La grieta no era solo una apertura.
Era… una herida.
Negra.
Profunda.
Viva.
El mundo alrededor dejó de comportarse como mundo. El aire no fluía, la gravedad dudaba, el sonido… desaparecía antes de nacer.
Iris no podía moverse.
No por miedo.
Por resonancia.
Su cuerpo… respondía.
—No… —susurró—. no quiero…
Tai la sostuvo por los hombros.
—Escuchame.
Ella lo miró.
Sus ojos… vibraban.
—No la mires —dijo él—. no la sientas.
—No puedo… está… en mí…
Error.
El peor.
La grieta se abrió más.
Y entonces…
algo salió.
No completo.
No todavía.
Pero suficiente.
Una forma.
Demasiado grande.
Demasiado… incorrecta.
No tenía una silueta fija. Cambiaba. Se doblaba. Como si no pudiera decidir qué ser en este plano.
—…puerta viva…
La voz no venía de un lugar.
Venía de todos.
—…finalmente…
Tai dio un paso adelante.
La oscuridad explotó.
Pero esta vez…
no avanzó.
Se detuvo.
Como si algo la estuviera empujando de vuelta.
—…frecuencia…
La cosa lo sintió.
—…error original…
Silencio.
—…interesante…
Tai apretó los dientes.
—No vas a pasar.
La cosa se movió.
Un gesto.
Y el espacio entre ellos…
se rompió.
Tai reaccionó.
Pero no lo suficiente.
Fue empujado hacia atrás.
No por fuerza.
Por negación.
Como si el mundo decidiera que él no estaba ahí.
Impactó contra el suelo.
Deslizó varios metros.
—…insuficiente…
Iris cayó de rodillas.
Su cuerpo temblaba.
—…compatible…
La entidad avanzó hacia ella.
—¡NO! —gritó Tai.
Se levantó.
Pero cada paso… era más difícil.
Más pesado.
Como si ese lugar…
no fuera suyo.
—…abrir…
La entidad extendió algo parecido a una mano.
Y el aire alrededor de Iris…
colapsó.
No hacia afuera.
Hacia adentro.
—¡TAI!
Su voz se rompió.
—¡NO PUEDO PARARLO!
Tai sintió algo romperse dentro suyo.
Otra vez.
Pero esta vez…
no era dolor.
Era decisión.
Se detuvo.
Cerró los ojos.
Y dejó de resistir.
La oscuridad… lo envolvió.
No como antes.
Más profundo.
Más completo.
—Si querés entrar…
Silencio.
—Pasá por mí.
Sus ojos se abrieron.
Y ya no eran humanos.
La zona muerta explotó.
Pero no como expansión.
Como dominio.
El espacio volvió a responder.
La grieta tembló.
La entidad…
se detuvo.
—…adaptación…
Tai apareció frente a ella.
No rápido.
Instantáneo.
—Te dije…
Su voz era doble.
Triple.
Rota.
—Que no la toques.
Y atacó.
El impacto no fue físico.
Fue conceptual.
Oscuridad contra existencia.
La entidad retrocedió.
Por primera vez.
—…interferencia…
Tai no se detuvo.
Cada golpe…
borraba partes de esa cosa.
No destruía.
Desconectaba.
—No pertenecés acá.
—…este plano… es… inestable…
—Para vos.
Otro golpe.
Más fuerte.
La grieta tembló.
—…nos adaptamos…
—Yo también.
La entidad reaccionó.
Se reorganizó.
Más densa.
Más real.
—…puerta… necesaria…
Y atacó.
Esta vez…
directo a Iris.
Error.
Grave.
Tai no se movió hacia ella.
Se movió hacia adelante.
Interceptando el concepto mismo del ataque.
Y explotó.
Toda su energía.
Toda su existencia.
La zona muerta se expandió…
pero no destruyó.
Encerró.
A la entidad.
A la grieta.
A todo.
—¿Qué… estás haciendo…? —susurró Iris.
Tai no la miró.
—Cerrando.
—¡Te va a matar!
—Ya lo hizo.
Silencio.
—Una vez alcanza.
La presión aumentó.
El mundo… gritaba.
La grieta empezó a cerrarse.
Forzada.
Violenta.
—…rechazo…
La entidad luchaba.
—…no… terminado…
Tai apretó los puños.
—Sí.
—…volveremos…
—No.
Otro pulso.
—…ella… es… nuestra…
Silencio.
Y Tai…
dudó.
Un segundo.
El peor error.
La entidad avanzó.
Un fragmento.
Pequeño.
Pero suficiente.
Y tocó a Iris.
El mundo se detuvo.
Otra vez.
Iris no gritó.
No se movió.
Solo… sintió.
—…
Visiones.
Oscuridad.
Lugares que no existían.
Voces.
Miles.
—…hogar…
Su cuerpo brilló.
No luz.
Frecuencia.
—¡IRIS! —gritó Tai.
Ella lo miró.
Pero no lo veía.
—…yo… recuerdo…
Error.
Grave.
La grieta respondió.
Se abrió otra vez.
—¡NO!
Tai se lanzó.
Pero no hacia la entidad.
Hacia Iris.
La abrazó.
Directo.
Sin pensar.
Sin medir.
Y el mundo…
colapsó.
Pero distinto.
No destrucción.
Equilibrio.
La oscuridad de Tai…
y la frecuencia de Iris…
chocaron.
Y por un instante…
se sincronizaron.
Silencio.
Total.
Absoluto.
La grieta…
se cerró.
De golpe.
Sin resistencia.
Como si nunca hubiera estado.
La entidad…
desapareció.
Expulsada.
Rechazada.
El mundo volvió.
Lento.
Doloroso.
Real.
Tai cayó de rodillas.
Iris en sus brazos.
Inmóvil.
—…no…
—…Iris…
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces…
ella respiró.
—…Tai…
Sus ojos se abrieron.
Pero no eran los mismos.
Había algo más.
Más profundo.
Más oscuro.
—…yo vi…
Tai no dijo nada.
—…ellos no vienen a entrar…
Una pausa.
—…vienen a volver.
Silencio.
Pesado.
Irreversible.
Tai la sostuvo más fuerte.
—No van a pasar.
Iris lo miró.
Y por primera vez…
no estaba segura.
—No lo sé…
A lo lejos…
en un lugar donde el mundo aún funcionaba…
pantallas se encendieron.
Datos.
Lecturas.
Anomalías.
—Confirmado —dijo una voz—.
Pausa.
—Contacto directo.
Silencio.
—Fase tres.
Y en la oscuridad…
algo sonrió.
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Editado: 24.04.2026