacto.
BOOM.
El choque sacudió todo.
Las paredes cedieron.
Los agentes retrocedieron.
Iris cayó al suelo.
Pero no apartó la mirada.
Tai golpeó.
La oscuridad se expandió.
Pero Titán…
no desapareció.
Resistió.
—Más —dijo.
Y devolvió el golpe.
Tai salió despedido.
Atravesó dos paredes.
—¡TAI!
Titán giró hacia ella.
Error.
Grave.
Pero esta vez…
calculado.
—Objetivo secundario —dijo.
Y avanzó.
Iris retrocedió.
Instinto.
Pero no corrió.
—Vamos… —murmuró—. vamos…
No sabía qué.
Pero lo sentía.
Algo en el aire.
Algo en ella.
Titán levantó la mano.
—Fin.
Y entonces...
se detuvo.
Un pulso.
Invisible.
Pero real.
Salió de Iris.
El aire cambió.
La presión bajó.
Y por un segundo…
Titán dudó.
—¿Qué…?
Tai apareció.
Desde atrás.
Más rápido que antes.
Más preciso.
—Error.
Mano al cuello.
La oscuridad explotó.
Titán gruñó.
Resistiendo.
Pero esta vez…
no fue suficiente.
—Te dije —susurró Tai—. que no la toques.
Y lo lanzó.
El impacto lo sacó del edificio.
Explosión.
Silencio.
Los agentes activaron retirada inmediata.
Desaparecieron.
Todo…
terminó en segundos.
Dentro del edificio…
polvo.
Ruinas.
Respiración agitada.
Iris se levantó lentamente.
—Eso… fui yo.
Tai la miró.
—Sí.
—No sé qué hice.
—Lo sé.
Silencio.
—Pero funcionó.
Iris lo miró.
—Entonces no soy una carga.
—No.
Una pausa.
—Sos un problema.
Iris sonrió.
—Perfecto.
Tai negó apenas con la cabeza.
Pero no apartó la mirada.
—Tenemos que movernos.
—¿A dónde?
Silencio.
—A un lugar donde no puedan seguirnos.
—¿Existe eso?
Tai dudó.
Por primera vez.
—No lo sé.
Iris asintió.
—Entonces lo encontramos.
A lo lejos…
entre los restos del impacto…
Titán se levantó.
Lento.
Dañado.
Pero vivo.
Sonrió.
—Interesante…
Y en la torre…
el Director observaba.
—Confirmado.
Pausa.
—Ella lo estabiliza.
Otra pausa.
—Y lo potencia.
Silencio.
—Inicien fase dos.
Las pantallas cambiaron.
Nuevos sujetos.
Nuevas amenazas.
—Si no podemos controlarlo…
Una pausa final.
Fría.
—Lo vamos a forzar a elegir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.