La ciudad quedó atrás.
No porque fuera seguro irse…
sino porque quedarse era peor.
Tai avanzaba por una ruta rota, donde el asfalto se abría en grietas largas y silenciosas. Iris caminaba a su lado ahora, ya sin esa distancia inicial.
Algo había cambiado.
No confianza total.
Pero sí… decisión compartida.
—¿A dónde vamos? —preguntó ella.
—Lejos.
—Muy específico.
—Lo suficiente.
Iris suspiró.
—Algún día te voy a hacer hablar como persona normal.
—Dudo que llegue ese día.
Silencio.
Pero ya no era incómodo.
Horas después…
llegaron.
No era una ciudad.
No del todo.
Era un asentamiento improvisado.
Luces débiles.
Generadores ruidosos.
Gente.
Viva.
Pero alerta.
—¿Esto es seguro? —preguntó Iris.
—No.
—¿Entonces?
—Es lo más cercano a normal.
Entraron.
Las miradas cayeron sobre ellos al instante.
Especialmente sobre Tai.
Algo en él…
se sentía.
Aunque no lo entendieran.
—No les gusta —murmuró Iris.
—No deberían.
—Yo sí.
Tai no respondió.
Pero tampoco la frenó.
Un hombre mayor se acercó.
Barba descuidada.
Ojos cansados.
Pero atentos.
—No aceptamos problemas —dijo directo.
Tai lo miró.
—Entonces no me aceptes.
Silencio.
El hombre lo evaluó.
Luego miró a Iris.
—Ella sí puede quedarse.
Error.
Tai dio medio paso adelante.
—Nos quedamos los dos.
Tensión.
Pesada.
Hasta que el hombre suspiró.
—Una noche.
Nada más.
Tai asintió.
—Suficiente.
Les dieron un espacio pequeño.
Una habitación con dos camas viejas y una luz que parpadeaba.
Iris se dejó caer.
—Esto es lujo comparado con lo anterior.
Tai se quedó de pie.
—Dormí.
—¿Y vos?
—No.
—Obvio.
Silencio.
Iris lo miró.
—No podés seguir así.
—No tengo opción.
—Siempre hay opción.
—No.
Una pausa.
—No para mí.
Iris se incorporó.
—Entonces la inventamos.
Silencio.
Tai la miró.
Y por un segundo…
algo aflojó.
—¿Querés saber algo? —dijo ella.
—No.
—Igual te lo voy a decir.
Tai no respondió.
—No te encontré por casualidad.
Eso lo detuvo.
—¿Qué?
Iris bajó la mirada.
—Antes del evento…
yo ya soñaba con esto.
Silencio.
—Con lugares vacíos.
Con ruido que no era ruido.
Con alguien…
Lo miró.
—Con vos.
El aire se tensó.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
—Entonces es mentira.
—No.
Silencio.
—Después del evento… —continuó—. esos sueños se volvieron más claros.
—¿Y decidiste venir?
—No.
Una pausa.
—Algo me empujó.
Tai no habló.
Pero escuchaba.
—Como si… yo tuviera que encontrarte.
Silencio.
Pesado.
—Eso no es normal —dijo él.
—Nada de esto lo es.
Un golpe.
Seco.
En la pared.
Tai ya estaba de pie antes de que sonara el segundo.
—Nos siguieron.
Iris también se levantó.
—¿EON?
—No.
Eso fue peor.
Afuera…
gritos.
Gente corriendo.
Y un sonido…
extraño.
Como si algo no encajara en el mundo.
—Quedate atrás —dijo Tai.
—No.
—No discutas.
—No me quedo sola.
Silencio.
—Entonces no te alejes.
—Nunca lo hago.
Salieron.
Y lo vieron.
No era un Heredero.
No era humano.
Pero tampoco era como la criatura anterior.
Esto…
era peor.
Más completo.
Más estable.
Su forma… casi humana.
Pero con partes que no coincidían.
Como si hubiera sido armado con fragmentos de realidad distintos.
—Eso… no es bueno —susurró Iris.
—No.
La cosa giró la cabeza.
Y los vio.
—…frecuencia…
Su voz…
era múltiple.
Superpuesta.
—…incorrecta…
Tai avanzó.
—Volvete.
La criatura sonrió.
O algo parecido.
—…puerta…
Silencio.
—…abierta…
Y cargó.
Más rápido de lo que debería.
Tai chocó contra ella.
Impacto brutal.
Pero esta vez…
no la desintegró.
—…
—Se está sosteniendo —dijo Tai.
—¡Tai!
La criatura lo empujó.
No con fuerza…
con distorsión.
El espacio se dobló.
Tai retrocedió.
Por primera vez…
no tenía control total.
—Eso es nuevo —murmuró.
La criatura giró hacia Iris.
—…clave…
Error.
Otra vez.
Pero esta vez…
no solo de la criatura.
De ellos.
—¡Iris, atrás!
Tarde.
La criatura extendió la mano.
Y algo cambió.
El aire alrededor de Iris…
vibró.
Como si respondiera.
Como si la reconociera.
—¿…qué…? —susurró ella.
La criatura se detuvo.
—…compatible…
Silencio.
Total.
Tai sintió el peligro.
Real.
—No la mires —dijo.
—No puedo…
La criatura dio un paso más.
—…puerta viva…
El corazón de Tai se aceleró.
—No.
—…abrir…
La oscuridad explotó.
Tai apareció entre ambos.
Y esta vez…
no dudó.
Toda su energía.
Directa.
Sin control.
La criatura gritó.
Interferencia pura.
Y desapareció.
No destruida.
Expulsada.
Como si hubiera sido rechazada.
El silencio volvió.
Pesado.
Denso.
Iris cayó de rodillas.
—¿Qué… fue eso…?
Tai no respondió.
Porque ya lo entendía.
Y eso…
era peor que cualquier enemigo.
—No te estaban buscando por mí…
La miró.
Directo.
—Te estaban buscando por lo que sos.
Silencio.
—¿Qué soy…?
Tai dudó.
Por primera vez en mucho tiempo.
—La puerta.
El viento pasó.
Frío.
—¿Puerta a qué?
Tai no respondió de inmediato.
Pero cuando lo hizo…
su voz fue más baja.
Más grave.
—A algo que no debería entrar.
A lo lejos…
en la oscuridad…
la criatura reapareció.
Observando.
Aprendiendo.
—…clave confirmada…
Y desapareció otra vez.
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Editado: 24.04.2026