Frecuencia cero: Resurgir Saga Génesis 5

Capitulo 7: Lo que hicieron con vos

La noche cayó…
pero no trajo calma.
El aire seguía pesado. El mundo… inestable. Como si algo se estuviera preparando del otro lado, esperando el momento justo para entrar.
Tai y Iris avanzaban lejos del asentamiento.
Sin rumbo claro.
Pero con una certeza:
ya no podían esconderse.
—No va a parar —dijo Iris.
—No.
—Entonces tenemos que entenderlo.
Tai no respondió.
—A mí —agregó ella.
Silencio.
—Ya sé.
Se detuvieron en lo que quedaba de una estación abandonada. Hierro oxidado. Techos caídos. Un lugar muerto… pero útil.
Tai apoyó la espalda contra una pared.
—Contame todo.
Iris lo miró.
—No hay mucho que contar.
—Mentís.
—No.
—Soñabas conmigo antes del evento.
Silencio.
—Eso no es normal.
Iris bajó la mirada.
—No.
—Entonces empezá por ahí.
Pasaron unos segundos.
Pesados.
—Cuando era chica… —empezó ella—. me enfermaba seguido.
—¿Cómo?
—Dolores de cabeza.
Desmayos.
A veces… escuchaba cosas.
Tai frunció el ceño.
—¿Voces?
—No.
Una pausa.
—Frecuencias.
Silencio.
—Como si el mundo tuviera capas… y yo pudiera sentirlas.
Tai no dijo nada.
Pero entendía demasiado bien.
—Mis viejos me llevaron a médicos —continuó—. después a otros lugares…
Su voz cambió.
Más baja.
Más tensa.
—Lugares donde no hacían preguntas.
Tai se incorporó apenas.
—¿Quiénes?
Iris lo miró.
—No lo sabía en ese momento.
Una pausa.
—Ahora sí.
Silencio.
—EON.
El aire se congeló.
—…no.
—Sí.
—Eso no tiene sentido.
—Para ellos sí.
Iris se abrazó a sí misma.
—Me estudiaban.
—¿Qué hacían?
—Pruebas.
Mediciones.
Exposición a estímulos…
Se quedó en silencio.
Tai no insistió.
—A veces… —continuó—. me conectaban a cosas.
Máquinas.
Pantallas.
Datos.
—¿Qué tipo de datos?
Silencio.
—Los tuyos.
Tai se quedó quieto.
Totalmente.
—…imposible.
—No.
Lo miró.
—Vos ya existías para ellos.
Antes del evento.
Antes de todo.
Silencio.
Pesado.
Peligroso.
—Eso no puede ser —dijo Tai.
—Te estaban buscando.
—No.
—Sí.
—Yo no era nadie.
—Para el mundo no.
Una pausa.
—Para ellos sí.
El suelo vibró apenas.
No externo.
Interno.
Tai sintió algo romperse.
—¿Por qué vos?
Iris dudó.
—Porque podía soportarlo.
—¿Soportar qué?
Silencio.
—El contacto.
—¿Con qué?
Iris levantó la mirada.
Y por primera vez…
había miedo real.
—Con lo que vos abriste.
Silencio absoluto.
—No fui yo —dijo Tai.
Pero su voz… no estaba segura.
—No solo vos —corrigió ella—. Ellos ya estaban intentando abrirlo.
—¿El otro lado…?
Iris asintió.
—Vos fuiste el primero que logró conectarlo.
—Y vos…
—Yo fui el primer cuerpo que no se rompió.
Tai dio un paso atrás.
Como si necesitara distancia.
—Entonces no sos un accidente.
—No.
—Sos un experimento.
Silencio.
—Sí.
La palabra quedó ahí.
Pesada.
Irreversible.
—¿Por qué te dejaron ir?
—No me dejaron.
Una pausa.
—Escapé.
—¿Cómo?
Iris dudó.
—No lo recuerdo bien.
—Conveniente.
—No.
Lo miró fijo.
—Doloroso.
Silencio.
—Algo pasó.
Algo falló.
—¿Qué?
Iris cerró los ojos.
Intentando recordar.
—Había… una prueba.
Más fuerte que las otras.
Me conectaron a algo…
Una pausa.
—Y sentí…
Su respiración se quebró.
—Sentí el vacío.
Tai no se movió.
—No el tuyo.
Algo más grande.
Más profundo.
—¿Y sobreviviste?
—No.
Silencio.
—Morí.
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué…?
—Por unos segundos.
Tal vez más.
No lo sé.
—Y entonces…
Abrió los ojos.
—Desperté.
Pero no ahí.
—¿Dónde?
—Afuera.
Sola.
Sin nadie.
Sin rastros.
Tai procesó.
Todo.
Rápido.
Demasiado rápido.
—Te soltaron…
—O me perdieron.
—No pierden cosas así.
—Entonces me dejaron.
—¿Para qué?
Silencio.
—Para que te encuentre.
El golpe fue directo.
Claro.
Brutal.
Tai apretó los dientes.
—Nos están usando.
—Sí.
—Desde el principio.
—Sí.
Silencio.
—Y ahora saben que funcionó.
Un sonido.
Lejano.
Pero claro.
No helicópteros.
No pasos.
Algo peor.
—Nos encontraron —dijo Tai.
—Otra vez.
—No.
La miró.
—Esta vez…
no vienen a probar.
El aire se tensó.
—Vienen a abrirte.
La tierra vibró.
Más fuerte.
Más profunda.
Una grieta se abrió en el suelo.
Negra.
Vacía.
Iris retrocedió.
—¿Eso…?
Tai la miró.
Y esta vez…
sí tenía miedo.
—Eso no es EON.
Silencio.
—Eso es lo que está del otro lado.
Algo comenzó a emerger.
Lento.
Pesado.
Real.
Pero imposible.
—…puerta…
La voz vino de la grieta.
No una.
Muchas.
Superpuestas.
—…abrir…
Iris tembló.
Su cuerpo reaccionaba.
Como si respondiera.
—No… —susurró—. no…
Tai se movió.
Se puso frente a ella.
—No la mires.
—No puedo…
La grieta creció.
—…clave…
El mundo empezó a fallar.
Otra vez.
Pero distinto.
Más profundo.
Más real.
Tai apretó los puños.
—Esto se terminó.
La oscuridad explotó.
Más fuerte que nunca.
Más inestable.
—¡NO LA VAN A TOCAR!
El aire colapsó.
La grieta tembló.
Pero no desapareció.
—…tarde…
La voz se expandió.
—…ya abriste…
Silencio.
Y Tai entendió.
De verdad.
Por primera vez.
—…yo no abrí la puerta…
Miró a Iris.
—La desperté.
El viento murió.
El mundo se tensó.
Y algo…
del otro lado…
empezó a entrar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.