Frecuencia cero: Resurgir Saga Génesis 5

Capitulo 9: Lo que trajiste de vuelta

El mundo había vuelto.
Pero no era el mismo.
Nunca lo era después de algo así.
El aire estaba… limpio.
Demasiado.
Como si algo hubiera sido arrancado de raíz.
Pero Tai sabía la verdad.
No se fue.
Solo…
aprendió.
Iris respiraba lento.
En sus brazos.
Viva.
Pero distinta.
—…Tai…
Su voz era débil.
Pero no rota.
—Estoy acá.
Ella lo miró.
Y por un segundo…
él no la reconoció.
No físicamente.
Algo más profundo.
—…los vi…
—Lo sé.
—No… no como antes…
Una pausa.
—Ahora… me ven ellos a mí.
Silencio.
Frío.
—¿Qué significa eso?
Iris dudó.
—Significa que ya no soy solo la puerta…
Levantó la mano.
Temblando.
El aire alrededor… vibró.
—Soy… el camino.
Tai apretó la mandíbula.
—No.
—Sí.
—No voy a dejar que eso pase.
Iris lo miró.
Triste.
—No depende de vos.
Silencio.
Pesado.
Un pulso.
Lejano.
Pero claro.
No de la grieta.
No de la entidad.
Algo humano.
Pero peor.
—EON… —murmuró Tai.
—Sí.
Iris cerró los ojos.
—Vienen.
—Siempre vienen.
—No…
Los abrió.
—Esta vez… todos.
El cielo se iluminó.
No natural.
Artificial.
Decenas de naves.
Silenciosas.
Oscuras.
Rodeando la zona.
—Bueno… —dijo Iris, sin humor—. eso es nuevo.
Tai la ayudó a levantarse.
—No vinieron a negociar.
—No.
—Ni a probar.
—No.
Silencio.
—Vinieron a terminarlo.
Las naves descendieron.
Formando un perímetro perfecto.
Sin errores.
Sin huecos.
EON no estaba improvisando.
—Esto es una jaula —dijo Tai.
—Para vos.
—Para nosotros.
Un pulso atravesó el aire.
Y esta vez…
no fue ataque.
Fue inhibición.
La energía de Tai… titubeó.
—…
—¿Lo sentís? —preguntó Iris.
—Sí.
—Te están limitando.
Tai apretó los dientes.
—No por mucho.
—No necesitan mucho.
Silencio.
Una figura apareció.
No descendió.
No cayó.
Simplemente…
se materializó.
Frente a ellos.
El Director.
Mismo traje.
Mismos ojos.
Vacíos.
Pero ahora…
interesados.
—Finalmente —dijo.
Su voz era suave.
Controlada.
—Los dos en el mismo lugar.
Tai dio un paso adelante.
—Te voy a matar.
El Director sonrió apenas.
—No.
Una pausa.
—No hoy.
Iris lo observó.
Y algo dentro suyo reaccionó.
—…vos…
El Director la miró.
—Hola, Iris.
Silencio.
—Creciste.
Tai tensó el cuerpo.
—No la mires.
—Tranquilo —respondió el Director—. ya la conozco.
Iris retrocedió un paso.
—Vos… estabas ahí…
—Siempre estuve.
Una pausa.
—Desde antes de que entendieras qué eras.
El aire se volvió pesado.
—¿Qué me hiciste? —preguntó ella.
El Director inclinó la cabeza.
—Nada que no estuviera ya en vos.
—Mentís.
—No.
Silencio.
—Vos naciste para esto.
Tai avanzó.
Oscuridad activándose.
—Cerrá la boca.
El Director ni se movió.
—Frecuencia Cero.
Lo miró directo.
—El primer éxito.
—El primer error —corrigió Tai.
—Eso depende del resultado.
Un gesto mínimo.
Y todo el perímetro se activó.
Campos de energía.
Armas.
Herederos.
Muchos.
Demasiados.
—No podés pelear contra esto —dijo el Director.
—No necesito hacerlo.
—Sí.
Una pausa.
—Porque no vinimos por vos.
Silencio.
—Vinimos por ella.
Iris dio un paso atrás.
Instinto.
—No me voy a ir con vos.
El Director la observó.
—No es una invitación.
Los Herederos avanzaron.
Vector.
Titán.
Y otros.
Distintos.
Peores.
—Tai… —susurró Iris.
—No te separes.
—No puedo.
—Entonces no te caigas.
El Director levantó la mano.
—Captura.
Y el mundo explotó.
Vector atacó primero.
Cortes imposibles.
Tai los bloqueó.
Pero ahora…
eran demasiados.
Titán impactó desde el lado.
Lo lanzó contra el suelo.
Otro Heredero apareció.
Distorsión térmica.
Quemando el aire.
—¡TAI!
Iris intentó acercarse.
Error.
Dos agentes la interceptaron.
Campos de contención.
—¡SOLTAME!
Su cuerpo vibró.
La frecuencia reaccionó.
El campo falló.
Por un segundo.
Suficiente.
Los agentes retrocedieron.
—Inestabilidad creciente —dijo uno.
Tai se levantó.
Sangrando.
Pero de pie.
—No…
La oscuridad explotó.
Pero el campo de EON la comprimió.
—Te están limitando —gritó Iris.
—Lo sé.
—¡No podés solo!
—Nunca pude.
Silencio.
—Pero no me detuvo.
Se lanzó.
Contra todos.
Contra todo.
La pelea ya no era controlada.
Era guerra.
Cada golpe rompía algo.
Pero no alcanzaba.
—¡TAI!
Iris gritó.
Y esta vez…
no se contuvo.
La frecuencia salió de ella.
Violenta.
Pura.
El aire colapsó.
Los Herederos se detuvieron.
Por un segundo.
El Director sonrió.
—Ahí está.
Tai sintió el cambio.
—No… Iris, no…
—No puedo parar…
Su cuerpo brillaba.
Pero no luz.
Algo más.
—…me están llamando…
El cielo respondió.
Las naves vibraron.
—Conexión iniciada —dijo una voz.
—NO —gritó Tai.
Se lanzó hacia ella.
Pero Vector lo interceptó.
Corte.
Profundo.
Lo frenó.
—No.
Iris levitó.
No por voluntad.
Por atracción.
—…Tai…
Lo miró.
—…lo siento…
—No.
—…no puedo cerrar esto sola…
Silencio.
—Entonces no lo hagas —dijo él.
—…tenés que ayudarme…
El mundo tembló.
Otra vez.
La grieta…
no se abrió.
Se sintió.
Más grande.
Más cerca.
—…ahora… —susurró Iris.
—¡NO!
Tai rompió el bloqueo.
Apareció frente a ella.
La agarró.
—Escuchame.
Sus ojos.
Directos.
Humanos.
—No sos una puerta.
Silencio.
—Sos vos.
—…no alcanza…
—Tiene que alcanzar.
El Director observaba.
—Momento crítico.
Una pausa.
—Veamos qué elige.
Tai apretó los dientes.
Y decidió.
—Entonces lo hago yo.
—¿Qué?
—Cierro todo.
—¡Tai, no!
—No te voy a perder.
Silencio.
—Aunque tenga que desaparecer.
La oscuridad explotó.
Pero esta vez…
no era control.
Era sacrificio.
El mundo empezó a apagarse.
Otra vez.
Y Iris…
entendió.
—No…
—Sí.
—¡TAI!
El cielo se quebró.
El aire murió.
Y la realidad…
empezó a colapsar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.